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Tratamientos de fertilidad en el sistema público de salud de Mallorca: requisitos, procedimientos y cuánto cuesta

La mayoría de las mujeres que acuden a su consulta tienen entre treinta y muchos y cuarenta años y llevan al menos un año intentando quedarse embarazadas de forma natural sin éxito

Un médico realiza una ecografía a una mujer embarazada en una imagen de archivo.

Un médico realiza una ecografía a una mujer embarazada en una imagen de archivo. / A. RATHS

Simone Werner

Palma

«Primero nos casamos y después empezamos directamente a planificar la familia», pensó la residente alemana Isabella Wieslinger* (nombre cambiado por la redacción). Hacía tiempo que había dejado los anticonceptivos hormonales y tenía la menstruación de forma regular. No se le pasó por la cabeza que pudiera no quedarse embarazada de manera natural. Ella y su marido lo intentaron durante un año. Con cada ciclo en el que volvía a tener la regla, crecían la decepción y el peso del tema “hijos” en la relación. «Mi marido está a menudo en Alemania por trabajo. Incluso llegamos a organizar algunas de sus estancias en Mallorca en función de cuándo yo tenía la ovulación», cuenta esta mujer de 36 años, que de repente empezó a sentir una gran preocupación y presión.

Casos como el de esta residente en Mallorca son los más habituales, explica Belén Castel, jefa de la Unidad de Reproducción del Hospital Universitario Son Espases. La mayoría de las mujeres que acuden a su consulta tienen entre treinta y muchos y cuarenta años y llevan al menos un año intentando quedarse embarazadas de forma natural sin éxito. La buena noticia es que Wieslinger podría tener bastantes posibilidades de ser admitida en el programa de tratamientos de fertilidad de la Seguridad Social.

Primero, al centro de salud

El primer paso es pedir cita con el ginecólogo en los centros de salud públicos. Allí se solicitan pruebas completas de fertilidad y se comprueba si la pareja cumple los requisitos necesarios para que la Seguridad Social asuma el tratamiento. «A la mujer se le analizan los niveles hormonales mediante un análisis de sangre y se evalúa su estado general de salud», explica Castel. También se realiza una ecografía para comprobar el estado del útero y los ovarios. Además, ni ella ni su pareja pueden dar positivo en hepatitis B, hepatitis C o sífilis. En el caso de los hombres, se realiza asimismo un seminograma.

El índice de masa corporal también es un factor importante. «Si es superior a 35, la mujer debe perder peso antes. Si hay dificultades, la derivamos a especialistas, por ejemplo endocrinólogos», señala Castel. Tampoco se incluye en los programas de la Seguridad Social a mujeres que padecen enfermedades —como problemas cardíacos— por las que se desaconseje un embarazo o incluso un tratamiento hormonal. En algunos casos, los ginecólogos solicitan informes médicos para poder evaluar cada situación de manera individual.

Además de los criterios de salud, existen otros requisitos. Por ejemplo, quedan excluidas las parejas que ya tienen en común un hijo sano. «Si el hijo está enfermo o si la mujer tiene un hijo de una relación anterior, sí puede contemplarse la admisión en el programa», aclara Castel. No obstante, matiza que no se considera enfermedad, por ejemplo, un simple nivel elevado de colesterol.

Belén Castel, jefa de la Unidad de Reproducción del Hospital Universitario Son Espases.

Belén Castel, jefa de la Unidad de Reproducción del Hospital Universitario Son Espases. / .

Dos métodos

La Seguridad Social ofrece, de forma simplificada, dos tipos de tratamiento: la inseminación artificial y la fecundación in vitro. En esta última, la fecundación tiene lugar fuera del cuerpo de la mujer. En ambos casos se utiliza el semen de la pareja o el de un donante.

En mujeres con una reserva ovárica baja es necesario analizar otros datos antes de decidir si la fecundación in vitro es adecuada. Según explica Castel, se habla de reserva ovárica baja cuando el nivel de hormona antimülleriana es inferior a 0,3 nanogramos por mililitro. En estos casos, a menudo la única opción es la donación de óvulos. Este procedimiento también se realiza en Son Espases, pero solo en mujeres con insuficiencia ovárica precoz, es decir, aquellas que han entrado en la menopausia antes de los 36 años. Los óvulos proceden de donantes anónimas. «Se fecundan con el semen de la pareja o de un donante y el embrión se transfiere después al útero de la paciente», explica Castel.

Además, en la fecundación in vitro existe la posibilidad de realizar un diagnóstico genético preimplantacional. «Lo hacemos cuando la mujer o su pareja tienen un problema genético que no debería transmitirse al hijo», señala. «Una vez obtenidos los embriones, podemos analizar mediante una biopsia si presentan ese defecto genético o no, y así asegurarnos de transferir solo los que están sanos».

La inseminación artificial solo se ofrece a mujeres menores de 38 años. Para acceder a la fecundación in vitro, las pacientes no pueden tener más de 39 años en el momento de inscribirse en la lista de espera. Mientras que para la inseminación artificial no existe lista de espera, el tiempo de espera para la fecundación in vitro oscila entre seis y doce meses. «Las mujeres con insuficiencia ovárica precoz o endometriosis tienen prioridad, ya que ambas patologías pueden empeorar con el tiempo y reducir aún más las posibilidades de embarazo».

Desarrollo de los tratamientos

Tanto en la inseminación artificial como en la fecundación in vitro es necesario un tratamiento hormonal. «En la fecundación in vitro se administran más hormonas y el proceso es algo más largo», explica Castel. En ambos casos, el tratamiento comienza el segundo o tercer día del ciclo menstrual. El objetivo es estimular el crecimiento de los folículos, que son las estructuras donde se desarrollan los óvulos.

«En la inseminación artificial, el tratamiento hormonal dura ocho días. Después se administra una inyección para que la mujer ovule 36 horas más tarde, y en ese momento se introducen en el útero los espermatozoides de mejor calidad», detalla Castel. Catorce días después se realiza un análisis de sangre para comprobar si hay embarazo. Este procedimiento puede repetirse hasta cuatro veces. La tasa de éxito de cada intento es de alrededor del 20%. Si no funciona, se puede recurrir a la fecundación in vitro, aunque previamente la mujer debe entrar en la lista de espera.

El tratamiento hormonal previo a la fecundación in vitro dura unos diez días. «Cuando la mujer ovula, pasamos al quirófano con control ecográfico y puncionamos los ovarios para extraer los óvulos. Ese mismo día se fecundan con el semen de la pareja o del donante. Cinco días después, transferimos el embrión al útero», explica Castel. La ley permite transferir hasta tres embriones. «Normalmente transferimos solo uno, y dos si la paciente así lo desea», añade. Los embriones restantes se congelan. Nueve días después se realiza un análisis de sangre para confirmar el embarazo. La tasa de éxito es del 40 %, y pueden realizarse hasta tres intentos.

Si de un tratamiento anterior quedan embriones congelados, la fecundación in vitro puede repetirse, incluso aunque la mujer ya tenga un hijo sano con la misma pareja. Los médicos pueden transferir los embriones restantes hasta que no quede ninguno.

¿Cuánto cuesta?

El coste es solo una pequeña parte de lo que supondría un tratamiento de fertilidad en una clínica privada. Las pacientes únicamente deben asumir una parte del coste del tratamiento hormonal, que ronda los 30 euros.

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