Miedo a Volar
Mallorquines con aerofobia: «Después de siete años podré viajar a Londres sin miedo a volar»
Que el hijo de 12 años de Amador Chacón se estuviera contagiando animó al mallorquín a afrontar su fobia
Esta Navidad irá de vacaciones en un trayecto superior a una hora sin preocuparse por la seguridad del avión, detrás de esta gesta está el curso que ha seguido con el piloto y psicólogo Alfonso de Bertodano

El grupo de alumnos con el hizo el curso de Perdiendo el miedo a volar el pollencí Chacón, al final a la derecha. / A. B.

«En mi curso me encontré a un chico de unos 40 años de Barcelona que no había cogido un avión en su vida. Lloraba como una magdalena por su primer vuelo». El mallorquín Amador Chacón ha sido alumno de uno de los cursos que se imparten en Perdiendo el miedo a volar. Lo hizo en noviembre. Su caso, relata, era de los «leves» en comparación con el resto de participantes que siguieron la formación en Barcelona el pasado noviembre. «Vi gente con problemas severos con mucha ansiedad. En mi caso era por el tema del clima, las turbulencias, la mecánica del avión. Sobre todo era la seguridad. No tenía ansiedad por subirme al avión sino miedo a que pasara algo». Este vecino de Pollença por fin decidió dar el paso de afrontar su temor y hacer terapia. «Lo hice porque ya estaba condicionando a mi familia». Aparte de que en los viajes familiares desde hace años lo que prima es el coche, con las limitaciones que supone viviendo en Mallorca, su hijo menor ya empezaba a replicar su aerofobia.

