Mallorquines que han comprado una casa a precio asequible en Asturias: "Baleares se ha convertido en un lugar muy difícil para vivir"
Los compradores de viviendas en el Principado procedentes de las islas se multiplican: "Con 1.300 euros al mes puedes vivir bien, en Mallorca con menos de 2.500 euros no haces nada", señalan Marcos Fernández y Sergio Siverio
"Lo que nos empujó a comprar en Asturias fue la masificación que hay en una isla tan pequeña", explican Lucía Rufafa y su marido, Daniel Amorós

Por la izquierda, Marcos Fernández y Sergio Siverio, en La Azorera (Tineo), con su casa detrás. / LNE
Sara Bernardo
La masificación turística, el desorbitado precio de la vivienda y el cambio climático están detrás de un incipiente fenómeno demográfico: la llegada de ciudadanos baleares a Asturias, en busca de mayor calidad de vida y precios asequibles para adquirir un hogar. Según los últimos datos, un cuarto de las viviendas en el Principado son adquiridas por no residentes en la región. Los principales compradores son de Madrid, pero les siguen los de las islas, con un notable aumento desde hace años, alcanzando las 315 viviendas compradas en 2024.
Marcos Fernández y Sergio Siverio llegaron a Asturias en 2019. Lo hicieron tras más de dos décadas viviendo en Palma. "El estilo de vida en Baleares fue cambiando con los años y a día de hoy es muy caro", explica Fernández, que cerró sus negocios en la isla para abrir una coctelería en Cangas del Narcea y un centro deportivo en Tineo, donde viven. "Asturias tiene una calidad de vida inmejorable, con 1.300 euros al mes puedes vivir bien. En Mallorca con menos de 2.500 euros no haces nada", explican. "Además, la isla es una de las zonas con mayor delincuencia de España, en gran medida por la inmigración descontrolada", comentan. Ese fue otro de los motivos que los llevó a cambiar de aires, afirman.
"A la gente de las islas no les gusta el calor, el cambio climático está haciendo que las temperaturas sean extremas en verano. El norte ofrece un oasis en ese sentido", añade Fernández, que pese a haber vivido en parte del turismo, entiende que es muy difícil formar una vida en Palma. "Nosotros nos compramos una casa en 2004 y en la vendimos por mucho más del doble en 2020, el mercado está disparado", lamenta. "Los sueldos de mis empleados no bajaban de los 2.000 euros y aún así todos compartían piso", explica.

Lucía Rufafa y Daniel Amorós, en Salas. / LNE
En una situación similar están Lucía Rufafa y su marido, Daniel Amorós, que compraron hace unos meses una casa en el concejo de Salas, procedentes también de Mallorca. "El norte lo tiene todo, pero lo que nos empujó a comprar fue la masificación que hay en una isla tan pequeña", explican. En su caso, la casa será de momento una segunda vivienda por motivos laborales, pero su objetivo es acabar por mudarse al Principado de forma definitiva. "En Baleares estás muy condicionado para moverte, dependes de un avión o de un barco", indica Rufafa.
Para Cristina Tarrasa y Ricky Miralles la decisión de dejar Baleares y mudarse a Avilés no llegó por un único motivo, sino por la acumulación de circunstancias que, con el paso del tiempo, hicieron la vida en las islas cada vez más complicada. "Baleares se ha convertido en un lugar muy difícil para vivir", explican. El precio de la vivienda, tanto en compra como en alquiler, ha alcanzado niveles que consideran "sin ningún tipo de sentido", a lo que se suma una creciente presión demográfica. La llegada continua de nuevos residentes ha generado una sensación de saturación que, dicen, impide a los isleños disfrutar de su propia tierra como antes.

Ricky Miralles y Cristina Terrasa, en Avilés. / LNE
Asturias surgió como una alternativa natural y atractiva. Además de tener parte de su familia en la región, ven en el Principado un lugar donde aún es posible mantener una calidad de vida equilibrada. "Es un sitio con muchísimas posibilidades aún por explotar en el buen sentido", señalan.
En su opinión, el éxodo de ciudadanos de Baleares hacia otras regiones responde a una combinación de factores que afecta tanto a jóvenes como a jubilados. Entre ellos destacan el alto coste de lo básico para vivir, el notable aumento de las temperaturas durante los meses de verano y, sobre todo, la búsqueda de lugares que permitan reconectar con lo esencial: tranquilidad, naturaleza y un entorno que facilite una vida menos tensionada.
Un cúmulo de circunstancias que cada vez obliga a más baleares a acabar haciendo las maletas y mudándose a Asturias, adquiriendo viviendas a precios que en Mallorca serían imposibles.
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