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Dos de cada tres hogares de Baleares renuncian al Ingreso Mínimo Vital pese a tener derecho a la ayuda

El problema se agrava todavía más cuando se trata del Complemento de Ayuda para la Infancia (CAPI): el 85% de los que podrían acceder a esta ayuda no la solicitó, el porcentaje más alto de todas las comunidades autónomas

Colas de carritos para coger comida en Caputxins.

Colas de carritos para coger comida en Caputxins. / B.Ramon

Guillem Porcel

Guillem Porcel

Palma

Baleares sigue figurando entre las comunidades donde el Ingreso Mínimo Vital (IMV) encuentra más obstáculos para cumplir su función de red de seguridad social. No porque falten hogares en situación de vulnerabilidad, sino porque la mayoría de quienes podrían beneficiarse de la prestación no llegan a solicitarla. Así lo pone de relieve la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que vuelve a situar al archipiélago en los puestos de cabeza del denominado non take-up, el porcentaje de hogares que renuncian a una ayuda a la que tienen derecho.

El dato es contundente: el 67 % de los hogares baleares elegibles para el IMV no pidió la prestación en 2024, doce puntos por encima de la media estatal. El problema se agrava todavía más cuando se trata del Complemento de Ayuda para la Infancia (CAPI): el 85 % de los hogares con derecho a esta ayuda en Baleares no la solicitó, el porcentaje más alto de todas las comunidades autónomas.

Avances que no llegan a las islas

El informe de la AIReF constata que, a nivel estatal, el Ingreso Mínimo Vital sigue creciendo. A finales de 2024, 392.444 hogares recibían el IMV, un 14% más que un año antes, mientras que el CAPI alcanzaba ya a 452.234 hogares, con un aumento del 34%. También se han reducido los tiempos de tramitación y se ha ampliado la cobertura.

Sin embargo, Baleares avanza a un ritmo muy distinto. La AIReF señala que la comunidad comparte con Cataluña las tasas más elevadas de hogares que no acceden a la prestación, una situación que el organismo atribuye a la complejidad administrativa del sistema y a la falta de una coordinación eficaz entre el IMV estatal y las rentas mínimas autonómicas.

En un territorio marcado por el elevado coste de la vida, la presión del mercado de la vivienda y la fuerte estacionalidad laboral, estas barreras tienen un efecto especialmente perverso: miles de hogares quedan fuera de una ayuda diseñada precisamente para amortiguar situaciones de pobreza y precariedad.

Una ayuda que se cronifica

El diagnóstico de la AIReF va más allá del acceso. El informe revela que el IMV tiende a convertirse en una prestación de larga duración: casi el 60 % de los hogares que lo perciben lo hacen durante más de tres años. Este patrón plantea dudas sobre la capacidad real del sistema para facilitar la salida hacia el empleo, especialmente en comunidades como Baleares, donde el mercado laboral combina altos niveles de temporalidad con salarios bajos en los sectores más intensivos en mano de obra.

Por primera vez desde la creación del IMV, la AIReF ha analizado su impacto directo sobre el empleo. Los resultados muestran una realidad compleja. Por un lado, recibir el IMV reduce la probabilidad de trabajar en un 12% y disminuye en 0,6 días al mes la media de jornadas trabajadas, incluso tras la introducción del incentivo al empleo en 2023. Estos efectos son más intensos entre los jóvenes menores de 30 años, los hogares monoparentales y quienes perciben prestaciones más elevadas.

Por otro lado, el informe detecta un matiz relevante: entre quienes mantienen un empleo, aumenta ligeramente la probabilidad de contar con un contrato indefinido, lo que apunta a una mejora en la calidad del trabajo. En Baleares, este efecto positivo resulta significativo, aunque insuficiente para compensar la caída general de la participación laboral.

Un incentivo al empleo que no convence

Uno de los aspectos más críticos del informe es la evaluación del incentivo al empleo del IMV. La conclusión es clara: no está funcionando. La AIReF subraya que su diseño, basado en datos fiscales con retraso, impide que los beneficiarios perciban de forma inmediata los beneficios de incorporarse al mercado laboral.

La AIREF apunta que en comunidades como Baleares, donde muchos trabajadores encadenan contratos breves y periodos de inactividad, la falta de incentivos claros y visibles desactiva el efecto palanca que debería tener la prestación.

Baleares, en el punto de mira de la reforma

Ante este panorama, la AIReF plantea una batería de reformas que cobran especial relevancia para el archipiélago: reformular por completo el incentivo al empleo, avanzar hacia procesos automáticos de concesión, especialmente del CAPI, y reforzar el acompañamiento individualizado a los beneficiarios.

Sin estos cambios, advierte el organismo, Baleares seguirá siendo uno de los territorios donde el Ingreso Mínimo Vital se queda a medio camino, incapaz de llegar a quienes más lo necesitan en una comunidad donde la vulnerabilidad social convive, paradójicamente, con algunos de los indicadores macroeconómicos más dinámicos del país.

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