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Consumo

La suspensión de Sant Sebastià pasa una alta factura a bares y restaurantes y agrava el mal enero de viento y lluvia

Comercio y restauración afrontan un febrero y marzo de "supervivencia" a la espera de la reactivación de Semana Santa

Temor empresarial a que la temporada turística de este año comience con mayor debilidad que en 2025

La suspensión de las fiestas de Sant Sebastià, sumada al viendo y la lluvia de las ultimas semanas, ha pasado factura a la restauración.

La suspensión de las fiestas de Sant Sebastià, sumada al viendo y la lluvia de las ultimas semanas, ha pasado factura a la restauración. / Ana B. Muñoz

Fernando Guijarro

Fernando Guijarro

Palma

«Los dos próximos meses son de supervivencia», señala la presidenta de la patronal de comercio Afedeco, Joana Manresa, que se agravan por unos resultados durante las últimas semanas se han visto deteriorados por una meteorología de viento y lluvia y con una factura que muchos bares y restaurantes de Palma han pagado muy alta, como es la derivada de la suspensión de las fiestas de Sant Sebastià, según añade el vicepresidente de Restauración-CAEB, Alfonso Robledo. Y a ello el presidente de PIMEM, Jordi Mora, añade el temor a que con la llegada de la Semana Santa se inicie una temporada turística más débil que la de los últimos años.

Las últimas semanas de enero y los meses de febrero y marzo, hasta la celebración de la Semana Santa, se caracterizan por ser el periodo de mayor debilidad económica de Mallorca, según coinciden los representantes de las organizaciones empresariales, pero en esta ocasión se afrontan con especial preocupación debido a que si bien la temporada turística de 2025 permitió mejorar las reservas financieras de la mayoría de los negocios, la entrada en 2026 ha presentado un deterioro muy superior al esperado.

Alfonso Robledo, vicepresidente de Restauración-CAEB

Alfonso Robledo, vicepresidente de Restauración-CAEB / B. Ramón

El caso de Sant Sebastià

Alfonso Robledo subraya que la restauración mallorquina llega «tocada» a esta fase de baja actividad. «La lluvia y el viendo han vaciado las calles y no ha habido nadie en las terrazas», lamenta, algo que en el caso de Palma ha tenido como puntilla la suspensión de las fiestas de Sant Sebastià, una decisión que no duda en calificar de «terrible» para muchos establecimientos del centro de la ciudad que durante esas fechas ‘recargan pilas’ para iniciar la senda desértica de febrero y marzo. «Se ha dejado de ganar mucho dinero, y en general para el sector este enero ha sido uno de los peores de los últimos años», reconoce el vicepresidente de Restauración-CAEB.

Eso explica el deseo de que la próxima temporada empiece y quede superado el periodo que ahora se abre. «Por lo que vimos en Fitur, 2026 puede ser parecido a 2025 en número de visitantes, pero lo que no sabemos es con cuánto dinero vendrán».

Joana Manresa coincide en que el sector comercial entra en febrero «con lo justito» para superar los próximos meses, y vaticina un goteo de cierre de establecimientos como el que se ha mantenido durante los últimos meses.

Joana Manresa, presidenta de Afedeco

Joana Manresa, presidenta de Afedeco / B. Ramón

De cara a febrero, apunta que al menos en zonas como Palma la estacionalidad turística se va reduciendo, pero insiste en que con carácter general en la isla el nivel de consumo se ve reducido de forma apreciable tras la inevitable «cuesta de enero», un periodo que se hace especialmente duro en la part forana.

En este aspecto, desde ambos sectores se lleva tiempo insistiendo en que el ‘efecto botella de champagne’ que se generó al salir de la pandemia, con altos niveles de consumo, está ya agotado, y que además es apreciable el empobrecimiento que el encarecimiento de la vivienda, y en concreto de los alquileres, está provocando entre la población residente.

En cualquier caso, Manresa hace un llamamiento para no caer en el pesimismo y esperar que con la llegada de la Semana Santa se inicie una fase de reactivación del consumo, al incorporar de nuevo un mayor gasto turístico.

Sin embargo, Jordi Mora apunta que las incertidumbres que se abren para 2026 hacen que exista preocupación en el sector empresarial, especialmente si se tiene en cuanta que aunque el verano de 2025 fue bueno, a medida que se fue cerrando el pasado año se comenzó a apreciar una desaceleración de la actividad económica. «La temporada turística fue positiva, pero nos hemos encontrado con un noviembre, diciembre y enero más flojos que los de los ejercicios anteriores», lo que ha provocado que a la hora de hacer frente a la ‘travesía por el desierto’ de febrero y marzo, la «cantimplora tenga menos agua» que en anteriores ocasiones.

En este aspecto, el presidente de PIMEM coincide con la apreciación de las anteriores asociaciones sectoriales de que la fase de elevados niveles de consumo que sucedió a la covid, y que tuvo al sector de bares y restaurantes entre los principales beneficiados, ya está agotada, y señala igualmente como causas el encarecimiento de la vivienda y una inflación que sigue siendo relativamente elevada.

Jordi Mora, presidente de PIMEM

Jordi Mora, presidente de PIMEM / B. Ramón

El problema, apunta Mora, no radica en que «un periodo tradicionalmente malo, como el que se abre ahora, vuelva a ser malo, sino en que nos falle otro que teóricamente debería de ser bueno», como el que se inicia con la Semana Santa.

Una Mallorca cara

Ahí radica la preocupación de los responsables de esta patronal, y en este aspecto su presidente subraya algunos comentarios realizados por representantes empresariales alemanes, en el sentido de que Mallorca se ha vuelto cara incluso para ellos, y que aunque se mantiene el deseo de visitar la isla, la duración de las estancias tiende a rebajarse.

Jordi Mora advierte de la necesidad de replantearse las políticas de precios que algunos sectores han mantenido durante los últimos años. En este sentido, hay que insistir en que tanto el comercio como la restauración llevan tiempo lamentando que las subidas que los hoteleros han venido aplicando durante los últimos años en sus tarifas estaban recortando el margen de gasto que el turismo hace en otras actividades.

Pero además hace hincapié en la preocupación que las incertidumbres que se han generado en el ámbito internacional pueden suponer para una economía turística como la balear, con las políticas que se impulsan desde Estados Unidos y la situación de la economía germana como algunos de los aspectos más preocupantes.

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