Sociedad
Suiza, el nuevo refugio dorado para los jóvenes mallorquines: «Volvería a la isla si las condiciones laborales fueran decentes»
El país del chocolate y el queso es el séptimo destino preferido por los baleares emigrantes. Sus altos sueldos, que pueden llegar a triplicar a los españoles, sumado a un coste de vida no tan elevado en comparación con el mallorquín, lo convierten en el paraíso ideal para ahorrar, tanto en trabajos cualificados como no cualificados
«Si tienes un poco de cabeza, puedes ahorrar muchísimo en pocos años»

Suiza, el nuevo refugio dorado para los jóvenes mallorquines: «Volvería a Mallorca si las condiciones laborales fueran decentes» / DM

La vida del emigrante es la de alguien que parte de su patria en busca de una vida mejor. Un vagabundo con un sueño errante que proyecta en otra ciudad una mayor riqueza o progreso personal. Las Balears siempre han sido una comunidad con un fuerte flujo migratorio y en los últimos tres años más de mil personas han partido del archipiélago, en una fuga de cerebros que no da atisbos de frenar y que ya alcanza los 12.721 emigrantes.
Entre los destinos predilectos, las montañas nevadas de un paraíso fiscal se consolidan como una de las mejores opciones. Informáticos, ingenieros, camareros o mecánicos: Suiza se ha convertido en el refugio dorado para numerosos jóvenes mallorquines que han decidido hacer hucha en el país alpino.
Más cerca que Australia y con un choque cultural mucho menos angustiante que en Emiratos Árabes, el país del chocolate y el queso se sitúa como el séptimo destino preferido por los emigrantes baleares. Sus altos sueldos, que pueden llegar a triplicar los españoles, sumados a un coste de vida no tan elevado en comparación con el mallorquín, lo convierten en un paraíso ideal para ahorrar, tanto en trabajos cualificados como no cualificados.
Emigrar para ahorrar
Pau García es el prototipo de ese emigrante que sale para poder tener un futuro mejor que en su tierra natal. Mecánico de aviones, llegó al país helvético hace apenas tres meses con un objetivo claro.
«Fui a Suiza a ahorrar para poder comprar una casa en Mallorca. Viviendo en cualquier lugar de España, aunque tengas un buen trabajo, no lo veo posible», explica el palmesano, de 25 años.
García constata el drama de los jóvenes de la isla: «Si no tienes una herencia es imposible comprar una casa, así que me tendré que convertir en un extranjero para poder vivir en mi tierra natal».

Pau García es mecánico de aviones en Suiza. / DM
El joven ha trabajado tanto en Mallorca como en Barcelona. Según explica, aunque el sector está dominado por grandes empresas en ambos casos, la diferencia salarial es determinante: «En Suiza se cobra mucho más. La capacidad de ahorrar es enorme porque el coste de la vida no es tan caro en comparación con lo que ha subido en Mallorca».
En el sector de la aviación, el idioma no ha sido una barrera inicial. «Solo se trabaja en inglés», explica García, aunque asegura que, una vez superado el periodo de prueba, ya ha comenzado a aprender alemán, ya que reside en un cantón germanófono.
Importancia idioma
Para Àngel Rey, en cambio, el conocimiento del alemán fue clave para su integración. El sineuer lleva seis años en Suiza y, con solo 29 años, ya ha creado su propia empresa.
«Los suizos valoran mucho que conozcas su idioma, además del inglés. Antes de irme hice un curso intensivo de alemán durante ocho meses, cinco días a la semana», explica.

