Al azar
La izquierda está ahí, pero no es Sánchez

Guardiola y Feijóo celebra en Génova la victoria de las elecciones en Extremadura / Fotos PP/Mudarra
El laboratorio extremeño ha determinado que el problema no es la izquierda, es Sánchez. O el PSOE actual, para quienes deseen generalizar. Nadie negará la implicación presidencial en las autonómicas de Extremadura, jamás un inquilino de La Moncloa se había despegado tantas veces de Madrid para reforzar un feudo regional, empeorando el resultado final. Es más fácil que nunca identificar al culpable, y su irradiación contaminante al resto del país. Nunca ha sido tan evidente asignar la caída brusca de la participación, y una marca blanca de la izquierda con una candidata todavía más desconocida ha experimentado una pujanza meritoria, proporcionalmente superior a la crecida de Vox.
Pese a la propensión al victimismo del killer de La Moncloa, los votantes no han castigado a Sánchez, sino que Sánchez ha torturado a los electores. Para empezar, presentando en Extremadura a un candidato indecente, que obliga a dudar de que los socialistas participaran en la contienda. Claro que no importaba el cabeza de cartel engorroso y desafortunado, porque las apariciones mesiánicas del presidente del Gobierno debían rescatar a los votantes de su estupor. El PSOE ha quedado en evidencia, aunque para lograrlo no era imprescindible convocar unas elecciones.
A la mañana siguiente, Sánchez celebra el mayor descalabro de su reinado en un feudo propicio enviando a otra ministra al patíbulo. Pretende simular que no se da por aludido, pero las ojeras no le dejan mentir y el temblor de las manos registra la rabia contenida como un sismógrafo. La izquierda está ahí, pero no se llama Sánchez, el presidente del Gobierno se ha convertido en un cargo tan virtual como María Guardiola, que se creyó Margaret Thatcher sin necesidad de recabar los votos imprescindibles para divinizarse. Y una vez determinado por el recuento en el entorno más favorable que el inquilino de la Moncloa es el problema, a nadie se le escapa que el estancado Feijóo no es la solución. Solo un placebo.
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