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Cort hace temblar a Sánchez

Cort hace temblar a Pedro Sánchez

Cort hace temblar a Pedro Sánchez

Matías Vallés

Matías Vallés

Cabe imaginar la decepción del ayuntamiento de Palma, al enterarse de que Cort no es la mayor preocupación de Pedro Sánchez en estos momentos. No está claro que la expulsión de la ciudad del presidente del Gobierno, con la espada flamígera de un alado Fulgencio Coll, baste para combatir la saturación palmesana.

Cort hace temblar a Sánchez, igual que Prohens amenazó a las izquierdas que «tremolarien» si adelantaba las urnas. Cabe imaginar la sobremesa en la Moncloa, con un dramático «Begoña, no me marees con tu máster, que tengo a Palma en contra». Sorprende que todo un general de división y jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra como Coll olvide la máxima que encumbró a su colega Napoleón, «nunca interrumpas a un enemigo que está cometiendo un error».

El artículo de prensa esgrimido por Vox para sustentar el exorcismo palmesano de Sánchez data de 2019, por lo que el presidente se ha excedido de momento seis años en su bienvenida, sin que España se acabe de hundir. El retraso en la erradicación del satanizado aumenta las probabilidades de que el presidente del Gobierno también sobreviva a este embate y envite de Cort. Un juicio sumarísimo debe ser ejecutado de inmediato. De lo contrario, se arriesga a recibir la respuesta del personaje de Shakespeare ante un charlatán que presumía de invocar a los espíritus:

-Cualquiera puede invocarlos pero, ¿vendrán cuando los llames?

De ahí que se advierta un trasfondo de sorna en el Antoni Costa genéticamente comedido, cuando declama que el asediado Sánchez «merece eso y más». Y ya en plan Espronceda, que es «el patrón de un barco pirata inundado por un tsunami de corrupción masivo». Con cien cañones por banda. Sin salir de la Palma maltratada, se le desea la misma suerte que a las bellasombras taladas por su base.

Las ultraderechas criticaban con razón al Pacto Progreso por embarullarse en aspiraciones esotéricas, y tropiezan con la misma piedra. Madrid está tan alejado de Palma como Gaza. En el fondo, las huestes del devaluado Feijóo suspiran por encomendarse a un Sánchez sin las contrapartidas.

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