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Un técnico, sobre el criadero ilegal de tortugas de Mallorca: “Nos encontramos catorce de las cincuenta especies más amenazadas del mundo”

“No eran animales que ves habitualmente; había un montón de especies protegidas, muchas las desconocíamos”, reconoce otra especialista de Natura Parc en el juicio en la Audiencia de Palma

“Los certificados CITES ofrecían dudas; había documentos raídos, deteriorados, faltaban anexos; esto no suele ser habitual”, asegura un inspector de Barcelona

Una tortuga hallada en la finca de Llucmajor que fue inspeccionada por la Guardia Civil.

Una tortuga hallada en la finca de Llucmajor que fue inspeccionada por la Guardia Civil. / MZE

B. Palau

B. Palau

Palma

Nos encontramos catorce de las cincuenta especies más amenazadas del mundo. No eran simples tortugas, tenían un valor de conservación muy importante”, aseguró ayer un técnico de la Fundación Natura Parc en el juicio en la Audiencia de Palma por el presunto criadero ilegal de tortugas desmantelado a finales de junio de 2018 en una finca de Llucmajor. Los supuestos responsables de la instalación están acusados de un delito contra la fauna en su modalidad de posesión y tráfico de especies protegidas, contrabando y blanqueo de capitales. Se trata de una pareja alemana para quien la fiscalía solicita sendas condenas de cinco años y medio de prisión y multas de más de un millón y medio de euros.

Un tercer sospechoso, un intermediario español con una tienda de reptiles en Barcelona, se enfrenta a una petición de pena de dos años de cárcel por presuntamente participar en la compraventa de especímenes protegidos.

El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil se incautó en junio y julio de 2018 en la finca de Llucmajor de más de mil tortugas de 70 especies, todas ellas amparadas en el Convenio CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). Los quelonios fueron depositados en Natura Parc. “Yo participé en el traslado de los animales de un sitio a otro. Primero, se identificaban, se fotografiaban y se marcaban las cubetas; se encargaba el Seprona”, manifestó ayer un técnico de Natura Parc ante el tribunal de la Sección Primera.

A día de hoy sigue habiendo tortugas en el centro”, recordó el especialista. “Creo que se le devolvieron ejemplares al acusado dos veces”, añadió. Con posterioridad, se reubicaron especímenes en centros de la península. Según la versión del testigo, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico remitió ejemplares a zoológicos.

“Natura Parc es centro CITES desde 2002. Cuando las tortugas llegaron allí, se encontraban bien. En principio, estaban en buen estado desde fuera. No recuerdo cuántas han fallecido y cuántas aún viven”, señaló el técnico.

Lista roja

“Ahora, todos los animales están identificados, tienen chip. Cuando llegaron al centro, investigamos, buscamos información, fuimos a la lista roja y ya marcaba esas especies como muy amenazadas”, destacó el testigo.

Su compañera de Natura Parc lo corroboró: “Había un montón de especies protegidas, con diferentes grados de protección. No eran tortugas que ves habitualmente, muchas especies las desconocíamos. Tuvimos mucho trabajo para verificar qué especies eran”.

La técnica apuntó que se hallaban en buen estado. “La mayoría eran acuáticas o de río y estaban en sus tanques con agua. Encontramos también muchos huevos en incubadora. Muchas estaban criando. Por tanto, tenían que tener buenas condiciones para criar”, explicó ante la Sala durante la quinta sesión de la vista oral.

“Un cambio de ambiente influye en todos los animales. Causa un estrés mayor o menor. Yo fui identificando ejemplares con el inspector CITES de Madrid”, recordó la testigo.

Por su parte, un técnico de la conselleria de Agricultura indicó que las instalaciones donde se hallaban depositadas las tortugas incautadas en Natura Parc “eran correctas”, teniendo en cuenta el número de ejemplares intervenidos y que se intentó que tuvieran las mismas condiciones que la finca de Llucmajor. “En todas estas incautaciones masivas, puede haber un síndrome de inadaptación”, agregó.

Finalmente, un inspector CITES que participó en los registros en un domicilio y en la tienda del tercer acusado en Barcelona relató que en la casa de campo se encontraron varios ejemplares de tortuga. “Estaba todo en un estado de dejadez. Muchas de ellas estaban con caquexia, desnutridas y en mal estado sanitario”, subrayó.

“El propio acusado iba identificando y diciendo las especies, ya que es un experto en estos temas, y se iban corroborando luego. Había ejemplares CITES, algunos con el mayor grado de protección”, rememoró.

“Se intervino bastante documentación que luego los servicios centrales cotejaron. Los certificados CITES ofrecían dudas; había documentos raídos, deteriorados, faltaban anexos; esto no suele ser habitual”, aseguró el inspector de Barcelona.

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