Guillem Coll, dos décadas de chófer de presidentes del Consell de Mallorca: «Lo que pasa dentro del coche oficial, se queda en el coche oficial. Incluso aunque no quieras, a veces escuchas cosas"
Tras más de dos décadas al volante de la primera institución de la isla, Coll se jubiló a finales de noviembre. Por el retrovisor ha visto pasar hasta seis presidentes insulares, entre ellos Maria Antònia Munar o Francina Armengol. Dice convencido que «no querría ser político»

Imagen de WhatsAppGuillem Coll, ex chófer de presidencia del Consell de Mallorca, frente a las escaleras del Palau Reial. 2025 12 04 a las 18.38.45 df6f7d60 / DM

Pregunta: ¿Cómo se llega a ser chófer de presidencia en el Consell de Mallorca?
Respuesta: Es una anécdota bastante curiosa. Vi un anuncio en el diario mientras trabajaba de repartidor en Inca, conseguí la instancia, la presenté y pasé los exámenes quedando segundo. Mientras trabajaba de interino en el ayuntamiento, al terminar fui al Consell a ver posibilidades y justo se jubilaba un compañero, así que me cogieron para sustituirlo. Después me presenté de nuevo al examen para funcionario de carrera y lo aprobé. Entré en 1997 como contratado y me convertí en funcionario el 2 de julio de 2001, con una carrera total de 28 años y medio.
¿Ha influido este trabajo en su forma de vida?
Ha cambiado bastante. Pasé de una labor de repartidor a un puesto más cómodo: no pasas frío ni calor, y tienes la responsabilidad de llevar a la primera autoridad de Mallorca, pero por lo demás es muy llevadero.
¿Recuerda su primer viaje como chófer?
Sí, fue con dos arquitectos del Consell desde la casa hasta el cementerio de Muro. Por aquel entonces había tres coches oficiales: uno para la presidenta, otro para todos los consellers y vicepresidentes, y un tercero de incidencias. Cuando yo entré éramos cuatro chóferes, tres trabajábamos y uno estaba libre; ahora somos diez, cinco trabajan y cinco tienen días libres. De Presidencia somos dos fijos desde 2001, mi compañero y yo.
¿Cómo describiría su jornada laboral?
Siempre ha sido similar: llego, cojo el coche y espero indicaciones sobre dónde debo ir a buscar al presidente o presidenta y llevarlo a sus destinos.
¿Siente que la profesión ha cambiado desde que empezó?
Sí. Antes había un protocolo más estricto y rígido; hoy en día es más abierto y relajado. Antes abrías la puerta y esperabas al presidente o proesidenta; ahora nadie quiere eso.
Mucha gente se pregunta qué hacen durante las horas muertas o de espera.
Puedo leer, escuchar música, estar pendiente del móvil por si debo salir, o tomar un café cerca del coche para no separarme mucho. Básicamente paso las horas así.
Ha sido un testigo privilegiado de los quehaceres de los principales estadistas de Mallorca. ¿Aprovechaban los viajes para hacer política?
No, porque los asuntos políticos que no son de la casa se hacen por su cuenta. No es como antes, que la gente creía que llevábamos a los niños al colegio o al supermercado; eso ya no pasa.
¿Se ha tenido que adaptar a cada presidente o presidenta?
Sí, he tenido seis presidentes, cada uno distinto. Nadie exige nada, pero uno se acomoda a sus maneras. Nunca me han pedido conversación ni música; si no me hablan, no hablo, salvo por instrucciones específicas. Algunos presidentes que habían sido alcaldes eran más cercanos y campechanos.
Dos décadas al volante con la primera institucion de la isla dan para mucho. ¿Alguna anécdota que recuerde con especial cariño?
Con la presidenta Maria Antònia Munar, que la llevé durante diez años. En dos ocasiones salió de casa con una zapatilla de cada color. La primera vez no nos dimos cuenta; cuando volvió nos dijo riendo: «Amem si me mirau un poc més». La segunda vez sí se lo señalé y se la cambió. También debo decir que ningún presidente se ha mareado mientras yo conducía, salvo Pere Sampol, que era vicepresidente. Me dijo: «Para, para...».
Siempre se ha dicho que Munar llegaba tarde a los actos y ruedas de prensa...
Ella llevaba su ritmo y tu te adaptabas. Eso sí, nunca me hizo correr ni me hizo saltarme las normas de tráfico.
¿Algún presidente le pedía conversación mientras conducía?
No, silencio o conversación depende de ellos. Mientras voy conduciendo, si no me hablan, no hablo; no empiezo nunca una conversación, salvo para transmitir un mensaje urgente.
Pero alguno más hablador que otro habrá conocido.
Miquel Ensenyat. Es my campechano, se le nota qu eha sido alcalde.
Usted que ha vivido su día a día, ¿cómo diría que es ser político?
Yo no querría serlo. Trabajan muchas horas, pendientes de numerosos temas, pero mientras yo los llevo, ellos pueden moverse relajadamente. Son muchas tareas distintas cada día y deben terminar agotados.
¿Ha tenido que trabajar durante alguna emergencia?
He tenido suerte; las desgracias importantes coincidieron siempre con que estaba mi compañero, no yo, como el incendio de Andratx o la torrentada de Sant Llorenç.
¿Qué le recomendaría a su sustituto?
Está bien preparado, ya ha sido mi sustituto cuando estuve enfermo o de vacaciones; es de la casa y un chico rodat.
¿Echa de menos los antiguos coches oficiales?
Sí. Antes teníamos un Audi A6 muy cómodo y ahora son coches híbridos, más modernos y económicos. Conducirlos es diferente, pero van muy bien. Aun así, echo de menos los antiguos.
¿Cómo han evolucionado las carreteras de Mallorca?
También han cambiado. Están más saturadas, pero antes había embotellamientos y ahora solo retenciones puntuales, especialmente cerca del aeropuerto. En general han mejorado mucho.
¿Cómo ha sido trabajar con Llorenç Galmés?
Él sí trabaja dentro del coche, llevando una lámpara colgada para leer documentos de noche. Es muy cercano, campechano y hace un gran trabajo.
¿Cambiaría algo de su trabajo?
No, es una labor cómoda, con muchas horas de espera, pero no le encuentro puntos negativos.
¿Qué hará ahora que se ha jubilado? ¿Seguirá conduciendo?
Estudié otra cosa y terminé manant, no sé estar detrás de una mesa. Ahora quiero que pasen las fiestas y después darme una vuelta con el coche hasta Galicia o por la península.
¿Hay cosas que haya visto o escuchado que nunca podrá contar?
Sí, lo que pasa dentro del coche se queda allí. Incluso si no quieres, a veces escuchas cosas, pero siempre dentro del ámbito de confidencialidad. n
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