La covid envenenó al PSOE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta del Congreso, Francina Armengol, durante el acto institucional por el Día de la Constitución, en el Congreso de los Diputados, a 6 de diciembre de 2025, en Madrid (España). / Eduardo Parra - Europa Press
En una conversación informal, antes de que la UCO desentrañara el tráfico de mascarillas fraudulentas, un interlocutor le trasladó a Francina Armengol sus reticencias sobre los durísimos confinamientos impuestos a los mallorquines a raíz de la covid. La entonces presidenta de Balears respondió con el tono misionero y mesiánico que caracteriza al PSOE actual:
-Se nota que no has tenido ningún enfermo cerca.
En aquel momento, la respuesta se inscribía en el elevadísimo concepto que el Pacto de Progreso tenía de sí mismo, hasta el punto de que no había ni un día en que el Govern ahorrara la frase «estamos salvando vivas», con el mismo valor que atribuir dicha función a un semáforo. Desde febrero de 2024, con el descubrimiento de la presunta organización criminal bautizada como ‘trama Koldo’, estos manifiestos humanistas también encubrían aunque fuera de modo inconsciente un negocio de millones de euros.
No existe el menor inconveniente en aceptar que Marc Pons, Armengol y su consellera favorita desconocían absolutamente el oscuro destino del dinero que estaban facilitando con sus intermediaciones o aquiescencias. Ahora bien, cuando la presidenta de Balears en ejercicio le replica «Súper» a un Koldo que la tilda de «Cariño» y que le asegura que le mantendrá al corriente de todo, estaba obligada a que se le dispararan las alarmas.
La petición de dinero al Govern por parte de los corruptos, porque de eso se trataba, quedaba inmersa en el seno de una organización tan ejemplar como el PSOE, por lo que nada había que temer. Seguro que el destino era evangélico y, en el peor de los casos, nunca se filtraría.
Como mínimo, los dirigentes del Govern sabían que los Koldo y Aldama con los que intimaron se enriquecían aprovechando los contactos con el PSOE balear. De hecho, el Pacto cambió la ley para obligar a las PCRs y facilitar así el beneficio de la trama socialista. Este apasionante capítulo, que desemboca con el perdón del PP a los cuatro millones de euros que Armengol no reclamó en tres años, carece de respuesta en la auditoría llevada acabo por el mismo Govern popular implicado.
En una ocasión preguntaron a la consellera de Koldo cómo podía explicarse la ligereza de los controles a una posible organización criminal. Ni corta ni perezosa, contestó que «el IB-Salut iba muy suelto». Es decir, nadie va a cargar con las culpas ajenas, la omertà mallorquina también se ha vendido a los alemanes.
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