Boulevard
Juan Carlos I presionó a Cristina de Borbón para que se divorciara de Urdangarin
El plan del monarca para librar a su hija del 'caso Nóos' era la separación y que su yerno tuviera un abogado bajo control

CENA DESPEDIDA DE LOS REYES A LAS PRIMERAS AUTORIDADES DE LA ISLA / LORENZO
El vídeo de ultratumba de Juan Carlos I lo muestra recién llegado del Antiguo Testamento. Es más aburrido que una canción de Rosalía, cualquier canción. En el libro adyacente, que todos vamos a comprar para no tener que leerlo, el mayor chiste de ‘Reconciliación’ sería obligar al Rey a pronunciar esa palabra de más de cuatro sílabas sin trabarse. No lo ha escrito, y dudo que lo haya leído, aunque seguramente le habrán comentado algunos extractos. Sin embargo, lleva su firma, lo cual obliga a llamarle fantasioso por lo menos en lo tocante al juicio en Palma de Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón.
En lo menos importante, dice la autora francesa de ‘Reconciliación’ que «los medios de comunicación se ensañaron con mi hija y su marido». Falso, se denominó ‘caso Urdangarin’ cuando debió llamarse ‘caso Infanta’, y gran parte de la prensa se mostró sumisa por remisa a hablar de la corrupción del matrimonio regio, porque el balonmanista «entró a formar parte de la Familia Real cuando se casó con la Infanta». Con todo, la primera carcajada sobreviene al leer que «por ingenuidad, Iñaki firmaba sin pestañear todos los papeles que su socio le pedía».
A través de su amanuense, Juan Carlos de Borbón emprende una emocionada defensa de su yerno, «nos reuníamos unas semanas en Palma en verano». Don Iñaki fue víctima en su versión del juez José Castro, que «buscaba deliberadamente notoriedad». El problema es que esta me la sé, porque la Zarzuela me informó puntualmente de la estrategia para salvar solo a la Infanta, un plan que contemplaba el sacrificio sin contemplaciones del plebeyo Urdangarin en una inteligente operación de contención de daños.
En concreto, me llaman de Palacio en aquellos años turbulentos. Adopto la posición de firmes, antes de preguntar sin dilaciones ni miramientos:
-¿Cómo vais a abordar la situación de la Infanta?
-La solución es que Cristina se divorcie de Iñaki, así de sencillo y en eso estamos. La Infanta queda desvinculada del escándalo y se acabó el problema.
Pocas veces he recibido un impacto similar. La determinación, la sangre fría, la violación del sacramento que la Infanta se negó a violar. Con esta revelación de secretos, entenderán mejor el desaliento actual de Juan Carlos I cuando escribe que «mi hija y él ahora están divorciados, haber pasado por tanto para llegar a esto». Al desembocar en el mismo punto, hubiera sido preferible despachar a Urdangarin en los albores del escándalo. Los sentimientos son secundarios.
Prosigamos las instructivas conversaciones con La Zarzuela. Pregunto:
-¿Os váis a encargar de la defensa de Urdangarin?
-Por supuesto que le ofrecimos un abogado de categoría. Era lo mejor para él y podríamos encauzar la defensa, pero ha preferido a un amigo suyo que no sé ni cómo se llama. No lo entendemos, bah.
De ahí que el Rey anote en ‘Reconciliación’ que «le propuse a Urdangarin que contratara los servicios de uno de los mejores abogados españoles». Omite que el objetivo primordial de esta oferta era controlar al yerno. Llegamos así al fragmento inenarrable de «la Casa Real nunca interfirió en el proceso judicial», y luego dirán que los Reyes no tienen sentido del humor. Que le pregunten a Castro por la propuesta de una entrevista a escondidas con Miquel Roca i Junyent, abogado de la Infanta. O que nos dejen preguntar a nosotros mismos:
-¿Quién llamaba con insistencia y en persona desde Madrid a la Comunidad Valenciana para reclamar los pagos atrasados a la trama, «dadle de una vez el dinero a Iñaki»?
‘No comment’ de La Zarzuela, pero la respuesta se halla en Isabel Villalonga, la valiente altísimo cargo de la Generalitat valenciana que consiguió evitar que Urdangarin cobrara más de dos millones de euros injustificados en 2006, por trabajos no realizados en los fantasmagóricos Juegos Europeos. En sus impagables crónicas del juicio, Felipe Armendáriz la llama «la heroína del caso Nóos», además de destacar la calidad y documentación de su testimonio. La recompensa que recibió fue la destitución fulminante. Tal vez eso explica que ningún funcionario del Govern obstaculizara los pagos en Balears, y así llegamos a nuestra duda reincidente, ¿para qué sirve un interventor?
No se habla lo suficiente del empobrecimiento del lujo mallorquín. Palma dispuso de una de las escasas tiendas de Loewe en toda España, pero ya no, a diferencia de Ibiza que ha incluido a la prestigiosa marca en su milla de oro. Tampoco cuenta la capital con ningún establecimiento de Hermès, aquí con la humillación adicional de que Marbella ya dispone de una tienda de mi marca inaccesible favorita. Y ahora viene la noticia, porque en ambos casos hay negociaciones para que presidan ubicaciones singulares. A propósito, las obras que se realizan en el Borne también precisan del cartel reglamentario en el exterior.
Acabamos con un recuerdo sonriente a Alfonso Ussía, junto a quien disfrutábamos de los mejores ratos del verano al borde de la piscina, cuando Mallorca era divertida y apreciaba la inteligencia.
Reflexión dominical germanófila: «No se puede vender la casa a un alemán en catalán».
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