Ibiza
Residentes que abandonan Ibiza por la vivienda: "Pagaba 900 euros por una casa, ahora piden 900 por una habitación"
La vivienda se ha convertido en un problema que condiciona decisiones laborales, familiares y vitales

Una vista panorámica de la ciudad de Ibiza / Vicent Marí
Laura M. Expósito
Vivir en Ibiza se ha convertido para muchos en un equilibrio frágil: salarios que no suben al ritmo del alquiler, precios que se comen el día a día y una sensación de provisionalidad que marca cualquier plan de futuro. La vivienda se ha convertido en un problema que condiciona decisiones laborales, familiares y vitales. Diario de Ibiza ha recopilado experiencias de sus lectores a partir de una pregunta directa: “¿Alguna vez te has planteado irte de Ibiza por el tema de la vivienda? ¿A dónde te irías?”.
Las respuestas muestran que, en algunos casos, la marcha ya se produjo. “Hace ya 3 años que tuve que marcharme por lo insostenible de la situación”, comenta Lourdes. Hay quien se ha ido a la Península, quien ha decidido directamente salir de Ibiza y de España porque "está imposible" o quien ha optado por cambiar de isla. Edi explica que tras 20 años en Ibiza vive en Menorca desde 2021 y lo define como “todo un paraíso”.
"Imposible mantenerse dignamente"
En ese mapa de posibles destinos, Andalucía se repite con fuerza. Rosa explica que tras 40 años en Ibiza está en Andalucía mirando opciones. Cuenta que pudo ahorrar y comprar un piso en Ibiza —“lo tengo”—, pero reconoce que le gusta más la vida allí. Vicente, por su parte, asegura que ya dio el paso: “Yo ya me fui a Andalucía después de 44 años viviendo en Ibiza y todo por el tema de la vivienda”. Otros mensajes apuntan a volver a la tierra de origen, como Sevilla, o a ciudades donde hay red familiar.
Las comparaciones con otros mercados del alquiler aparecen una y otra vez. Tina, profesora, recuerda que durante la pandemia se marchó a Tenerife porque era “más barato para vivir”. Pero el regreso a Ibiza en 2022 supuso un golpe: “El alquiler de una habitación fue 900 euros al mes”. Desde entonces, relata, ha tenido que compartir pisos con desconocidos. “Soy profesora y siempre he podido pagar mi piso sola”, subraya, antes de anunciar que aguantará “otro año más” y volverá a “Tenerife norte”, donde podía vivir sola “como uno debe poder hacer con cierta edad”.
En muchas respuestas se repite la idea de que, sin contrato estable o sin propiedad, la permanencia en Ibiza tiene límites. Raúl lo formula así: “Si no te haces con un contrato largo o una propiedad, todos tenemos fecha de caducidad aquí”. A su juicio, con los sueldos actuales es “imposible” mantenerse “dignamente” si no se cuentan extras, y lanza una reflexión sobre la vejez: “Aquí una jubilación es una utopía”.
Francis enlaza vivienda y economía cotidiana. “En Ibiza se trabaja para pagar alquiler y con suerte te llega para la cesta de la compra”, sostiene. Si no queda margen, argumenta, se recorta el gasto en restaurantes, compras y ocio; y si los negocios ingresan menos, “despiden trabajadores”. “El dinero de los trabajadores hoy día se dedica al alquiler y cesta de la compra”, insiste, y concluye con una crítica social: “Todo porque unos pocos pueden con unos muchos”. En la misma línea, Graciela lo resume en una frase: “Es trabajar para el alquiler”. Otra lectora advierte del escenario que se dibuja: “Ibiza se va a quedar sin trabajadores por los costes desorbitados de la vivienda”.
Situaciones límite
Los testimonios también describen situaciones límite. María dice conocer el caso de un hombre que ha tenido que “compartir cama” con un compañero de trabajo. “¿Dónde hemos llegado?”, se pregunta. Hugo relata que le han dado dos meses para abandonar la casa que restauró y en la que llevaba 22 años pagando alquiler, porque se levantará una vivienda de lujo. Con un hijo escolarizado, busca “algún lugarcito para alquilar, cuidar, o restaurar” durante “un año y medio” y luego, asegura, emigrará “a un lugar donde la gente sea más humana”.
La crisis afecta también a familias y a quienes han nacido en la isla. Marcos, ibicenco con pareja y dos hijos, afirma que está pensando “seriamente” irse a la Península porque es “imposible seguir viviendo con los precios y los sueldos de miseria”. Otra lectora de Santa Eulària dice que se va “en un par de días” pese a tener trabajo todo el año: “No puedo permitirme ni tomar un café”. Lorena cuenta que tras tres años sin encontrar vivienda estable se fue a Barcelona.
No todos señalan solo el alquiler: algunos conectan la vivienda con la transformación de la isla y con los servicios. Manuel, nacido en Ibiza hace 50 años y con plaza fija en sanidad, explica que su hipoteca está prácticamente pagada y que él no tiene problema inmediato, pero sí teme por su hijo: “Mi hijo sí lo tendrá”. Su decisión de marcharse, dice, también responde a que “en la isla ya no hay nada genuino” y a la masificación. Eri, incluso teniendo “casa y vida” en Ibiza, se plantea irse por la “falta de servicios a la ciudadanía”, especialmente sanitarios, y por la dependencia de “un avión” o de un traslado.
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