Entrevista
Antònia Barceló, directora científica del IdISBa: "Hay mucho talento mallorquín en el extranjero por falta de oportunidades"

La directora científica del Idisba, Antònia Barceló, en la sede del instituto minutos antes de esta entrevista / Guillem Bosch

Nacida en 1960 en Sa Pobla, dirige desde hace dos años el Instituto de Investigación Sanitaria de Balears, que la semana pasado reunió a 250 profesionales en las jornadas más importantes de la investigación en salud en el archipiélago, centradas en las ciencias ómicas.
Apuesta por una medicina de precisión al servicio de todos, no solo de unos pocos, y advierte que sin una financiación estable, vivienda asequible y oportunidades, será difícil atraer a los científicos que se marchan.
Las jornadas del IdISBa se han centrado en las ciencias ómicas. ¿Cómo las explicaría a alguien que no es científico?
Yo siempre digo que las ciencias ómicas son un conjunto de tecnologías que nos ayudan a entender mejor la complejidad de cada persona. Somos muy complejos, como individuos y como pacientes, y estas herramientas nos permiten identificar muchísimas variables, como moléculas, genes, proteínas o metabolitos, a un nivel muy pequeño y muy preciso. Después, podemos integrar toda esa información en grandes conjuntos de datos y empezar a ver patrones: grupos de variables que se asocian a determinados tipos de pacientes o de enfermedades. Eso nos ayuda a clasificar mejor a los individuos y a afinar en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de cada persona.
¿Por eso son tan importantes para la medicina de precisión?
Exacto. La medicina de precisión se basa justamente en conocer mejor las características de cada enfermedad y de cada paciente para ser más eficaces. Intentamos entender cómo interaccionan nuestros genes, nuestras proteínas, cómo metabolizamos un fármaco, cómo nos afectan los contaminantes del entorno, qué hábitos de vida tenemos...
En las jornadas los investigadores han hecho un repaso de sus últimos avances. ¿Cuáles destacaría?
Para nosotros ha sido muy importante mostrar la nueva plataforma de imagen molecular y espectrometría de masas que inauguramos hace un mes. Es una infraestructura que se consiguió en una convocatoria competitiva a nivel estatal, y eso ya es un reconocimiento. Esta plataforma permite visualizar un tejido, por ejemplo, un tejido tumoral, y al mismo tiempo medir qué pequeñas moléculas hay en cada zona. Eso abre la puerta a identificar biomarcadores muy específicos que, en el futuro, se puedan aplicar en la práctica clínica.
¿Existe el riesgo de que todas estas nuevas tecnologías generen desigualdad?
El riesgo existe si no se trabaja bien. Estas plataformas son caras y no todos los hospitales o centros de investigación pueden tenerlas in situ. Por eso es tan importante que todo lo que generamos no se quede solo en unos pocos ‘centros VIP’, sino que pueda compartirse de forma ordenada con otros equipos. La idea es justamente la contraria, que la medicina de precisión no aumente las brechas, sino que las reduzca. La equidad, la ética y la sostenibilidad tienen que avanzar en paralelo a la tecnología.
¿Qué nivel tiene el IdISBa en comparación con otros institutos de investigación del país?
Estamos en una muy buena posición. En España hay un proceso de acreditación de institutos de investigación sanitaria que coordina el Instituto de Salud Carlos III. Supone auditorías muy estrictas cada cinco años, en las que revisan cómo se gestionan los proyectos, cómo funcionan los laboratorios, qué grupos tenemos, qué producción científica… Ahora mismo hay 35 institutos acreditados en todo el país y el IdISBa es uno de ellos. Nos acreditaron por primera vez en 2019 y en enero de 2024 nos han reacreditado otros cinco años, lo que nos sitúa en primera línea.

