«Podrán pensar que sois la que ponéis el café, pero confiad en vuestro talento»: la UIB inspira a las científicas del mañana en el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia
Más de 130 estudiantes de Secundaria asisten a la mesa redonda impartida en el CEIPIESO Gabriel Vallseca de Palma para romper la brecha de género y reivindicar el liderazgo femenino en las carreras técnicas

Manu Mielniezuk

El silencio habitual de los pasillos del CEIPIESO Gabriel Vallseca de Palma se transformó este miércoles, 11 de febrero, en un murmullo vibrante de expectativas. Más de 130 estudiantes de Secundaria se congregaron en el centro escolar para asistir a la mesa redonda 11F: Si ellos lo pueden hacer, tú también puedes hacerlo, una iniciativa de la Unitat de Divulgació i Cultura Científica (UDCC) de la Universitat de les Illes Balears (UIB) en colaboración con la Escuela Politécnica Superior. El objetivo no era solo conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, sino demoler, con la experiencia de cinco científicas, ese muro invisible que todavía hoy aleja a muchas jóvenes de las carreras técnicas y matemáticas.
La periodista Mar Ferragut -hasta hace poco redactora de este rotativo y ahora integrante de la UDCC- fue la encargada de moderar el encuentro, que abrió recordando que, hasta hace apenas unas décadas, la universidad era un territorio hostil para las mujeres. A pesar de los avances, persisten «desiertos femeninos» en facultades donde el código y el cálculo mandan. El mensaje para las adolescentes presentes fue directo: «Todo el mundo lo puede hacer si está dispuesto a luchar por ello».
Uno de los momentos clave del encuentro llegó de la mano de Yamile Díaz Torres, doctora en Ingeniería Industrial. Con la firmeza de quien ha desarrollado su carrera en Cuba, Angola y España, relató cómo el sesgo de género sigue apareciendo en las salas de reuniones. «Entras en un colectivo masculino y piensan que eres la que va a tomar las notas o poner el café, pero luego ven que la que maneja la reunión eres tú», explicó. Su consejo fue la piedra angular de esta cita: «No os veáis disminuidas por ser mujeres, confiad en vuestro talento y vuestros números. Confiad en vuestros resultados».
Marta Pons Nieto, ingeniera industrial y en breve directora del Instituto Balear de la Energía, secundó esta visión con una anécdota personal sobre cómo el prejuicio se disfraza de tareas cotidianas. Recordó que, en ocasiones, algunos pensaban que ella era «la encargada de hacer los post de Instagram», pero su respuesta siempre fue la misma: ejercer su autoridad técnica y corregirles con datos. Esta resistencia ante el estereotipo es, según las ponentes, una herramienta tan necesaria como el propio conocimiento técnico.
La radiografía de una desigualdad en cifras
Para entender la magnitud del reto, los datos de matriculación en la UIB ofrecen una imagen de la brecha actual. Mientras que grados como Edificación presentan una ratio del 41,1% de mujeres, otras áreas técnicas muestran un panorama mucho más masculinizado. En el Grado de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática, por ejemplo, apenas hay 46 mujeres frente a 277 hombres, lo que representa un exiguo 14,2%.
Esta tendencia se repite en el Grado de Ingeniería Informática, donde la presencia femenina es de tan solo el 14,4% (81 mujeres frente a 481 hombres). En el ámbito de las matemáticas, aunque las cifras mejoran ligeramente con un 32,5% de alumnas en el grado estándar, la cifra cae drásticamente en las dobles titulaciones, situándose entre el 14,8% y el 17,9%. En el cómputo global de estas carreras técnicas, las mujeres apenas representan el 22% del alumnado total, con solo 362 matriculadas frente a 1.285 hombres.
Entre el hábito y la duda
La mesa sentó frente a los alumnos a perfiles de excelencia: Irene María García (Matemáticas), Maria Montserrat Barceló (Informática), Maria Frontera Berga (Electrónica), junto a las citadas Yamile Díaz y Marta Pons. A pesar de sus éxitos, todas coincidieron en que el camino no es una línea recta de certezas. Frontera fue muy clara al recordar sus inicios: «El primer día de carrera aún tenía dudas de si me había equivocado o no; es lo más normal».
Esa vulnerabilidad humanizó a las científicas ante un auditorio donde solo unas ocho jóvenes levantaron la mano al ser preguntadas si les gustaban las matemáticas. Díaz insistió en que la clave no es una iluminación divina, sino el hábito: recordó cómo sus padres la hacían estudiar dos horas diarias desde la ESO. «El estudio no cesa, el conocimiento es un saco sin fondo», afirmó al señalar que todavía hoy, con 44 años y un doctorado, sigue estudiando cada día porque la ciencia nunca se detiene.
García Mosquera defendió las matemáticas como un ejercicio de "libertad creativa", lejos de la visión mecánica de los libros de texto. «Las matemáticas te permiten imaginar realidades distintas», explicó con pasión. Su advertencia a los alumnos fue tan realista como motivadora: «Las matemáticas no las podréis evitar, os van a alcanzar, así que disfrutadlas. El que sabe de matemáticas va a poder estudiar lo que quiera».
Por su parte, Barceló quiso desmentir el estereotipo que rodea a la Informática, esa idea de que solo personas «frikis» o solitarias se dedican al código. Como profesora, enseña a crear aplicaciones que resuelven problemas reales, demostrando que la tecnología es, ante todo, una herramienta social. Pons añadió que a menudo se cree que la Ingeniería está lejos de lo humano, cuando en realidad «ayuda a que los móviles sean mejores o decide cuántas renovables se necesitan».

