Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Turismo

Mallorca conserva todavía cincuenta hostales que resisten en la era del lujo

En la isla de más de un millar de hoteles sobreviven alojamientos familiares que nacieron al albor del bum turístico

Santanyí, con once, es el municipio con más hostales, Capdepera tiene 7 y Palma y Calvià, 5; todos suman más de 2.300 plazas

Cati Bover, con su padre, Lorenzo, y su hermano, Poncio, dueños del hostal Maracaibo, de Can Pastilla.

Cati Bover, con su padre, Lorenzo, y su hermano, Poncio, dueños del hostal Maracaibo, de Can Pastilla. / GUILLEM BOSCH

Myriam B. Moneo

Myriam B. Moneo

Palma

Cuando lo que se lleva es la suntuosidad en una isla en la que aterrizan las grandes marcas hoteleras internacionales para elevar los precios hoteleros aún más y se multiplican los hoteles boutique cada vez más lujosos, Mallorca conserva cincuenta hostales. Muchos datan de los años cincuenta, sesenta y setenta. Nacieron al albor del turismo de masas. Mientras parte de ellos fueron creciendo y se transformaron en hoteles, una cincuentena conserva esa misma categoría de alojamiento. Los hay que siguen en manos de las familias que los fundaron, como el hostal Nadal, de la familia del alcalde de Sóller, o el Maracaibo de Can Pastilla, de los Bover. Otros forman parte del emprendimiento de directivos hoteleros, como es el caso del Doris de la Colònia de Sant Jordi, de los hermanos Pizà.

Frente al más del millar de hoteles de la isla 50 pequeños establecimientos, que suman 2.337 plazas, han hecho en muchos casos de la sencillez su sello de identidad. Santanyí es el municipio con más hostales, con once. Capdepera tiene 7 y Palma y Calvià cinco cada uno.

Solo en dieciocho municipios de la isla se mantienen hostales

Solo dieciocho municipios de la isla conservan hostales, según el Registro de empresas, actividades y establecimientos turísticos del Consell de Mallorca. En Santanyí los once suman 407 plazas: hay cuatro en Cala d’Or, tres en Portopetro, otros dos en Cala Figuera, uno en Cala Llombard y otro más en Cala Santanyí. Capderera tiene siete (629 plazas). Calvià cuenta con cinco (4 en Peguera y uno en Portal Nous), con 204 plazas. Y en Palma figuran otros cinco, con 170 plazas en total; en la capital solo hay dos, que pertenecen a Uep Hotels, en la calle Apuntadores, aunque forman uno solo (esta empresa cuenta con otro en Can Picafort, el hostal Blanca). En Can Pastilla hay dos y otro está en Playa de Palma.

El hostal Nadal, de la familia Nadal Vaquer, en el centro de Sóller, se inauguró en 1964.

El hostal Nadal, de la familia Nadal Vaquer, en el centro de Sóller, se inauguró en 1964. / DM

Llucmajor y Sóller tienen con tres cada uno, con 161 y 136 plazas, respectivamente. En Ses Salines (Colònia de Sant Jordi), en Alcúdia y en Sant Llorenç (Illot y Cala Millor) hay dos en cada lugar. En Artà también figuran dos, pero uno está de baja temporal

Y un reguero de localidades mantienen un hostal: Andratx, Banyalbufar, Deià, Esporles, Felanitx (Portocolom), Santa Margalida (Can Picafort), Manacor (está de baja temporal) y Pollença.

Recepción del hostal Nadal, en Sóller, de la familia del alcalde, Miquel Nadal Vaquer.

Recepción del hostal Nadal, en Sóller, de la familia del alcalde, Miquel Nadal Vaquer. / DM

La familia del alcalde de Sóller, Miquel Nadal Vaquer, es la propietaria del hostal Nadal. Ubicado en pleno centro del pueblo, presume de llevar en funcionamiento seis décadas. Abrió sus puertas en 1964, cuenta con 26 habitaciones repartidas en tres pisos. «Lo fundaron mi abuelo y mi tío», explica el primer edil. «Eran dos hermanos casados con dos hermanas». Primero abrieron el bar del mismo nombre y «con el bum turístico fundaron el hostal».

