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Maria Àngels Ferrer: “Mallorca es el único lugar donde el hilo del Cant de la Sibil·la no se ha roto”

Nacida en Palma y con raíces en Sant Carles (Eivissa), la soprano y musicóloga celebra este 24 de diciembre cuatro décadas vinculada a la Sibil·la en Sant Jaume

Maria Àngels Ferrer, en el púlpito desde el que canta la Sibil·la desde hace cuarenta años.

Maria Àngels Ferrer, en el púlpito desde el que canta la Sibil·la desde hace cuarenta años. / Carlos Ginard

En las Navidades mallorquinas hay una voz que atraviesa los siglos. El canto de la Sibil·la, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010, se interpreta cada Nochebuena en toas las parroquias de Mallorca, como acto principal del tradicional oficio de Matines.

En la iglesia de Sant Jaume de Palma, esa continuidad es doble, puesto que durante cuarenta años una misma mujer se ha encargado de la interpretación de la Sibil·la. Maria Àngels Ferrer, cantante, doctora en Musicología y pedagoga, reconocida con el premio a la Acción Magistral (FAD-UNESCO-BBVA) y el Premio Roma (2018-2019), es una de las más reputadas pedagogas de la música de España. En esta víspera de Nochebuena, hablamos con una auténtica Sibil·la.

—Este año vuelve a cantar la Sibil·la en Sant Jaume. ¿Qué significa llegar a estas cuatro décadas?

—Lo vivo con orgullo y con responsabilidad. No es solo cantar, es custodiar un legado.

—¿Por qué cree que no es habitual que una misma intérprete permanezca tanto tiempo?

—Porque depende de la vida, de la voz y de las circunstancias de cada parroquia. Tantos, tantos años es raro.

—¿Cuándo y cómo empezó?

—Empecé siendo niña, en mi parroquia. Luego, en Sant Jaume, la Sibil·la anterior, Montserrat Isern, me cedió el paso y me dejó el legado. Desde 1985 la canto allí.

—¿Qué significó en su momento que le cedieran ese testigo?

—Que fuese Montserrat Isern fue importante para mí, porque además interpretó la Sibil·la en la adaptación cinematrográfica de Bearn. Fue una referencia.

—Es pedagoga y musicóloga. ¿Su vocación investigadora nació de cantar?

—Fue un poco de todo. Estudiaba música en el Conservatorio, cantaba en corales, y a la vez quería comprender la tradición. Por eso combiné Musicología e Historia del Arte con las carreras de piano y canto.

—Ha llevado el Cant de la Sibil·la fuera de Mallorca. ¿En qué contextos encaja?

—En contextos súper variatdos, como congresos de patrimonio medieval, de patrimonio inmaterial, y encuentros sobre el papel de la mujer en la Edad Media. Es un personaje tan rico que admite miradas muy distintas.

—Su origen familiar es ibicenco. ¿Cómo vive que en Eivissa no se mantenga el Cant como en Mallorca y por qué sucede así?

—En la mayor parte de Europa se perdió tras las prohibiciones de la representaciones teatrales dentro de las iglesias, por parte del Concilio de Trento. En Eivissa desapareció y quedaron otras tradiciones navideñas tan representativas como los goigs de las Caramelles.

—Entonces, ¿cómo se sostuvo la Sibil·la en Mallorca?

—Porque la prohibición llegó tarde y mal. En Mallorca se dejó de cantar solo tres Navidades en la Catedral. Las de 1572, 1573 y 1574. Luego, en 1575, un obispo decidió ceder a la presión popular y permitirlo. Esa continuidad explica el cariño que despierta.

—¿El reconocimiento de 2010 cambió algo?

—Aporta orgullo y ha impulsado intentos de recuperación en otros lugares. Pero aquí ha ido más allá de lo religioso. Ir a Matines es un símbolo de la identidad mallorquina.

—Con tanta experiencia y siendo docente, ¿ha preparado ya a alguien para relevarla algún día?

—Sinceramente, no. He priorizado la divulgación para que alumnos y público conozcan el patrimonio, antes de pensar en el relevo.

—Usted empezó haciendo de la Sibil·la siendo una niña. ¿Debe serlo quien comienza a interpretar ese papel?

—Tras Trento se intentó mantener la tradición con un niño, también por la prohibición de la participación femenina en la liturgia. Hoy la interpretan niños, niñas o sopranos profesionales. Depende de cada parroquia.

—También está vinculada, como organizadora, al Concurso y Festival Internacional de Piano de Ibiza, en Sant Carles. ¿Qué le aporta?

—Es otra manera de empujar la música. El certamen nació en 1987 y ha ido ganando proyección internacional hasta gozar de un enorme prestigio.

—Para cerrar: ¿qué aporte intenta darle a la Sibil·la?

—Que se entienda como patrimonio vivo. Es un lujo, pero es una responsabilidad de mantenerlo vivo entre todos. Y hacerlo, siempre, con rigor y respeto.

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