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Lletra menuda

No queda política sin burka en el Parlament

Una mujer con burka acude a hacer la compra.

Una mujer con burka acude a hacer la compra. / EFE

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Resulta complicado dirimir si hay mucha diferencia entre el burka denigrante y la actitud que mantienen los grupos políticos del Parlament y que a su vez sirve de exponente, una vez más, del constante antifaz que se ponen Govern y oposición ante las crudas realidades que aquejan a Balears. Estrenar un nuevo periodo de sesiones rasgándose la superficialidad de un debate sobre una vestimenta con la que sus señorías tapan una problemática mayor, no infunde buen ánimo ni esperanzas de multiculturalidad integradora, sobre todo si se hace inmediatamente después de despotricar contra la regularización de inmigrantes y la acogida de menores no acompañados. El Consolat de Mar se consolida como departamento de solicitudes al non grato Pedro Sánchez. Ayer, que derogue el reparto de menores y mantenga a los trabajadores necesarios en negro. Hoy, que libere las «cárceles de tela» descubiertas por el PP y que el Vox excluyente eleva a la condición de uniforme «terrorista».

El burka es una exageración de integrismo religioso, denigrante y anulador de personalidad no asumible bajo pretexto de culturas retrogradas. Escribir una sola palabra más sobre esta cuestión es reincidir en la evidencia de que toda mujer tiene derecho y necesidad de mostrar la cara a la sociedad en la que se integra. De igual modo, sus congéneres deben poder confraternizar con ella desde el reconocimiento.

Que el Parlament de la bronca perenne y el argumento casi siempre banal, no haya sido capaz de fijar una postura común sobre una cuestión tan básica, significa que en sus escaños se sientan señorías provistas de un burka inmaterial, pero más aislante, que les impide saber de inmigración, falta de vivienda, demanda laboral, saturación viaria y tantas cosas más.

Tampoco se trata de abrir el campeonato parlamentario de «racismo» e «islamofobia» que entrenan PSIB, Més y Podemos. Basta con un mínimo de consenso, dignidad, sentido común y respeto a la ciudadanía exigibles por igual a izquierda y derecha. El burka que lo tapa todo ha desnudado al Parlament. La estética resultante no es especialmente atractiva.

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