Antònia Barceló, directora científica del Idisba / Guillem Bosch
En 2024 iniciaron en torno a 80 ensayos clínicos. ¿Qué supone eso para los pacientes de Balears?
La investigación clínica es una parte esencial de nuestro trabajo. Queremos que los pacientes puedan acceder aquí a ensayos punteros, sin tener que irse fuera. Para eso hemos puesto en marcha una nueva unidad de investigación clínica en Son Espases, inaugurada este año, pensada para ensayos de fases tempranas, que son los más exigentes en control y seguridad. Además, hemos conseguido financiación específica para mejorar esta unidad, adaptar espacios, reforzar la sala de farmacia, incorporar equipamiento… Los ensayos clínicos permiten que los pacientes se beneficien de tratamientos innovadores, pero también generan recursos económicos que se reinvierten en el propio instituto.
¿Qué proyectos recientes del IdISBa destaca?
Tenemos muchos, pero de este último año destacaría tres. Primero, el proyecto para mejorar la unidad de ensayos clínicos que acabo de mencionar, porque nos va a permitir hacer más y mejores ensayos. Segundo, la nueva plataforma para ciencias ómicas, que es una apuesta clara por la medicina de precisión. Y tercero, el proyecto PREDICT, coordinado desde el IdISBa, sobre ictus en recién nacidos. Es una enfermedad minoritaria, poco frecuente, y para sacar conclusiones sólidas se tienen que coordinar muchos hospitales. Desde aquí coordinamos a 14 comunidades autónomas. Ha sido un esfuerzo enorme, no solo conseguir el proyecto, sino poner en marcha toda la red.
¿Qué línea de investigación diferencia al IdISBa de otros centros?
Tenemos siete grandes áreas de investigación, pero hay una que siempre llama la atención cuando vienen los auditores: Atención Primaria. Hacer investigación en los centros de salud es muy difícil, porque los médicos están desbordados, y aun así en Balears se ha consolidado un núcleo muy potente de investigadores. Tenemos grupos que reclutan población para grandes cohortes nacionales, como IMPaCT, con nodos en centros de salud como Sa Pobla o Santa Ponça. Eso significa que el médico de cabecera, en su consulta, además de atender al paciente es capaz de plantear un proyecto de investigación, explicarlo y conseguir que la gente quiera participar. No es lo habitual en otros institutos y, en nuestro caso, es una seña de identidad muy clara.
¿Está despegando en Baleares un ecosistema biotecnológico o aún es muy incipiente?
Hay empresas muy potentes en tecnología aplicada a salud, pero todavía tenemos mucho camino por recorrer en la conexión entre ese tejido empresarial y el instituto. Tenemos buenas condiciones para cooperar: somos una comunidad pequeña, con distancias cortas, y eso facilita que nos conozcamos y hagamos cosas juntos. Pero hace falta más interacción, más proyectos compartidos y más jornadas en las que nos sentemos investigadores, empresas y administración a pensar juntos.
Baleares sigue en la cola de España en inversión en I+D. ¿Es heroico investigar aquí?
Hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos. Si tuviéramos más investigadores consolidados, más estables, podríamos presentar muchos más proyectos a convocatorias competitivas, tanto públicas como privadas. Y cuántos más proyectos solicitamos, más probabilidades tenemos de conseguir financiación, aunque la tasa de éxito sea del 20 o 30%. No es solo una cuestión de dinero, sino de estabilidad. Por ejemplo, formar a un doctorando, acompañar a alguien en su tesis, lleva años y supone una inversión muy grande. Si cuando termina no tenemos opciones de ofrecerle una carrera investigadora razonable, es frustrante para la persona y también para el instituto.
¿Reciben fondos de la ecotasa?
Sí, y han sido muy importantes para nosotros. Gracias a esas convocatorias hemos podido financiar recursos humanos, como investigadores predoctorales, técnicos de laboratorio, personal para la unidad de ensayos clínicos… Ojalá podamos seguir contando con esa línea de financiación. Lo que pedimos es que, cuando se diseñen estas convocatorias, la investigación sanitaria esté presente como una prioridad más.
¿El problema de la vivienda dificulta atraer talento investigador a las islas?
Sí, claramente, es un problema muy serio, tanto para la gente joven que empieza con salarios de becario, como para investigadores consolidados que podrían volver a Balears. Hay mucho talento mallorquín que se ha ido al extranjero por falta de oportunidades aquí, y es una pena. Si queremos que vuelvan, tenemos que poder ofrecerles unas condiciones mínimamente razonables. Si no, por mucho que quieran, no pueden. La parte positiva es que ahora tenemos un ecosistema mejor que hace unos años, con plataformas muy potentes, grupos consolidados, proyectos internacionales… Eso hace que las nuevas generaciones tengan más opciones de formarse e investigar aquí, aunque el problema de la vivienda lo sufrimos todos, en sanidad y en muchos otros sectores.
¿El Govern del PP apoya lo suficiente la investigación?
Llevo algo más de dos años en la dirección científica y, en este tiempo, he tenido apoyo institucional por parte de la Conselleria. Siempre que he planteado un problema me han escuchado y han intentado buscar una solución. Eso no significa que no necesitemos más recursos, claro: siempre hacen falta más infraestructuras, más personal, más estabilidad. Pero sí puedo decir que he trabajado con un buen clima y con interlocución.
¿Qué le pediría al Govern para dar un salto en investigación sanitaria?
Más recursos y continuidad. Recursos en forma de espacios, de personal estable, de convocatorias específicas para investigación sanitaria. Y continuidad en las líneas que han funcionado, como las ayudas de la ecotasa. Que la investigación se tenga en cuenta cuando se reparten los recursos estratégicos de la comunidad. Lo que no se puede es ir empezando cosas y luego no mantenerlas, la ciencia necesita una visión a medio y largo plazo.
¿La expansión de universidades privadas puede afectar a la investigación pública?
Espero que no. La universidad, por definición, es docencia. La buena universidad, además, tiene un componente fuerte de investigación, que es lo que le da calidad. Mi deseo es que, si entran nuevos actores en el mapa universitario, sea para sumar, para generar más proyectos, más colaboración, más recursos, y no para restar. Prefiero verlo como una oportunidad para tejer más alianzas, siempre que no suponga un recorte de recursos para la universidad pública ni para la investigación que ya existe.
Usted relevó en 2023 a Miquel Fiol, una figura histórica del IdISBa. ¿Qué balance hace de estos dos primeros años al frente del instituto?
El balance es muy positivo. Yo venía de un entorno más hospitalario y ha sido un cambio importante en la forma de trabajar, pero me he sentido muy bien acogida, tanto en el instituto como en la Conselleria. Trabajo intensamente, eso es verdad, pero trabajo a gusto. Tengo la suerte de estar rodeada de un equipo muy implicado y eso lo hace mucho más fácil. No sé cuánto tiempo estaré, pero puedo decir que estoy bien y que vale la pena el esfuerzo.
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