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Entrevista | Esther Romero Directora de Càritas Mallorca

Esther Romero, directora de Càritas Mallorca: «Al mallorquín le cuesta mucho pedir ayuda»

Romero radiografía los nuevos perfiles de pobreza que aparecen en la isla y analiza los datos del IX Informe Foessa que constata una ligera reducción de la exclusión severa en Balears, pero un aumento de la precariedad por el precio de la vivienda

«La espiral es rápida. Se puede pasar de la precariedad a la pobreza en muy poco tiempo», asegura la ibicenca

Esther Romero, directora de Cáritas Mallorca: “Al mallorquín le cuesta mucho pedir ayuda”

B. Ramon

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Esta semana ha estado cargada de varios estudios que dibujan la dura realidad de Mallorca. El Observatori d’Emancipació muestra que los jóvenes de Baleares son los que más dificultades encuentran para emanciparse: necesitarían destinar hasta siete años de su salario íntegro solo para pagar la entrada de una vivienda, y la tasa de emancipación entre los 16 y 29 años cae al 16,2 %. Por otro lado, el IX Informe FOESSA sobre la Exclusión y el Desarrollo Social refleja una ligera reducción de la exclusión social, pero advierte de que los precios desorbitados de la vivienda impiden convertir esa mejora en un progreso real del bienestar. La directora de Cáritas Mallorca, Esther Romero (Eivissa, 1982), analiza estos datos y radiografía los nuevos perfiles de pobreza que están surgiendo en la isla.

El informe FOESSA señala un descenso de la exclusión social, pero un aumento del riesgo de pobreza. ¿Cómo interpretan estos datos?

Efectivamente, hay una buena noticia: desciende la exclusión severa en Baleares. Pero, al mismo tiempo, ha aumentado la integración precaria, lo que podríamos llamar esa “clase media vulnerable”. Son personas que si no van con cuidado, podrían caer en la pobreza.

¿Todavía existe esa clase media?

Sí, pero se ha ampliado el abanico. Càritas observa que hay personas que, aunque trabajan y su situación laboral no sea mala, carecen de redes de apoyo y sufren cierta precariedad. Esto demuestra que la pobreza no es solo económica; también tiene un componente de exclusión social.

¿Puede poner un ejemplo de cómo se manifiesta esta precariedad?

Puede ser una mujer mayor con pensión, viviendo en un cuarto sin ascensor y sin familia cercana que la apoye. Aunque tenga ingresos, la falta de servicios y compañía la coloca en situación de aislamiento.

¿Hay personas que, aunque no lo imaginemos, podrían llegar a esta situación?

Absolutamente. Las crisis que hemos vivido de forma cíclica muestran que personas en integración precaria —que en Baleares han pasado del 36,4 % al 38,9 %— pueden descender rápidamente a exclusión moderada si surgen problemas personales o económicos.

¿Cómo se diferencian la exclusión severa, moderada y precaria?

Partimos de la integración plena, que no tiene ninguno de los rasgos de exclusión. La exclusión severa indica una falta grave de recursos y apoyos; la moderada, problemas significativos pero aún cierta autonomía; y la integración precaria es esa clase media vulnerable, con pequeñas dificultades que pueden convertirse en exclusión si no se previene. Es una espiral rápida: se puede pasar de la precariedad a la pobreza en muy poco tiempo.

El informe también señala que el trabajo ha perdido su papel de escudo contra la exclusión social.

Exacto. Tener trabajo ya no garantiza seguridad. Muchas personas están en empleos a tiempo parcial o deben dedicar un 50% de su salario al pago de la vivienda. Pequeños reveses de la vida, como perder el trabajo o tener que pagar un alquiler elevado, pueden desestabilizar su situación rápidamente.

¿Qué es lo más importante para estas personas?

Una red de apoyo. Nadie está exento de pasar de integración plena o precaria a exclusión si carece de ayuda familiar, social o comunitaria.

¿Es este es el drama de la clase media mallorquina?

Sí. Crece la integración precaria y un golpe personal o una crisis económica pueden lanzarla a la exclusión moderada o severa. Tenemos casos de personas en centros de acogida que nunca imaginaron encontrarse en la calle, a veces por una ruptura familiar.

La directora de Càritas Mallorca, Esther Romero.

La directora de Càritas Mallorca, Esther Romero. / B. Ramon

¿Puede ser que el baremo de lo que es la clase media haya bajado respecto a lo que antes entendíamos por clase media?

Sí, se ha reducido un poco. Cada vez son más las personas que no pueden afrontar un gasto imprevisto, como reparar el coche o llevar a los niños al dentista. Antes estas situaciones eran parte de una vida ordinaria; ahora se han vuelto complicadas. Incluso cosas como irse de vacaciones son cada vez menos accesibles.

¿Cuándo decide una persona pedir ayuda? ¿Es complicado?

Al mallorquín le cuesta mucho pedir ayuda. Muy pocos utilizan los servicios sociales aunque podrían hacerlo. En Càritas atendemos a muchas personas que de primeras no se plantean pedir ayuda; hace falta tiempo y acompañamiento.

¿La gente hace algo para salir de esta situación?

Sí. Cada vez más personas activan estrategias para evitar la exclusión: buscan empleo, se forman, acuden a servicios sociales o buscan redes de apoyo. Esto ha pasado del 68 % al 77 % en los últimos años.

¿La vivienda es uno de los problemas centrales?

