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BIENES RAÍCES

‘Branded residences’ en edificios ya existentes en hoteles: La fórmula para afrontar la limitación de suelo en Mallorca

Qué tipo de clientes van tras estas terceras y cuartas residencias ligadas a marcas que minimizan la inversión

El hotel La Residencia es señalado como el origen de la figura de las 'branded residences' en España.

El hotel La Residencia es señalado como el origen de la figura de las 'branded residences' en España. / MANU MIELNIEZUK

Myriam B. Moneo

Myriam B. Moneo

Palma

«Las branded residences no están tan adheridas al mercado residencial convencional, sino que lo están más a la marca porque es donde paso mis vacaciones o es la marca de mi coche , etc.» , señala Jesús Rodríguez Maseda, presidente de Branded Residences Monitor. «Es un mercado global de tercera o cuarta residencia donde se compra con un componente emocional importante porque se busca que refleje un estilo de vida».

A través de estas villas de lujo, que no tienen por qué estar dentro de los hoteles para disfrutar de sus servicios e instalaciones, sino en edificios adyacentes o cercanos, se logra que los desarrollos inmobiliarios se lleven a cabo «con mayor solvencia porque no necesitan tanto capital» al contar con las marcas tras ellos. Ese menor riesgo es un catalizador.

«Se compra con un componente emocional, porque se busca que refleje un estilo de vida»

Fue en Estados Unidos donde se consolidó este concepto. En 1985 Four Seasons lanzó su primer proyecto en Boston integrando servicios hoteleros de lujo con residencias privadas. Con este modelo se ofrecían servicios hoteleros a los propietarios, repasa el Libro Blanco de Branded Residences Monitor.

El Libro Blanco de las ‘branded residences’ ubica su origen en España en el hotel La Residencia

Su punto de partida es relativamente reciente. Este informe lo ubica en el hotel La Residencia, en Mallorca, en los años 80, con villas dentro del resort, que después pasó a Orient Express para seguir con la marca Belmond. Ya en 2017 se remite a las Terrazas de Abama Suites, en Tenerife, y el punto de inflexión fue la apertura de Four Seasons Private Residences en Madrid en 2020.

En el caso de Palma fuentes hoteleras señalan también a los chalés que hay camino al Castillo Hotel Son Vida que se vendieron a particulares. Aunque no se denominaron como branded residences también estas viviendas tienen acceso a las instalaciones del hotel. Junto al parking hay un ascensor que lleva hasta la terraza del establecimiento.

Bajo figura de condohotel

Desde el sector inmobiliario mallorquín se explica que como proyecto turístico en Baleares esta figura nació en 2012, así queda recogido en la ley turística bajo el concepto de condohotel. Se puede ocupar un máximo de 60 días al año para subrogarse el resto del tiempo al operador.

«El problema para el desarrollo de branded residences en Baleares es la limitación de suelo». Pero como esta figura tiene un gran potencial es posible sortear esa «casi nula disposición de suelo recurriendo a edificios existentes».

Por ello se convierte en «un vehículo interesante para los hoteles. Pueden entrar en números negros antes» y recurrir a él si, por ejemplo, necesitan una reforma. «No tendrías que vender todas las habitaciones», observa la fuente conocedora del negocio inmobiliario. Dado el modelo hotelero mallorquín tan patrimonialista y con el relevo generacional en marcha, en muchos casos la figura de las branded residences puede funcionar en la isla.

En cuanto a los perfiles de clientes que recoge el Libro Blanco figura el propietario-residente, que adquiere la unidad para uso propio; el propietario-inversor, la compra con fines patrimoniales interesado en el rendimiento y en la estabilidad del valor del activo; o los nómadas de alto poder adquisitivo que buscan residencias en distintas ciudades y continuidad en la experiencia y acceso a redes exclusivas.

También se identifica aquellos que van tras otra residencia refugio de estilo de vida, son clientes que quieren desconectar con garantías, como familias multigeneracionales, expatriados o compradores de largo plazo. O los compradores emocionales o afines a la marca de moda, diseño, automoción, etc., que ven en las branded residences una extensión de su estilo personal.

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