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Medio ambiente

SWOT: el satélite que nos enseña a leer el pulso del océano

La investigadora del IMEDEA Ananda Pascual participa en una misión que permite captar con precisión inédita los movimientos intermedios del mar, clave para entender su papel en el clima global

Ananda Pascual y el equipo del IMEDEA.  | FOTOS DE ANANDA PASCUAL

Ananda Pascual y el equipo del IMEDEA. | FOTOS DE ANANDA PASCUAL

Blanca Gelabert

Blanca Gelabert

Palma

Cuando Ananda Pascual habla del océano no lo hace como de un fondo azul inmóvil, sino como de un sistema vivo, lleno de movimientos sutiles que determinan el clima y la vida en el planeta. Investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB), Pascual lleva años siguiendo ese pulso desde el espacio. Hoy, gracias a una nueva generación de satélites, ese latido empieza a verse con una claridad inédita.

El satélite se llama SWOT (Surface Water and Ocean Topography) y marca un antes y un después en la forma de observar el océano. No porque sea el primero que mide el nivel del mar, sino porque cambia radicalmente la escala y el detalle con el que podemos ver cómo se mueve el agua.

Además de esta nueva tecnología, es importante definir el concepto de altimetría: es la técnica que permite medir con gran precisión la altura de la superficie del mar desde satélites, a partir del tiempo que tarda una señal en rebotar entre el satélite y el océano.

El satélite SWOT.

El satélite SWOT.

De una línea a una imagen

Hasta ahora, los satélites altimétricos tradicionales medían la altura del mar siguiendo una línea estrecha justo bajo su órbita.

Esos datos han sido fundamentales para detectar la subida del nivel del mar y para describir grandes corrientes oceánicas. Pero dejaban fuera gran parte de la dinámica intermedia del océano: remolinos, filamentos y estructuras de decenas de kilómetros donde se concentra buena parte de la energía oceánica.

SWOT rompe esa limitación. No mide una línea, sino una franja bidimensional de unos 120 kilómetros de ancho en cada pasada, capaz de detectar diferencias de altura de apenas centímetros.

En la práctica, esto permite observar corrientes y remolinos a escalas de entre 15 y 150 kilómetros, justo donde ocurren muchos de los procesos clave que conectan el océano con la atmósfera.

Pascual lo resume de forma sencilla: por primera vez, la altimetría deja de ser un trazo y se convierte en una imagen.

En campañas de calibración se combinan datos de SWOT con boyas, gliders submarinos y mediciones directas en el mar.

En campañas de calibración se combinan datos de SWOT con boyas, gliders submarinos y mediciones directas en el mar.

Ver lo que antes era invisible

¿Por qué importa ver estructuras tan «pequeñas»? Porque esos remolinos y corrientes intermedias son los encargados de redistribuir calor, nutrientes y energía, influyendo tanto en los ecosistemas marinos como en la regulación del clima.

Durante años se sospechó su importancia, pero faltaban observaciones globales para cuantificar su papel real.

Los primeros resultados de SWOT confirman que no eran secundarios. Estudios recientes muestran que el satélite es capaz de detectar remolinos de apenas una decena de kilómetros, estructuras compactas pero muy energéticas que pueden alterar el transporte de calor a escala regional.

Esto tiene implicaciones directas para mejorar los modelos climáticos, que hasta ahora simplificaban o subestimaban estos procesos.

Un laboratorio natural

El entorno del mar Balear se ha convertido en uno de los escenarios clave para validar esta nueva forma de observar el océano.

Allí, equipos liderados desde IMEDEA han participado en campañas de calibración que combinan datos de SWOT con boyas, gliders submarinos y mediciones directas en el mar.

Un estudio reciente publicado en Remote Sensing muestra cómo los datos de SWOT permiten describir con mucho más detalle la estructura y evolución de un remolino frente a las costas de Mallorca. Comparado con la altimetría clásica, el nuevo satélite ofrece una representación más precisa de la altura de la superficie del mar, las velocidades de corriente y la energía asociada a estas estructuras.

Para Pascual, este tipo de trabajos ilustran bien el potencial de la misión: no se trata solo de ver más bonito, sino de entender mejor cómo funciona el sistema oceánico.

Un océano caliente

Esta nueva capacidad de observación llega en un momento crítico. El océano absorbe más del 90 % del exceso de calor generado por el cambio climático, y ese calor extra no se queda quieto. Cambia la estratificación del agua, modifica las corrientes y favorece fenómenos extremos.