Sin duda. No hay seguridad en la sociedad mallorquina por el tema de la vivienda. Cualquiera puede ver un aumento del 20 o 30 % en su alquiler y no tener alternativas asequibles. Esto genera mucha incertidumbre.

Parece que la vivienda es la piedra angular de la desigualdad

Y no es para menos. En Baleares, el 29 % de la población está afectada de alguna forma por problemas de vivienda. Desde 2018, el precio del alquiler ha subido un 27 %. Actualmente, uno de cada diez ciudadanos queda en situación de pobreza severa después de pagar la vivienda a principios de mes.

¿Qué soluciones proponen?

No hay soluciones fáciles ni mágicas. Hace falta un modelo de políticas integrales que combinen vivienda, empleo, fiscalidad y protección social. Las ayudas económicas inmediatas son necesarias, pero no suficientes; deben ir acompañadas de políticas a largo plazo.

¿Cómo actúa Càritas ante estos problemas?

No podemos resolver todos los problemas estructurales. Sí podemos evitar desahucios y acompañar a las personas en riesgo, pero también trabajamos en crear redes de apoyo para que nadie esté solo frente a la precariedad.

«La mayoría de personas que atiende Càritas entran por el aeropuerto, no en pateras»

¿Por qué es tan importante la red de apoyo?

Porque un revés en la vida cambia mucho según tengas a alguien en quien confiar. Atendemos a personas recién llegadas, muchas en situación irregular, que no conocen a nadie y que no pueden acceder a servicios sociales. Muchos de ellos vienen con el visado de turista. La mayoría de personas que atiende Càritas entran por el aeropuerto, no en pateras

¿Cuánta gente atiende Càritas?

El año pasado atendimos a 7.783 personas. Aproximadamente la mitad estaban en situación irregular, sin acceso a ayudas oficiales. Muchas de ellas tienen empleo, pero no les alcanza para cubrir gastos básicos como la luz, la vivienda y el agua. Otras personas sufren explotación laboral en situaciones perversas porque no tienen alternativas.

¿Cree que debería crecer Càritas o lo que debería crecer es el gasto social del Ayuntamiento?

Es fundamental trabajar coordinados. Càritas atiende a todo el que pide ayuda a través de nuestra red territorial de parroquias, con voluntarios y trabajadoras sociales. Pero no podemos sustituir políticas públicas; necesitamos que los distintos niveles trabajen juntos.

¿Cree que en algún momento Càritas podría dejar de ser necesaria?

No creo que exista un estado capaz de cubrir todas las necesidades de los ciudadanos. Càritas siempre atenderá a todos, nuestra misión es que allí donde la persona no encuentra otro lugar, Càritas sea siempre una puerta abierta. Frente a cualquier dilema, creemos en la dignidad de cada persona. Cualquier persona que venga a nosotros es acogida y acompañada desde ese convencimiento, independientemente de que la administración llegase a suplir todas las carencias económicas.

¿Qué problemas detectan en la administración?

Hay grandes agujeros, especialmente en la atención a personas en situación administrativa irregular. Muchas de estas personas llegan a nosotros como último recurso, porque no encuentran ayuda en otros lugares. Càritas siempre estará como puerta abierta, y esto no es un eslogan: históricamente, la iglesia ha atendido a quien tocara la puerta, ofreciendo ayuda básica y acompañamiento.

Algunos discursos, como el del alcalde de Palma, dicen que en Mallorca no se vive en caravanas. ¿Qué opina?

Nadie elige vivir en infraviviendas. Hemos visto personas en sótanos sin luz natural, en habitáculos de 20 metros cuadrados. Nadie vive así si puede elegir otra opción. El instinto de supervivencia lleva a las personas a hacer todo lo posible por sobrevivir. Lo importante es reconocer su dignidad y trabajar para que no tengan que resistir en esas condiciones.

El informe Foessa indica que algunos perfiles son más vulnerables, como los niños.

La infancia es un tema muy delicado. Los hijos de la pobreza que viven en situaciones precarias tienen menos acceso a salud, educación y oportunidades, lo que perpetúa su exclusión. Siempre hay excepciones, pero la pobreza se hereda de manera estructural: las posibilidades de avanzar son limitadas. Conseguir levantar la cabeza cuando nos han puesto un techo encima es muy complicado.

Para algunos debe ser casi imposible

Es como estar en un edificio en el que otros suben piso a piso: unos pueden estudiar una carrera, aprender idiomas, hacer un Erasmus… y así van subiendo, escalón a escalón, mejorando sus oportunidades. Pero un revés puede enviarte hacia abajo. Y luego está un estrato social, esa exclusión severa que nosotros vemos, que está condenada porque no hay ascensor de su piso de abajo al primero.

¿Qué factor es el que más contribuye a generar situaciones de pobreza?

Principalmente, que una persona esté en situación administrativa irregular. Al estar al margen del sistema, no pueden acceder a ayudas ni a contratos de trabajo formales; viven en los márgenes de los márgenes de la sociedad.

¿Han atendido perfiles de personas en Càritas que no esperaban?

Sí, sobre todo jóvenes que llegan con problemas de salud mental. Esto refleja las graves consecuencias de vivir en hogares inseguros y las dificultades que estas experiencias generan en sus vidas.

¿Hay esperanza?

La realidad es cruda, pero el Informe Foessa muestra algunos motivos para la esperanza. La pobreza severa está menos agudizada que en 2018, lo que indica que, de algún modo, algunas medidas o acciones están funcionando. No se trata de un cambio que surja de la nada: hay situaciones concretas que permiten que las personas en pobreza severa lo sean hoy un poco menos.

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