Más de 130 estudiantes de Secundaria asistieron al encuentro de científicas. / Manu Mielniezuk
Referentes: de la abuela matemática a la ingeniería del detalle
La importancia de los modelos a seguir fue otro de los ejes del debate. Frontera emocionó al hablar de su abuela, que hace décadas se fue a Barcelona a estudiar Matemáticas cuando apenas eran dos o tres mujeres en clase. «En mi promoción éramos seis; el tema sigue siendo delicado», lamentó, señalando que la falta de referentes hace que las mujeres se planteen menos estas opciones.
Díaz recordó que, en cuando se piensa en la mecánica, el estereotipo es el de un hombre sucio de grasa bajo un coche, pero reivindicó el papel del diseño: «Si no se diseña bien, lo demás ya no importa». Para ella, la capacidad femenina para fijarse en el detalle es una ventaja competitiva en el mundo de la creación y el análisis de sistemas complejos.
Ante la pregunta de los estudiantes sobre si alguna vez habían pensado en dejar la carrera, la respuesta fue unánime: «¡Sí!». García comparó la carrera con la resolución de un problema matemático: «Uno todos los días piensa en irse, pero la cosa es perseverar. No hay que tener miedo a quedar mal, todos nos hemos equivocado». Barceló, por su parte, animó a las jóvenes a buscar apoyo en redes como FeimCodi para resolver dudas y no sentirse solas en el camino.
El éxito, según las ponentes, no es una meta fija, sino un proceso de aprendizaje continuo donde la confianza en una misma es el combustible principal para superar los momentos de flaqueza y los comentarios escépticos de terceros.
El futuro en manos de Rania, Emily y Kadi
Fuera del escenario, la esencia del 11F se personificaba en las alumnas que ayudaron a organizar el evento. Rania, Emily, Kadi, Romaisa y Coral, de Primero de la ESO, compartieron con este diario sus propias ambiciones. Aunque sus intereses actuales orbitan alrededor de la Medicina y la Enfermería —movidas por el deseo de «ayudar a la gente»—, su participación en esta jornada feminista es el primer paso para entender que cualquier campo científico les pertenece.
«Siento que vale la pena pasar la noche en vela para poder ayudar a la gente», comentaba una de las jóvenes, reflejando ese compromiso que también define a las investigadoras que este miércoles celebraban su día en el campus de la UIB, en el INAGEA o a través de pódcast sobre mujeres silenciadas. La crónica de este 11 de febrero termina con una certeza: el talento no tiene género, y aunque algunos sigan esperando que ellas sirvan el café, cada vez serán más las que manejen las reuniones, como bien ha relatado Díaz.
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