Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

Miguel Félix Chicón, exjefe de Salvamento marítimo de Palma: "Vivir es como navegar, hay que tomar decisiones para llegar a buen puerto"

Durante una década fue oficial de ferris cargueros y petroleros, en rutas por el Mediterráneo, el Atlántico y el Índico, y entre 1996 y 2022 dirigió el Centro de Salvamento Marítimo de Palma.

Es capitán de Marina Mercante y acaba de publicar 'Navegar es necesario', compendió de artículos aparecidos en 'Gaceta Náutica', siempre con el mar como nexo

Miguel Félix Chicón, durante la presentación de su libro

Miguel Félix Chicón, durante la presentación de su libro / Manu Mielniezuk

Xavier Peris

Xavier Peris

Palma

Explíqueme el título del libro. ¿Por qué es necesario navegar?

Yo creo que tiene que ver con la vida en sí. La frase que Plutarco pone en boca de Pompeyo es: «Navegar es necesario, vivir no es necesario». Se refería a la necesidad de arriesgar la vida para transportar trigo a Roma en medio de una hambruna. Pero yo creo que vivir se asemeja al navegar,  que tenemos que ser capaces de tomar las decisiones oportunas y aprovechar los vientos para llegar a buen puerto.

El libro es una recopilación de los artículos que ha escrito en Gaceta Náutica, que tienen una temática muy diversa, pero siempre con el mar como nexo. Recoge desde episodios poco conocidos de la historia a la etimología de palabras como chusma, de origen muy marinero.

Sí, ‘chusma’ es una palabra preciosa, que deriva del griego kéleusma, que es el canto con el que se daba el ritmo de boga en las trirremes. Al principio, los remeros eran asalariados, pero estos salarios no compensaban los enormes esfuerzos que hacían. Así que cada vez cogen a gente menos cualificada hasta que finalmente recurren a los galeotes, gente condenada. Y ese vocablo griego llega a convertirse en chusma. Y se identifica a esa chusma con los delincuentes condenados a galeras.

Otra parte del libro se dedica a los viajes de exploración del Pacífico por parte de expediciones españolas en el siglo XVI. ¿A qué se debe esta fascinación por estos viajes?

La primera vuelta al mundo que dan Magallanes y Elcano, aunque Magallanes no llega a acabarla, es equiparable a lo que hoy en día sería un viaje tripulado a Marte, pero sin comunicaciones de ningún tipo. Después, el descubrimiento del tornaviaje por parte de Urdaneta, es decir, el intentar regresar a la costas pacíficas de Nueva España, buscando corrientes y vientos hasta entonces desconocidos. Todo ello es fascinante. Máxime porque Urdaneta lo documenta todo, pero es apresado por los portugueses, que se lo requisan, y no regresa a España hasta diez o doce años después. Y este hombre reproduce de memoria todo lo que ha descubierto.

Todas aquellas expediciones parece que han quedado eclipsadas por los viajes que hicieron los británicos dos siglos después.

Para que se haga una idea, los británicos en esa época llamaban al Océano Pacífico el Lago Español. Y la ruta que se establece a partir del descubrimiento del tornaviaje, que es el Galeón de Manila, estuvo en funcionamiento 250 años. Es la primera línea regular del mundo, y muy pocas veces naufraga o es asaltado por piratas. ¿Y por qué ese ostracismo? Yo lo achaco primero a que a la Corona española no le interesaba que se divulgasen en exceso estas rutas y las mantenía en secreto. De ahí que cuando llegaban otros barcos hagan gran profusión de su descubrimiento. Y, por otro lado, a la leyenda negra que se extiende sobre las expediciones de las coronas española y portuguesa.

Usted ha tenido una vida profesional muy intensa, con largas travesías como la ruta desde Golfo Pérsico a España. ¿Lo echa de menos?

Por supuesto. Siempre se echa de menos navegar. La mar tiene un poder de atracción impresionante. Lo que pasa es que, a veces, tienes que poner en la balanza tu egoísmo y la satisfacción de navegar o el estar cerca de tu familia.

Y llevar una vida normal.

Bueno, para mí la vida normal es navegar.

Luego, en sus años al frente de Salvamento Marítimo, participó en varias emergencias muy graves. ¿Cuál es la peor que recuerda?

Las peores que recuerdo son aquellas en las que se han perdido vidas. Es muy triste cuando tienes un hombre al agua, y tienes que buscar una cabecita en medio del mar y, al cabo de unos días de búsqueda, no la encuentras y tienes que decirle a su familia que ya no vas a seguir buscándolo porque no hay posibilidades de encontrarlo con vida. Eso es muy duro. Ahora, operaciones gordas, sí, claro, recuerdo el hundimiento del Don Pedro, los incendios del Sorrento y el Grande Europa, los embarrancamientos del San Juan y el Maverick II... Hay bastantes.

¿Ha tenido alguna vez la sensación de que nos habíamos librado por los pelos de una catástrofe?

En todas ellas. Siempre digo que he trabajado con un equipo fenomenal, desde los controladores de las torres a los tripulantes de las lanchas. Pero hay un componente de suerte en la resolución de una emergencia aunque, cuando mejor entrenado está uno y mejor se prepara para afrontarla, más te va a sonreír la suerte. Pero sí que ha habido momentos, como en el incendio del Sorrento, una vez que ya estaba todo el mundo a salvo, ves que el barco empieza a deformarse y piensas que se puede ir a pique con 750 toneladas de fueloil al lado de la costa de la Serra de Tramuntana.

En su etapa en Salvamento Marítimo la ruta de inmigración irregular en pateras ya estaba asentada, pero no al nivel que se ha alcanzado estos últimos años. ¿A qué factores lo achaca?

Muy sencillo. A que las personas que viven en la orilla sur ven cómo se vive en la orilla norte y sienten la necesidad de buscarse una mejor vida, e intentan cruzar el mar. Y las mafias, que son las mismas que trafican con droga, armas y prostitución, se aprovechan. Y actúan donde creen ver una debilidad en el sistema. En Canarias ha bajado y aquí ha subido ahora, pero todo fluctúa. También llegan estas personas con embarcaciones precarias desde Libia a Lampedusa, en Italia, e incluso en el Canal de la Mancha, desde Francia a Inglaterra.

¿Cómo se puede contener esta presión migratoria?

Lo que voy a decir puede parecer una verdad de Perogrullo, pero es lo que mi conciencia me dicta que se debería hacer. Y es tan fácil de decir como difícil de hacer. Es evitar que estas personas sientan la necesidad de abandonar sus hogares para lanzarse a una aventura tan incierta. Para ello, se tendría que llegar a un acuerdo internacional para crear en los países de origen la estructuras necesarias como para que el tejido agrícola, ganadero, pesquero e industrial genere la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de estos pueblos. Nadie abandona su país si no es por necesidad o por presión de las mafias, como todas estas guerrillas que secuestran niños y niñas para convertirlos en soldados o esclavas sexuales. Yo, como padre, si tuviera a mis hijos allí, también procuraría que intentasen buscar un mejor futuro en una sociedad que se supone, o se vislumbra, que puede ser mejor.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents