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Baleares impulsará espacios libres de móviles y formación para familias ante el uso precoz de pantallas en menores de 6 años

Un estudio de la UIB con casi 9.000 familias revela que el 91,6% percibe un abuso de los dispositivos en la primera infancia y el 86% demanda pautas para gestionar el uso de la tecnología en el hogar

Una niña se dispone a utilizar una tablet.

Una niña se dispone a utilizar una tablet. / EFE

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

El uso de dispositivos digitales se ha integrado de forma masiva en la rutina de los niños y niñas de 0 a 6 años en Baleares, a menudo antes incluso de que cumplan su primer año de vida. Esta es una de las conclusiones principales del Análisis del uso de las pantallas en niños y niñas de 0 a 6 años, un estudio encargado por la Conselleria de Educación y Universidades a la Universitat de les Illes Balears (UIB) y presentado este lunes. La investigación arroja luz sobre cómo la tecnología está mediando en la crianza y el desarrollo infantil.

Como respuesta directa a los resultados del informe, se ha anunciado la creación de "espacios libres de móviles" en todas las dependencias de la Administración pública a las que acceden niños de esta etapa, incluyendo centros de salud, escoletes y centros de atención a familias. Junto a esta medida, la planificación de cara al próximo curso escolar incluirá programas de formación específicos para familias, con el objetivo de ofrecer herramientas prácticas que ayuden a gestionar el consumo digital en el hogar y reducir la exposición temprana.

El estudio, liderado por los investigadores Tomeu Mut y Sebastià Verger del grupo GREID de la UIB, se basa en una muestra cuantitativa de 8.891 cuestionarios respondidos por familias a través del sistema Gestib. Los datos reflejan una realidad de alta conectividad: el 95,8% de los hogares tiene acceso a internet y el 94,9% dispone de teléfonos inteligentes. El informe constata que muchos menores interactúan con pantallas antes de los doce meses, una etapa en la que los expertos recomiendan evitar por completo este tipo de estímulos.

Antoni Vera tras la presentación del estudio de la UIB.

Antoni Vera tras la presentación del estudio de la UIB. / CAIB

La investigación identifica que las pantallas están presentes en momentos críticos del día a día, como las comidas, los instantes previos al sueño o antes de ir a la escuela. El uso del dispositivo se vincula mayoritariamente al entretenimiento, pero los grupos de discusión cualitativos han revelado que las familias y profesionales a menudo recurren al móvil como una estrategia de regulación para calmar a los niños o gestionar situaciones de frustración. A pesar de este hábito, el 91,6% de las familias participantes percibe que existe un uso excesivo generalizado en la infancia balear.

Consecuencias detectadas por los profesionales

El análisis de la UIB no se ha limitado a las encuestas, sino que ha contado con la participación de 95 profesionales de sectores clave como la pediatría, la enfermería, la educación infantil y el trabajo social. En estos grupos de debate, un total de 15, el consenso sobre los riesgos del abuso digital es amplio. Los expertos asocian la exposición excesiva a una serie de alteraciones en el desarrollo que ya perciben en su práctica diaria, destacando los retrasos en el lenguaje, los déficits de atención y los problemas de regulación emocional.

Además de estos impactos cognitivos, el informe señala alteraciones en el sueño y en los hábitos alimentarios de los menores. Según los investigadores, este fenómeno no debe tratarse como un asunto meramente tecnológico, sino como un reto de salud pública y educación. La etapa de 0 a 6 años es considerada una de las más sensibles del desarrollo humano, donde el aprendizaje se basa en la interacción directa con el entorno y las personas, una dinámica que puede verse interrumpida por el consumo pasivo de contenidos digitales.

Prevención

Ante estas evidencias, la estrategia institucional se centrará en dos ejes, según ha explicado el conseller, Antoni Vera: la señalización de espacios públicos y la capacitación de los progenitores. La campaña de sensibilización, que "se desplegará en los próximos meses", busca que los entornos donde el niño es protagonista —como los centros de salud o educativos— sean zonas de desconexión. El fin es concienciar a los adultos sobre su papel como modelos de conducta, "ya que el comportamiento de los padres y madres es el principal referente para los menores", ha destacado Mut.

El 86,6% de las familias reclama orientación para gestionar el uso de las pantallas

Por otro lado, la formación para familias responde a una demanda detectada en el propio estudio, donde un 86,6% de los encuestados reclama orientación para gestionar el uso de las pantallas. Estos programas formativos pretenden dar respuesta a la dificultad real que encuentran los hogares para establecer límites en un mundo hiperconectado. Se busca pasar de un modelo de 'chupete digital' a un bienestar digital colectivo, donde se prioricen alternativas de ocio y se respete la madurez de cada etapa del crecimiento.

Tomey Mut, investigador del grupo GREID de la UIB y uno de los responsables del estudio presentado este lunes.

Tomey Mut, investigador del grupo GREID de la UIB y uno de los responsables del estudio presentado este lunes. / CAIB

Coherencia institucional y social

El estudio concluye que el bienestar infantil en la era digital es una responsabilidad compartida. Las medidas anunciadas este lunes complementan la regulación ya existente en los centros educativos de Baleares, donde el uso de móviles está prohibido y el currículo limita la presencia de pantallas en los primeros añosde primaria. La intención es que estas políticas de prevención se extiendan más allá de las aulas, llegando a la esfera familiar y social.

El investigador Tomeu Mut ha recordado durante la presentación que, si bien el estudio presenta algunas limitaciones —como un perfil de respuesta mayoritariamente de clase media-alta—, la preocupación es transversal. La meta final de estas acciones es evitar que las problemáticas digitales que suelen eclosionar en la adolescencia tengan su raíz en una falta de regulación durante la primera infancia, sembrando ahora los cimientos para un uso más equilibrado y saludable de la tecnología en el futuro.

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