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Al azar

Sánchez pide perdón a diario

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / José Luis Roca

Matías Vallés

Matías Vallés

Todavía no se habían apagado los ecos de las disculpas de Pedro Sánchez por haber confiado en Ábalos o Cerdán, cuando el presidente del Gobierno volvía al confesionario catalán para reconocer públicamente sus errores con Junts. Y cuando la cuota de arrepentimientos de 2025 parecía cubierta, el líder socialista expulsa de la Moncloa a latigazos a los mercaderes sexuales, con otra petición de perdón incluida. No solo es el titular más inocente del cargo por las confesiones en público a que se somete, sino también por su ingenuidad.

En contra de quienes le atribuyen un carácter maléfico lindante con lo diabólico, es demasiado fácil engañar a Sánchez. Ahora bien, abusa de las peticiones de perdón para escamotear la penitencia, porque la táctica del PSOE consiste en reemplazar a los presuntos corruptos solo cuando son descubiertos, para sustituirlos por personajes todavía más indeseables. La situación más embarazosa se presenta cuando los comportamientos reprobables anidan en la Moncloa. Por lo visto, el ambiente del núcleo del Gobierno es digno de Torrente o de Berlusconi, pero todos los machistas desenfrenados disimulaban en cuanto aparecía el presidente mil veces perdonado.

Sánchez está asediado penalmente en su familia, su partido, su Gobierno y hasta su palacio, por no hablar de un Congreso que ya no le pertenece. A trancas y barrancas, con una petición semanal de perdón tardío, va superando la longevidad de su predecesores. Si sobrevive hasta febrero, adelantará a Zapatero, para quedar a solo un paso de Aznar, aunque a distancia insalvable de González. El estudio del poder comparado obliga a consignar que el felipismo puso a un Koldo al frente de la Guardia Civil, por no hablar de los secuestros y asesinatos. Aznar mintió descarada y electoralmente sobre la autoría del mayor atentado de la historia en suelo europeo. Zapatero es el más aseado de los citados, pero arruinó a España hasta el punto de su descarte como candidato. Vista la canonización en curso de sus antepasados, no puede descartarse que Sánchez consiga el perdón que tanto ansía, unos años después de su mudanza de palacio.

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