Àngel Rey trabaja en Suiza. / DM
Rey trabajaba en un hotel de Mallorca cuando decidió dar el salto por la buena fama de la alta cocina suiza: «Empecé en un hotel de cinco estrellas como sumiller de puros y después trabajé en el mejor bar de Suiza».
Posteriormente se trasladó a Basilea, donde trabajó en un restaurante con tres estrellas Michelin. Actualmente es autónomo y dirige una empresa de catering: «Hacemos comida española y repartimos tuppers a empresas. En Basilea hay muchas compañías sin comedor y creamos una aplicación para gestionar los pedidos».
La diferencia salarial fue determinante: «En Mallorca no cobraba mal, pero aquí el sueldo base rondaba los 4.000 euros. En la isla no habría llegado a eso».
Aunque no descarta volver a Mallorca, Rey es claro: «Me encantaría regresar y abrir algo allí, pero siendo autónomo no lo veo. Aquí es mucho más fácil sacar adelante una empresa y disfrutar cuando se puede».
Emigrar sin nada
Algunos jóvenes llegaron al país helvético sin nada. Es el caso de Mercè Riera, que empezó en Suiza «haciendo malabares».
«Hace cuatro años iba solo en verano y desde hace uno ya me he instalado. He hecho invierno y verano y seguiré», explica.
Actualmente trabaja en el mismo hostal de montaña durante el verano y en un hotel pequeño en invierno. «Es un hostal donde hacemos de todo: bar, recepción, limpieza… funciona porque nos organizamos entre nosotros», señala la de Pórtol.
Antes de llegar al país alpino, pasó por Francia, donde trabajó en la vendimia: «Recogíamos uva para hacer vino, pero escuché que en Suiza se pagaba mejor y vine a probar».

Mercè Riera comenzó trabajando en Suiza durante la temporada alta hace cuatro años. / DM
El motivo principal para quedarse es económico: «Gano casi el triple. Todo es más caro, sí, pero el sueldo es tan alto que compensa. La diferencia es enorme».
Marco González eligió su destino casi por casualidad. Tras completar un máster de dos años en Holanda, decidió cambiar de rumbo y, después de una entrevista de trabajo, fue contratado en Suiza como microbiólogo.
«Las condiciones son buenas y, geográficamente, me gusta mucho: hay mucha naturaleza», explica el palmesano.
En su caso, Suiza representa una buena opción para iniciar su carrera profesional: «Ahora mismo me gustaría quedarme aquí unos años. No lo veo a muy largo plazo, pero para empezar es difícil encontrar las mismas condiciones en otros sitios».
El entorno natural también pesa en su decisión: «Si te gusta la montaña, aquí se vive muy bien. En verano no hace tanto calor y la calidad de vida es alta». Sin embargo, el palmesano reconoce que el país no es ideal para quienes buscan un ambiente más ‘rumbero’.
A medio plazo, González no descarta regresar a Mallorca. «Me gusta mucho el estilo de vida mallorquín, tener cerca a la familia y a los amigos, e incluso formar una familia allí», explica.
Capacidad de ahorro
Sin embargo, subraya una diferencia clave: «La capacidad de ahorro como joven profesional es mucho mayor en Suiza», y sentencia: «Volvería a Mallorca si las condiciones laborales fueran más decentes».
La red familiar también influye en la decisión de emigrar. Rubén Bustos, informático, tenía un primo en Basilea, lo que facilitó su llegada a Suiza.
«Trabajo en una empresa pequeña y gano unos 100.000 francos suizos al año, que es un sueldo dentro de la media, tirando más bien a la baja», explica.
Bustos reconoce que los gastos son elevados, pero asegura que no son tan desproporcionados como se podría pensar en comparación con Palma: «Una habitación en el centro cuesta unos 1.000 francos. Yo pago 1.200 con gastos incluidos y vivimos cuatro en el piso».
Bustos insiste en que ahorrar es posible: «Si tienes un poco de cabeza puedes ahorrar muchísimo». Además, señala que no solo los trabajos cualificados están bien pagados: «En un supermercado el salario medio está entre 50.000 y 60.000 francos anuales».

Rubén Bustos trabaja como informático en Suiza. / DM
Por ahora, Bustos no tiene claro cuándo volverá: «Me quedaré al menos hasta obtener el permiso de residencia permanente, que se consigue a los cinco años. Por si algún día quiero volver».
Según explica, el techo salarial para un trabajador sin grandes responsabilidades ronda los 120.000 francos anuales, cifras muy alejadas de las que se ofrecen en Mallorca: «En una buena empresa mallorquina puedes cobrar unos 40.000 euros, y en una pequeña, 35.000».
No solo en los sueldos los suizos le llevan a los mallorquines más de una vida de ventaja. Fabienne McLellan, directora adjunta de la organización suiza OceanCare, dedicada a la conservación marina, lo resumió así en una entrevista concedida a Diario de Mallorca: «En Suiza los rusos querían comprarlo todo, dejando ciudades fantasma que rompían la comunidad. Por eso se ha limitado la venta a extranjeros y se les obliga a residir en las viviendas».
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