En el Mediterráneo occidental, los datos muestran que la temperatura superficial ha aumentado de forma sostenida durante las últimas décadas, con episodios de calor marino extremo como los de 2003 o 2022.

Estudios recientes advierten además de que la forma en que detectamos estas olas de calor —según usemos referencias fijas o móviles— influye en cómo interpretamos su frecuencia e intensidad.

SWOT no mide directamente la temperatura, pero permite observar cómo ese calentamiento se traduce en cambios dinámicos, en la forma en que el océano redistribuye la energía acumulada.

Una ciencia colectiva

Detrás de SWOT no hay solo tecnología, sino décadas de trabajo coordinado. Pascual insiste en la idea de la comunidad altimétrica, una red internacional de científicos que ha conseguido medir el nivel del mar con precisión centimétrica desde más de 800 kilómetros de altura. Misiones como esta son posibles sólo gracias a esa cooperación sostenida entre agencias y equipos de distintos países.

Para Ananda Pascual, observar el océano no es un ejercicio técnico ni un lujo científico. Es una forma de anticipar cambios que ya están en marcha y que nos afectan directamente. El océano no entiende de fronteras, y sus transformaciones tampoco.

SWOT no resuelve por sí solo el desafío del cambio climático, pero sí nos da algo esencial: la capacidad de ver con claridad cómo está cambiando el corazón azul del planeta. Y entender ese pulso es un paso imprescindible para aprender a convivir con un océano que ya no late como antes.

Remolinos, clorofila y simulaciones: el ojo de SWOT en acción

Gracias a la misión SWOT, los científicos pueden observar remolinos costeros con un nivel de detalle sin precedentes. Para entender cómo estos remolinos afectan la vida marina, los investigadores usan imágenes de clorofila, que muestran la concentración de fitoplancton en la superficie del agua. Cuando el remolino gira, atrapa y mezcla agua con diferentes concentraciones de nutrientes y fitoplancton. Esto genera manchas visibles de clorofila en la superficie, que actúan como un marcador natural: donde hay clorofila concentrada, sabemos que el remolino está movilizando materia y energía biológica. Gracias a esta información, se puede visualizar cómo la dinámica física del océano afecta directamente a la distribución de organismos microscópicos, lo que a su vez tiene implicaciones en la productividad marina, la pesca y los ecosistemas costeros.

Ventajas del SWOT respecto a técnicas previas. Fuente: «Coastal Eddy Detection in the Balearic Sea: SWOT Capabilities», publicado en la revista Remote Sensing.

Ventajas del SWOT respecto a técnicas previas. Fuente: «Coastal Eddy Detection in the Balearic Sea: SWOT Capabilities», publicado en la revista Remote Sensing. / .

Paralelamente, los científicos realizan simulaciones Lagrangianas, siguiendo virtualmente partículas flotantes dentro del remolino para analizar cómo se mueven con las corrientes. Mientras que los datos de altimetría tradicional mostraban trayectorias dispersas y poco coherentes, los datos de SWOT revelan trayectorias compactas y consistentes. Esto demuestra que el remolino no solo mezcla el agua, sino que retiene y transporta materia de forma predecible, afectando cómo se redistribuyen nutrientes, sedimentos y organismos. Las simulaciones también permiten calcular la energía cinética del remolino, la vorticidad y otros indicadores de su intensidad y persistencia, información clave para mejorar los modelos de circulación y las predicciones climáticas.

Concentraciones de clorofila observadas con el satélite. Fuente: “Coastal Eddy Detection in the Balearic Sea: SWOT Capabilities”, publicado en la revista Remote Sensing.

Concentraciones de clorofila observadas con el satélite. Fuente: “Coastal Eddy Detection in the Balearic Sea: SWOT Capabilities”, publicado en la revista Remote Sensing. / .

La combinación de observaciones satelitales de alta resolución, clorofila y simulaciones Lagrangianas convierte a SWOT en una herramienta única: no solo permite ver lo que antes era invisible, sino también cuantificar cómo los remolinos costeros impactan la ecología, la circulación y el transporte de materia en el océano. Gracias a estas técnicas, los científicos pueden relacionar directamente los movimientos físicos del mar con los procesos biológicos y ecológicos que sustentan los ecosistemas costeros, ofreciendo una visión integrada de la dinámica marina que antes estaba fuera de alcance.

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