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«¿Qué haces con estos, Guillem?»

Guillem Ginard (izquierda) y Marcial Rodríguez (derecha)

Guillem Ginard (izquierda) y Marcial Rodríguez (derecha) / DM

Matías Vallés

Matías Vallés

La renuncia a palos de Marcial Rodríguez, tras haber agravado los males del turismo mallorquín, ayuda al placer de olvidarle y coloca bajo los focos a Guillem Ginard. Los folios que se dedicarán al exalcalde de Campos, la nueva capital de Mallorca, omitirán por fuerza el capítulo más relevante de su biografía.

Ginard es hijo espiritual al igual que el autor de esta pieza de Don Gabriel Reus Mas, el sacerdote fundamental en el núcleo de monseñor Teodor Úbeda que tomó a su cargo la parroquia de San Francisco de Paula, en el epicentro del barrio palmesano de Corea. Ningún otro miembro del clero mallorquín asumió un reto semejante, con éxitos que pueden atestiguar centenares de mallorquines.

Después de los obligados ruptura, reencuentro y reconciliación, participé en la iglesia de Sant Julià de Campos del homenaje a su hijo Don Gabriel, junto al propio Ginard. En su línea, el eterno párroco me regañó amargamente, por haber exagerado sus méritos y sobre todo por haberme expresado en castellano. A continuación me llevó a un aparte, para comentarme la trayectoria de la otra oveja de su rebaño, que en aquellos momentos lanzaba su carrera política a lomos de UM. «Le he hablado muy claro: ‘Guillem, ¿qué haces tú con esta gente?’».

Cuando se contempla en retrospectiva la carrera del nuevo conseller de Turismo tras el desalojo a la fuerza de su predecesor, el ya cincuentón ha intentado equilibrar su pasión política con el interrogante de Don Gabriel que le aguijonea. Al incluir entre «esta gente» a hoteleros y sobre todo al alquiler turístico que es la mayor maldición que se ha abatido sobre Mallorca en siglos, lo tendrá muy difícil para atender a la exigencia entre interrogantes de su guía moral.

Del destituido con estrépito solo subsistirá el menosprecio más torero que hotelero a todo lo mallorquín, y un fracaso espectacular cuando se compara su gestión a la del Consell de Ibiza, que se ha tomado en serio la turismofobia. Por cierto, se critica a Ginard porque lo desconoce todo del turismo, cuando es el dato que lo hermana a los industriales del sector.

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