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Boulevard

Cuatro presidentes de Venezuela recordaron en Mallorca «el error de creerse los más ricos»

El dictador Marcos Pérez Jiménez, el demócrata cristiano Rafael Caldera, Hugo Chávez y Nicolás Maduro recalaron en la isla

El general Marcos Pérez Jiménez en el hotel Valparaíso en los años noventa, Rafael Caldera en el Son Vida en 1996, «Venezuela cometió errores porque se creyó el pueblo más rico del mundo».

El general Marcos Pérez Jiménez en el hotel Valparaíso en los años noventa, Rafael Caldera en el Son Vida en 1996, «Venezuela cometió errores porque se creyó el pueblo más rico del mundo». / Lorenzo

Matías Vallés

Matías Vallés

Ya está bien de engañar a los niños con la mentira de los tres Reyes Magos, cuando en realidad eran cuatro y el solidario Artabán el mejor de todos pese a ser un desconocido para quienes desean una vida regalada. Coinciden en número con los presidentes de Venezuela que han visitado Mallorca en los últimos treinta años, ahora que Trump ha puesto de moda a dicho país. Haber entrevistado en profundidad a un presidente venezolano otorga un cierto crédito para establecer el paralelismo entre dos geografías que dilapidaron su riqueza, en el Caribe y el Mediterráneo. Haber hablado largamente con dos jefes de Estado del país sudamericano, uno de ellos en el cargo, permite establecer con contundencia que cualquier parecido entre Caracas y Mallorca es pura reincidencia.

Por orden de aparición, el general Marcos Pérez Jiménez veraneaba en el hotel Valparaíso, y allá que nos dirigimos en un verano de 1991 con el infatigable fotógrafo Lorenzo. Nuestro anfitrión había presidido Venezuela durante una década al frente de una Junta Militar, pero su gloria reposa en haber servido de inspiración para Gabriel García Márquez en El otoño del patriarca, sin duda su mejor novela. Imaginen nuestra sorpresa cuando el generalísimo a la vez bolivariano y franquista nos recibió en la suite real del hotel palmesano encaramado a un butacón, que había situado en posición prominente como si fuera un trono en la imagen que hoy nos ilustra.

No ocultaré que mi objetivo consistía en arrancarle a Pérez Jiménez una autodefinición como dictador, y tampoco me costó demasiado esfuerzo. El mismo perfiló la jaula, al destacar que «al igual que Simón Bolívar, yo no creo en los partidos políticos». Se encerró dentro, al señalar con Felipe González en el poder que «el régimen de Franco se justifica en función de los resultados que obtuvo». Y por fin arrojó la llave, a solas en la suite señorial que presidía toda Palma, al alzar su Rolex macizo y confesar que «quizás fui un déspota esclarecido». Misión cumplida, además de que exhibió un lenguaje digno de Gabo.

Cinco años más tarde nos dirigíamos de nuevo con Lorenzo a la suite regia de un hotel, en esta ocasión el Son Vida, para entrevistar a otro presidente venezolano. Con el matiz importante de que el democristiano Rafael Caldera se hallaba en vigor en el palacio de Miraflores como jefe de Estado. El octogenario había sido devuelto a un cargo que ya había ocupado con anterioridad, para rescatar a su país del marasmo. Dotado de una sorna poco habitual antes de la llegada de Trump, fue desgranando el ascenso y caída de su país, que hoy se lee como el destino quizás inevitable de Mallorca:

-¿Cómo se explica que un país de la riqueza de Venezuela pase a ser tan pobre, con una deuda gigantesca?

-Porque le sucedió a Venezuela lo que le pasa a cualquiera que ganar el Gordo de Navidad, y comete el error de creerse el hombre más rico del mundo. Entonces comienza a encadenar disparates y al cabo de cierto tiempo se encuentra en condición peor que antes de obtener el premio. Cuando subió el precio del petróleo, nos creímos el pueblo más afortunado y destinados a un porvenir paradisiaco, así que incurrimos en todas las equivocaciones posibles. Además, la corrupción invadió tanto la empresa pública como el sector privado.

Si sustituyen «petróleo» por «turismo», todo lo anterior vale para Mallorca. Resignado a que «me ha tocado una tarea dura, pero tengo bastante optimismo», Caldera se expresaba desde un sillón menos aparatoso que Pérez Jiménez. En un momento dado, se le deslizó la corbata hacia un lado de la americana. Entonces apareció como por ensalmo el único alto funcionario venezolano que asistía a la entrevista, cogió cuidadoso el trozo de tela y lo devolvió a su posición centrada. Aquel 23 de septiembre de 1996 comprendí por primera vez en qué consistía el poder, en que un edecán te aderece con primor cualquier desajuste en la indumentaria.

Llevamos dos presidentes venezolanos, estamos en el ecuador. Hugo Chávez y Nicolás Maduro llegaron juntos a Marivent, cuando el primero era jefe de Estado y el segundo su ministro de Exteriores. Zanjaron con Juan Carlos I el desacuerdo del «¿por qué no te callas?». Sobre todo, nos vendieron una millonada de barriles del mejor petróleo del mundo con un descuento del cuarenta por ciento. Y en la conexión con la actualidad, la fiscalía de Nueva York asegura que Maduro facilitaba pasaportes diplomáticos a narcotraficantes mientras sonreía feliz en Palma. Recuérdenme que otro día les hable de mi encontronazo con Gustavo Cisneros, un venezolano más poderoso que la suma de todos los encartados en esta página.

En la versión del politburó del Govern, «el Consell de Mallorca asciende al conseller de Turismo Marcial Rodríguez a exconseller de Turismo». Mala señal, cuando un ejecutivo tiene que mentir para ofuscar sus destituciones. Son como los búhos, se fijan en su maestro Trump pero no aprenden. Tras admirar la jugada previa al segundo gol catalán en el Mallorca-Girona a defensa paralizada, mi pregunta es muy sencilla, ¿los jugadores de Arrasate entrenan durante la semana, o se reúnen únicamente para jugar el partidillo dominical como los oficinistas casados y solteros?

Reflexión dominical astrológica: «El futuro no se ‘constrhuye’ ni se ‘destrhuye’, solo huye».

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