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La imparable fuga de talento balear hacia el Báltico: la Microbiología de la UIB también emigra a Suecia

El decano de Medicina de la UIB, Antoni Bennàsar, analiza el «éxito de exportación» de expertos de esta especialidad hacia el país nórdico y denuncia la falta de recursos en España para retener a los doctores de elite que hoy lideran centros de referencia en el norte de Europa

Bennàsar y sus exdoctorandos en su reunión de estas Navidades en Mallorca.

Bennàsar y sus exdoctorandos en su reunión de estas Navidades en Mallorca. / DM

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

La hemorragia de talento altamente cualificado en Balears no cesa; al contrario, ha encontrado una vía de escape permanente hacia el norte de Europa que parece imposible de taponar. Lo que hace unos días revelaba este diario como una curiosa reunión de matemáticos e informáticos en Mallorca tras su éxito en Suecia, se confirma ahora como un fenómeno sistémico que afecta a los pilares más brillantes de la ciencia de las islas. Esta es la continuación de una realidad: el ‘pasillo’ de excelencia que conecta la Universitat de les Illes Balears (UIB) con el sistema sueco también tiene una vertiente en el campo de la Microbiología.

Mientras el sistema español sigue exportando a sus mejores mentes «por falta de inversión y estabilidad», instituciones suecas de primer orden mundial recogen los frutos de la formación balear, consolidando una fuga de cerebros que deja a las islas huérfanas de sus investigadores más prometedores. El último gran exponente de esta diáspora es Daniel Jaén Luchoro, un doctor en Microbiología cuya trayectoria simboliza perfectamente el éxito académico de la UIB y, al mismo tiempo, la incapacidad de España para ofrecer un futuro a sus científicos.

A partir del 1 de enero de 2026, Daniel asumirá oficialmente la dirección de la Culture Collection University of Gothenburg (CCUG), un centro de referencia global vinculado al Hospital Universitario Sahlgrenska. Su nombramiento para gestionar una de las colecciones de cultivos más importantes del mundo es un hito extraordinario que, paradójicamente, no se celebrará en un laboratorio de Palma, sino en Gotemburgo.

Daniel es solo la punta del iceberg de una estructura de investigadores formados bajo la tutela de figuras como el doctor Antoni Bennàsar, decano de Medicina de la Universitat, quien reconoce con resignación que el talento que él mismo ayudó a cultivar ha encontrado fuera el respeto y los recursos que aquí se le niegan. Esta realidad se ha hecho palpable estos días en las mesas de los restaurantes de las islas. Igual que el grupo de informáticos que protagonizó una de las recientes crónicas de este diario, los microbiólogos de la UIB que hoy triunfan en el extranjero no han querido faltar a su cita anual con sus raíces. Entre platos típicos y el clima suave de la isla, exdoctorandos de Bennàsar se han reunido para compartir experiencias y celebrar sus logros en el norte.

«Esto es una noticia que vengo denunciando, si esa es la palabra adecuada: se nos está yendo el personal», explica el catedrático con franqueza. El experto no oculta la mezcla de orgullo y frustración que siente al ver cómo sus alumnos más brillantes triunfan a miles de kilómetros. Para él, esta fuga tiene una lectura agridulce. Por un lado, «es una buena señal, y es que son muy apreciados nuestros estudiantes prácticamente donde van», pero por otro, evidencia una «asignatura pendiente de España» en cuanto a la inversión en ciencia y la capacidad de retención de la excelencia.

Esta continuación del relato de la emigración científica balear tiene protagonistas con nombres y apellidos que ya han echado raíces en el sistema sueco. Xisco Salvá Serra es otro claro ejemplo; tras doctorarse en 2023, se integró de inmediato en los RISE (Research Institutes of Sweden). Su dominio de la bioinformática y la genómica, habilidades que comenzó a desarrollar en el campus de la carretera de Valldemossa, son hoy activos fundamentales para la industria tecnológica sueca. Según Bennàsar, el nivel de estos jóvenes sorprendió desde el primer día.

Lo mismo ocurre con Víctor Fernández Juárez, hoy en el prestigioso Instituto Karolinska, o Gabriel Torrens Ribot, investigador en la Universidad de Umeå tras formarse en el Hospital de Son Espases. Todos ellos comparten un origen común y un destino idéntico: una Suecia que apuesta por la investigación de vanguardia. «Nuestros alumnos graduados en Bioquímica y Biología reciben una formación muy buena y eso es tradición», apunta Bennàsar, quien recalca que tras culminar su grado y máster, los estudiantes salen con un «grado de excelencia» que los hace extremadamente competitivos.

El vínculo entre la microbiología balear y la sueca no es casual. «Yo creo que se ha quedado un buen caldo de cultivo en Suecia. Ahí se sembró una semilla y esa semilla está teniendo sus frutos», relata el decano. El origen se remonta, según explica, a su propia etapa posdoctoral en Alemania, donde trabajó -dice- con el doctor Moore, responsable de la colección sueca hasta ahora. Aquella relación profesional facilitó que muchos estudiantes hicieran «pequeñas estancias de un mes o dos meses para aprender una técnica», algo que Bennàsar define como la puerta de entrada: «Casi todos empiezan así... descubren si esa marcha realmente les va y se enganchan».

Xisco, Daniel y Víctor, juntos en un laboratorio.

Xisco, Daniel y Víctor, juntos en un laboratorio. / DM

Sin embargo, el enganche no es solo científico, sino estructural. «Tú cuando pides un proyecto en España, exagerando, te van a dar dinero para el aparato, pero no para manejarlo; para el técnico», denuncia el decano. Esta precariedad contrasta con la logística escandinava: «Cuando llegan allí se encuentran que tienen toda la infraestructura disponible. Su principal misión es un despacho y generar proyectos», detalla el profesor. Esta diferencia de recursos es la que termina por consolidar la fuga de talento de forma definitiva.

Bennàsar es consciente de que el retorno es casi imposible en las condiciones actuales. Muchos de sus exalumnos están pendientes de convocatorias nacionales de incorporación de talento, pero «no lo ven demasiado cristalino, porque saben que igual a los dos, tres o cuatro años se les acaba el contrato y luego qué». El catedrático recuerda con tristeza casos de investigadores que, tras intentar regresar, «a los dos años se han vuelto a marchar porque se encontraron prácticamente en el paro». Es la cruda realidad de un sistema que «invierte mucho dinero en formación, pero luego no tiene capacidad de retención».

El orgullo de un profesor

A pesar de la crítica, Bennàsar no puede evitar sonreír al hablar de sus antiguos pupilos. Para él, ver a Daniel Jaén Luchoro coger las riendas de un centro de referencia mundial como la CCUG es el hito definitivo. La paradoja es que, aunque se hayan marchado, la colaboración científica sigue viva, pero bajo bandera sueca. La publicación sobre la Legionella mayoricensis es prueba de ello: «Si uno se fija en quién ha firmado esa publicación, estamos todos. Mis tres doctorandos de Suecia, está el doctor Moore, un grupo de Noruega...». Es una red de talento balear que opera desde el extranjero, un éxito de la marca UIB que Bennàsar prefiere atribuir íntegramente a sus alumnos.

Mientras en Gotemburgo celebran la llegada de Daniel Jaén, en Palma queda la reflexión de un decano que ve cómo el futuro de su disciplina se escribe en otro idioma.

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