Combatir las embolias pulmonares: un equipo de radiólogos intervencionistas que operan sin abrir en Son Espases
En Son Espases se detectan hasta diez embolias pulmonares al día
Los radiólogos intervencionistas pueden tratar las más graves, unas dos o tres al mes, sin cirugía tradicional gracias a técnicas guiadas por imagen que permiten retirar o disolver el coágulo desde dentro del cuerpo

Parte del equipo de radiología intervencionista de Son Espases. / Irene R. Aguado

En las salas de radiología del hospital Son Espases, el paciente no entra en un quirófano al uso. Hay pantallas, arcos de rayos X y un equipo que trabaja mirando por dentro de los pacientes en tiempo real. La escena resume la esencia de la radiología vascular e intervencionista, una subespecialidad médica que, pese a llevar décadas desarrollándose, es poco conocida fuera del entorno sanitario. Y desde hace dos años ha dado un paso más para tratar la embolia pulmonar, una patología tan frecuente como peligrosa.
El pasado 16 de enero, Día Internacional de la Radiología Intervencionista, la unidad de Radiología de Son Espases, coordinada por Elena Usamentiaga, abrió sus puertas para explicar a qué se dedican estos especialistas. Hacen tratamientos guiados por imagen, con técnicas mínimamente invasivas, y en muchos casos evitan cirugías mayores. «Somos capaces de operar y curar sin abrir», afirma la radióloga intervencionista de Son Espases Gemma Sempere. El acceso suele ser un pequeño agujero por el que introducen una aguja o un catéter (un filamento fino) para llegar de forma selectiva al punto exacto que hay que tratar.

La radióloga intervencionista Gemma Sempere. / Irene R. Aguado
Trabajan en dos grandes frentes
La radiología intervencionista, explica Sempere, trabaja en dos grandes frentes. El primero es el vascular, con los vasos sanguíneos como ‘carreteras’ que llevan sangre a los órganos. Con catéteres pueden navegar por esas vías y actuar donde ocurre el problema. En una hemorragia interna, por ejemplo, localizar el punto exacto puede ser complejo y la cirugía puede obligar a intervenir de forma agresiva. «A veces es un pequeño punto que no para de sangrar», describe. En ese escenario, el equipo puede llegar al vaso concreto y cerrarlo con material específico, «como el pegamento biológico», controlando el sangrado sin abrir al paciente y sin perder un órgano.
En el extremo opuesto está el taponamiento de los vasos sanguíneos: trombosis, oclusiones o embolias. «La sangre no pasa y no llega a un sitio determinado», explica la radióloga. Si el problema afecta al cerebro, aparece el ictus; si se produce en una arteria del corazón o del pulmón, el impacto puede ser crítico. El planteamiento es el contrario al de una embolización: en lugar de cerrar, abrir. «Puedes aspirar el trombo y restablecer el flujo sin necesidad de operar», asegura.
Hasta diez pacientes al día con embolias pulmonares
La embolia pulmonar es una de las afecciones que trata esta subespecialidad. A Son Espases llegan entre cinco y diez pacientes al día con esta patología, según Sempere. No todos son graves, pero su prevalencia es alta y sus consecuencias, variables: puede pasar desapercibida o provocar falta de aire, sensación de ahogo e incluso una parada cardiorrespiratoria súbita. «Puede ser fatal», advierte.
Aunque el riesgo aumenta con la edad, esta afección también es frecuente en adultos jóvenes
Aunque el riesgo aumenta con la edad, comenta Sempere, también es muy frecuente en adultos jóvenes. La facultativa subraya que ven muchos casos de pacientes con 30, 40 o 50 años, y que existen factores que predisponen, como el embarazo en las mujeres, que favorece la coagulación. Pero insiste en una idea que preocupa especialmente al equipo: «Afecta también a gente sana, sin patologías previas, que llevaba una vida normal y de repente le cambia la vida».
Un protocolo específico
El cambio clave en Son Espases, según la radióloga, llegó en 2023 con la puesta en marcha de un protocolo específico para embolia pulmonar. «Antes del 2023, todos se trataban igual», resume. El objetivo ahora es discriminar, dentro de los diagnosticados, quién está evolucionando hacia escenarios de alto riesgo, con sobrecarga del corazón y riesgo de fracaso cardiocirculatorio.
El circuito arranca con la imagen. Ante la sospecha, se realiza un TAC que confirma o descarta la embolia. Si es positiva, se activa una estratificación con parámetros clínicos, hemodinámicos y analíticos para evaluar el impacto en el corazón. La mayoría se tratan de forma conservadora con anticoagulación (como la heparina), pero el foco está en detectar el grupo pequeño que necesita algo más, esos «dos o tres casos graves al mes», comenta la radióloga, que pueden empeorar rápido.
Más de 75 casos intervenidos
En Son Espases, el primer caso tratado con este enfoque fue en diciembre de 2023. Desde entonces, el equipo acumula más de 75 casos intervenidos. Sempere asegura que así los ingresos son más cortos y los pacientes se van de alta recuperados después de llegar con parámetros respiratorios y cardiacos comprometidos: «Actuar rápido mejora la supervivencia, sobre todo en los casos más extremos».
Cuando el protocolo identifica a un paciente de riesgo elevado, entra en juego la radiología intervencionista. El objetivo es aliviar la obstrucción que impide al corazón bombear con normalidad, liberar presión, recuperar flujo y evitar que el corazón se detenga o quede dañado de forma irreversible.
La intervención con estas técnicas es más rápida y, en muchos casos, con anestesia local
Destacan dos técnicas. La primera es la trombectomía por aspiración, que consiste en llegar con un catéter hasta el trombo y extraerlo. La segunda es la fibrinólisis guiada por ultrasonidos, en la que se administra un fármaco que disuelve el coágulo y potencia su efecto con energía de ultrasonidos para que penetre mejor y actúe más rápido. La elección depende del criterio del intervencionista y de las características del paciente. En ambos casos, el procedimiento se realiza con accesos pequeños, con anestesia local y el paciente despierto. La intervención puede estar hecha en una hora y la recuperación es más rápida.
Con todo, Sempere asegura que la radiología intervencionista es una opción que muchos pacientes desconocen y que puede cambiar el abordaje de hemorragias, trombos, infecciones o tumores sin pasar por cirugías agresivas. En el caso de la embolia pulmonar, el reto no es solo diagnosticarla, sino distinguir a los pacientes que pueden empeorar y actuar de forma precoz.
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