Vivir en el Nadal

«Mis padres y mis tíos vivían en el hostal y yo con mis hermanos también, hasta que me casé», recuerda el popular, lo que da cuenta de lo familiar que era el alojamiento. Y así sigue siendo su gestión. Su mujer es camarera de pisos y su primo Gaspar Nadal el director. «Está prácticamente lleno toda la temporada».

El patio del hostal Nadal suele estar lleno de bicicletas. «No es típico de sol y playa». Sus huéspedes van a buscar la belleza y serenidad de la Serra de la Tramuntana. Vienen ciclistas, senderistas y «también muchos mallorquines de fin de semana». Lo que priman son las estancias cortas. La familia Nadal no se ha planteado ni subir su categoría ni vender el establecimiento. Seguirá siendo lo mismo que cuando se fundó: un negocio familiar.

Otro histórico hostal es el Maracaibo, en Can Pastilla, en Palma. «En teoría se autorizó desde el 16 de febrero de 1970», dice Poncio Bover. Lo fundaron sus abuelos, Juan Salom y Antònia Coll. El hermano del abuelo abrió la pensión Vica, «al fallecer se la dejaron a mi madre y después se unificó al hostal». En la actualidad hay 16 habitaciones.

Los padres de Poncio siguieron con el negocio y tras fallecer su madre, él, su mujer, Paquita, y su hermana Cati se quedaron con su progenitor, Lorenzo Bover. «Él es el que manda y que siga por muchos años», dice Poncio, quien compagina la gestión del hostal con la presidencia de la Asociación de Vecinos de Can Pastilla.

«Tenemos trabajadores de empresas, del aeropuerto, pilotos, deportistas...", dice Poncio sobre el Maracaibo

El Maracaibo, que lleva el nombre de la ciudad venezolana por puro azar —«pusieron a dar vueltas un globo terráqueo y el dedo de mi tío se quedó en Maracaibo»— apenas cierra un mes, del 20 de diciembre al 20 de enero. «Tenemos trabajadores de empresas, del aeropuerto (ahora los pintores de las pistas), pilotos, deportistas...». Poncio cuenta que aprendió a hablar inglés con una pareja de clientes británicos que cuando empezaron a venir, «dos o tres veces al año, aterrizaban en Son Bonet». Dice que los clientes «se sienten como en casa» y uno de sus fuertes es «la comida casera».

Estando en Can Pastilla se podría pensar que al hostal Maracaibo lleguen los típicos turistas alemanes que vienen a Mallorca en busca de desenfreno y alojamiento barato. «Aquí no tenemos, mi padre no les deja entrar», zanja Poncio.

«Podríamos ser un hotel de tres estrella, pero perderíamos la esencia», dice Pizà, del hostal Doris

En el sur de la isla los hermanos Tomeu y Joan Pizà se pusieron al frente del hostal Doris, en la Colònia de Sant Jordi «el 1 de enero de 2011». Tiene 16 habitaciones y data de 1967. «Los primeros dueños fueron un matrimonio alemán, ella se llamaba Doris», relata Joan. Tras pasar por «ocho o nueve propietarios estaba bastante dejado». Los Pizà, graduados en Dirección hotelera que trabajaron con Barceló y Grupo Piñero en el Caribe, dan mucha importancia «a la venta directa, no trabajamos ni con turoperadores o agencias». «Hay gente que piensa que un hostal es tipo pensión, preguntan si hay que compartir baño....». Pero el Doris ofrece un servicio de hotel (sin piscina), «hay hasta room service». «Podríamos ser un hotel de tres estrellas», dice Joan, pero «nos comería el gasto para adaptarlo a la normativa» y tampoco pueden hacer en este antiguo edificio un ascensor. «Perderíamos la esencia». Hasta han optado por explotarlo como solo para adultos «porque no podemos insonorizarlo bien». Su meta es abrir diez meses al año: «Tenemos mucha clientela fija que nos lo pide».

El hostal Doris, en la Colònia de Sant Jordi, lo abrió un matrimonio alemán, en 1967, ahora lo explotan los hermanos Pizà.

El hostal Doris, en la Colònia de Sant Jordi, lo abrió un matrimonio alemán, en 1967, ahora lo explotan los hermanos Pizà. / DM

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents