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Inmigración de lujo como problema

Alemanes en la Playa de Palma

Alemanes en la Playa de Palma / Isaac Buj - Europa Press

Matías Vallés

Matías Vallés

El nuevo salto mortal de Sánchez, triple o nada, consiste en la regularización acelerada de medio millón de inmigrantes que serán un millón. El presidente del Gobierno no contradice las políticas conservadoras, sino la doctrina imperante de socialdemócratas daneses, alemanes o británicos, por citar algunos ejemplos. La política de puertas abiertas facilitará la arribada a La Moncloa de un PP renqueante y de un Vox desatado, aunque limitado por fortuna.

A escala local, Sánchez brinda argumentos al discurso redentorista de Marga Prohens, sintetizado en un populista «aquí no cabe todo el mundo». En efecto, todo el que trabaja para aumentar la población de Mallorca, también rema en contra de la isla. Acierta la presidenta en decretar que la inmigración es un lujo, sobre todo la inmigración de lujo ausente por definición de su discurso y de los quejidos de la izquierda declinante.

La proclama de «somos un país de precarios sin casa, hemos pasado de propietarios a jornaleros del alquiler, del desarrollo a la escasez, de la estabilidad a los tumbos, de los hogares para las familias a los pisos compartidos» no procede de un gritón de Podemos, sino literalmente de Carlos Hernández Quero, portavoz de Vivienda de Vox y socio preferente por tanto del Govern. Es un lamento perfectamente adaptable a Balears, con pisos a precio de Alemania para salarios ínfimos en relación a los centroeuropeos, salvo que PP/Vox apuestan aquí por precarizar a los nativos.

De ahí que la pelea de PP/Vox y PSOE sobre el ‘efecto llamada’ sea ficticia. El delegado del Gobierno apunta a la legalización de 10.800 migrantes de a pie, ¿por qué no 10.837? Dada la fiabilidad de Alfonso Rodríguez, la cifra se disparará fácilmente a los veinte mil. Manuel Pavón, el policía del Govern, ejecuta el trumpismo de ordenanza, pero tampoco aclara el enigma fundamental. Porque en una milagrosa reconciliación, la izquierda desfondada y los grandes empresarios bendicen la legalización de una mano de obra más fácil de pastorear que los trabajadores autóctonos de baja. La instalación de los inmigrantes de lujo requería un esfuerzo transversal.

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