A por los 40 millones de turistas

Turistas en el centro de Palma / Manu Mielniezuk
En Mallorca es de mala educación preguntar cuántos turistas quieres. Las cifras anuales de visitantes del espacio exterior se contemplan con absoluta frialdad, como si no se estuviera hablando de la industria más contaminante del planeta, y la más tóxica para los nativos. Pese a la consideración mallorquina del turismo como un fenómeno natural inmanejable, las cifras de 2025 merecen una consideración histórica. Veinte millones de residentes ocasionales, otro récord planetario.
La friolera de 55 mil viajeros ociosos cada día sin dejarse ni uno se contempla con la frialdad exigida por la industria, con su lema «ni un turista menos». Nadie se escandaliza. Hay 180 países en el mundo con un tráfico turístico inferior a Balears, algunos de ellos con el tamaño de Brasil, Canadá, China, India, Argentina o Rusia. Detalles, lo importante es multiplicar la capacidad de la ganadería intensiva.
Una vez escalado, el pico de los veinte millones suena a poco. Hay que imponerse metas ambiciosas, como alcanzar los cuarenta millones de turistas. De aquí a 2040, sin prisa pero sin pausa. Puede que caigan por su propio peso, basta con no entorpecer la destrucción acelerada del archipiélago. Verbigracia, el Consell de Mallorca ni siquiera sabe cómo abordar la limitación de vehículos ¡en una isla!, que solo necesita bloquear las vías de acceso marítimas de vehículos.
Este es el espíritu, con el derrotismo de los que husmean saturación a cada metro cuadrado no se alcanzarían nunca los cuarenta millones. Ahora mismo, los indígenas mallorquines sufren a uno de cada cinco turistas que recalan en todo el Estado, pese a que el archipiélago cubre un territorio cien veces inferior al español. Soporta veinte veces más que la media. En proporción, la potencia turística de España debería acoger a dos mil millones de visitantes ociosos.
Cuarenta millones son una cifra ambiciosa, suerte que la Junta Hotelera se ha reproducido en una Junta Alquilera que utiliza los mismos métodos de abroncar y adoctrinar a los insoportables nativos. Si fuera por los poco combativos residentes, no se hubieran alcanzado ni los veinte millones ya coronados.
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