Alfonso de Bertodano es comandante de Boeing 787, vuela con Air Europa desde hace casi tres décadas. / A.B.
«Alfonso —continúa el mallorquín de 45 años— tiene un poder de convicción y una forma de hablar y de explicarse que a mí me ha quitado mis dudas. Es piloto, sabe de lo que habla». Amador se refiere a Alfonso de Bertodano, comandante de Boeing 787 que vuela desde hace 27 años con Air Europa. También es psicólogo y la alma mater de Perdiendo el miedo a volar. El piloto que empezó su carrera hace más de 34 años dirige el curso que imparte, junto con un equipo de psicólogos, en colaboración con la aerolínea de la familia Hidalgo.
"Vi gente con problemas severos con mucha ansiedad. En mi caso sobre todo era la seguridad"
Fue por una de las materias durante su formación como piloto que Alfonso se quedó prendado de lo que le enseñaron en «actuación y limitaciones humanas, donde se habla de factores cognitivos, de percepción, de saturación cognitiva, de ergonomía, de liderazgo, de gestión de grupos, de manejo del estrés…, o sea, de todo lo que tú vas a tener que hacer como piloto a lo largo de tu vida. Me pareció fascinante, me encantó». Mientras estaba ya trabajando con base en Tenerife le «sobraba tiempo. Me empecé a sacar la carrera de Psicología». La terminó en la Universidad Autónoma de Madrid, cuenta el zaragozano. Después de participar en un simposio sobre fobia, en Valencia se quedó «con la copla de que se podía hacer mucho mejor». Así empezó a «bucear e investigar qué es lo que se hacía para tratarla en diferentes continentes y metodologías».
Cerca de 2.000 personas con miedo a volar han seguido este curso que se imparte desde 2009 en Madrid o Barcelona, y también en Mallorca (está previsto para mayo y puede que se haga otro en septiembre). Son tres días, dos de teoría y uno de práctica (con vuelo de ida y vuelta) en grupos de quince personas (con un psicólogo para cada cinco) y un seguimiento durante un año. Su precio ronda unos 1.500 euros.
Otras aerolíneas, como World2 Fly (de Grupo Iberostar), la canaria Binter o easyJet, por ejemplo, también ofertan cursos para combatir la aerofobia.
La metodología online gana terreno. «Cuando estábamos en pandemia empecé hacerlo porque me lo estaba pidiendo muchísima gente», dice el comandante. «Lo grabé en un estudio, lo ilustré con cientos de vídeos explicativos para que no quedase ninguna duda de por qué se hace un procedimiento o cómo funcionan determinados aspectos del avión».
«Hemos tenido gente que no había cogido vuelos con 62 años, con 50 años, el vicerrector de una universidad, ingenieros, tatuadores, escritores... Quiero decir que afecta a todos los estratos. Y más a mujeres que hombres». Trabajan con personas a partir de los 14 años, su alumno de mayor edad tenía 72 años.
Amador llevaba «seis o siete años» sin hacer vuelos más allá de Barcelona o como mucho a Madrid. En las vacaciones familiares si se quería ir más lejos no quedaba más que ir por carretera. No podía superar «el rango de una hora» en un avión. «Mi hijo pequeño de 12 años, estaba empezando a coger miedo porque veía a su papá que temeroso porque si pasaba algo. Así que lo hice por mí y por mi familia».
El día que debía volar a Barcelona para el curso todos los elementos de su fobia se confabularon en su contra
La tasa de éxito de estos cursos es «altísima», asegura De Bertodano. «Les convenzo de que esto no es magia. Es como si tienes una lesión en un hombro, vas a rehabilitación y tienes que hacer los ejercicios. Tienes que querer hacerlo y hacerlo tú directamente. Por eso cuando vienen y dicen ‘es que me ha apuntado mi marido...’. Eso no sirve. Tiene que haber un componente motivacional».
El retraso de Ryanair
Amador tenía la motivación, pero el día que debía volar a Barcelona para empezar el curso parece que todos los elementos de su fobia se confabularon para que no se subiera al avión. «Me iba en un vuelo de Ryanair. Hubo un retraso por mal tiempo. Al fin nos montamos y cuando íbamos a despegar aparcaron, había un problema de presurización de la cabina. Nos cambiaron de avión. Bueno, había tormenta en Barcelona, mucho viento... Yo, acojonado. Llegaba una hora tarde al curso y como ya había tres horas de retraso podía pedir a Ryanair que me indemnizara. Tenía la hoja de reclamación rellenada y todo preparado para que mi mujer me fuera a buscar al aeropuerto». Pero habló con Alfonso. Este le dijo que no pasaba nada, le esperaban solo se perdería la primera hora, la de «conocernos un poquito todos». «‘Te vienes a las cinco’, me dijo». Aunque tenía «todo a punto de caramelo» para no seguir adelante decidió afrontar su miedo. «Me dije: ‘Tengo que hacerlo, tengo que hacerlo’. Entré el último en el avión».
Empastillarse no sirve
¿Quién no tiene un amigo que se toma una pastilla o bien recurre al alcohol cuando vuela? El experto descarta esos métodos. «Los ansiolíticos no funcionan para este tema. Empiezas a tirar de una segunda pastilla, de la tercera...». Basta pensar en alguien que se desplace por trabajo, eso no es factible. Hay que buscar «una solución a largo plazo. Tienes que ser tú el que decida si hace un viaje, no tu miedo a volar».
Entre los temores está el de que el avión se caiga, la claustrofobia o tener un ataque de pánico a bordo y no saber quién te puede ayudar. «Una de las cosas que más atemoriza son los fenómenos meteorológicos», repasa el psicólogo. Sobre las temidas turbulencias recuerda que «el fabricante del avión ya sabe» que se va a volar bajo esas circunstancias.
"Les convenzo de que esto no es magia, tienes que querer hacerlo tú", advierte De Bertodano
Ante los miedos, «intervienen tres acciones que son la percepción, la interpretación y la conducta —continúa De Bertodano—. Hay que darles el conocimiento necesario para que cada vez que estén en una situación de todas las que se les van a presentar durante los miles de vuelos que espero que hagan puedan gestionarlas. Tienen que ceder el control, es decir, ellos no tienen que ser los que interpreten si eso está bien o está mal, si es peligroso o no. Paro eso estamos los pilotos».
Amador, propietario de una empresa de pintura y decoración, no tomaba ninguna sustancia para volar, pero «iba supertenso. Los días previos estaba supernervioso e irritable. Cuando aterrizaba era el hombre más feliz. Pero no disfrutaba del viaje. En un puente el segundo o el tercer día ya empezaba a pensar en la vuelta».
El mallorquín recuerda que hace unos años era capaz de hacer vuelos largos. «Volé un Palma-Madrid-Berlín y a la inversa y no tenía ese temor. No sé por qué motivo fue apareciendo. Supongo que a base de turbulencias un día te empieza a entrar ese mal rollo y va a más». Por su miedo ha obligado a su familia a renunciar a hacer viajes. Hasta que llegó este «punto de inflexión» por su hijo. «Pensé que iba a coger miedo a volar hasta el punto de no poder ir de viaje de fin de curso porque yo tenía este problema».
Tras hacer el curso de Perdiendo el miedo a volar, Amador tiene claro que si hay una tormenta «el avión no va a pasar por en medio y si es muy severa se para el tráfico» o que los aviones tienen combustible para estar «esperando media horita».
«Es fuerte que gente de tu edad o mayor que en diecisiete años no ha cogido un avión en un mismo día coja dos», dice sobre su experiencia final de la terapia, cuando su grupo voló entre Barcelona y Madrid ida y vuelta. Forma parte de un grupo de WhatsApp «superchulo en el que cada uno cuenta sus batallitas».
«Teníamos un vuelo programado para irnos en Nochevieja a Carcassonne, en Francia. Volábamos a Barcelona y luego teníamos tres horas de coche. Después de hacer el curso lo hemos eliminado. Nos vamos de Palma a Londres, que son dos horas y media», cuenta orgullosamente el pollencí. Si va a ser capaz de correr esa aventura familiar es porque «tengo la seguridad de que si hay una turbulencia no pasa nada. Si un avión se retrasa media hora pues a lo mejor es para dejar pasar una tormenta, una hiperconectividad entre aviones....».
La esposa de Amador quiere ir a Roma, a Ámsterdam... El mallorquín ya no consulta con hasta «dos meses de antelación» qué tiempo va a hacer el día de su próximo vuelo. «Estoy supercontento».
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