Mallorca alza la voz por el Día Internacional de las Personas con Discapacidad: «Queremos ser ciudadanos con todos los derechos»
Juan Manuel Cánovas, Fabiola Moro y Gabriel Esnel afirman que la plena inclusión «no es caridad», y describen cómo su realidad es un campo de obstáculos: desde la escasez de instalaciones indispensables para su «autonomía y dignidad» en servicios esenciales, hasta el rechazo laboral

Bernardo Arzayus

El 3 de diciembre se marca en el calendario como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Lejos de ser una jornada de celebración protocolaria, se erige como un importante altavoz para amplificar las demandas de un colectivo que exige ser visto no a través de la lente de la caridad o la conmiseración, sino desde la plena ciudadanía y la igualdad de derechos. Las barreras, físicas y mentales, persisten, son más que conscientes de ello, y lo afean, pero también florece una fuerza, acompañada del movimiento asociativo, que demuestra una resiliencia inquebrantable y una capacidad de agencia que interpela a toda la sociedad.
Para una persona con discapacidad, el día a día se convierte a menudo en una batalla constante contra un entorno diseñado, en el mejor de los casos, por omisión. Fabiola Moro, presidenta de Aspaym Balears, con paraplejia por lesión medular a causa de un accidente de moto, describe la frustración por las dificultades en la movilidad: «Las principales barreras que suelo encontrarme son rebajes mal hechos, donde no puedo acceder con la silla, además, el acceso a muchos comercios tiene escalón y tampoco puedo subir».

«Que te digan cosas como inválida o paralítica afecta a la autoestima, porque te lo vas creyendo». / Bernardo Arzayus
Pero las dificultades no terminan en la acera. El acceso a la autonomía, como es la conducción, se ve lastrado por el coste de las adaptaciones de vehículos —que pueden alcanzar los 20.000 euros— y unas ayudas públicas «completamente insuficientes» que, además, obligan a adelantar el dinero. «Yo necesito un aparcamiento de personas con movilidad reducida porque tengo que abrir la puerta al máximo para sacar la silla. Y la gente no respeta estos espacios», lamenta Fabiola, quien señala cómo la falta de civismo se suma a la infraestructura.
En lo que se refiere a la discapacidad auditiva, Gabriel Esnel, usuario de la Fundación ASPAS, pone el foco en la necesidad urgente de tecnologías que garanticen la comunicación. «Me diagnosticaron sordera súbita. Yo me desperté un día y no oía nada, y lo que más se echa en falta son ayudas técnicas, como los bucles magnéticos [un sistema de transmisión de audio que convierte la señal sonora en un campo magnético para enviarla directamente a audífonos o implantes cocleares]. Con su instalación resolveríamos muchísimo el tema de los nervios y la ansiedad que a veces te puede producir ir a un sitio determinado. A Hacienda, por ejemplo, un lugar al que ya de por sí la gente va inquieta, o a hacer cualquier gestión», explica.
Estos dispositivos, que eliminan el ruido de fondo y envían el sonido limpio directamente al implante o audífono, son esenciales en lugares ruidosos como las estaciones de ITV o las urgencias hospitalarias. A pesar de los avances logrados, como la instalación en el Teatre Principal, Gabriel insiste en que «falta todavía mucho por hacer».

«La adaptación de los espacios puede evitarnos mucho miedo y ansiedad». / Bernardo Arzayus
El juicio y la exclusión
Sin embargo, las barreras más difíciles de sortear son, con frecuencia, las que no se ven, las mentales. La actitud social y el lenguaje obsoleto actúan como un muro que niega la dignidad.
Fabiola relata cómo la discapacidad que padece la invisibiliza en ocasiones ante los demás: «Cuando voy con mi pareja, siempre que alguien tiene que preguntar algo, por ejemplo en un restaurante, le pregunta a él, en vez de dirigirse a mí», lamenta. Cuenta, además, que incluso en esferas íntimas, ha de enfrentarse al asombro. «Mucha gente, cuando le digo que mi hija tiene 13 años… Claro, hace cuentas, porque tuve el accidente hace 23, como diciendo, ‘ah, pero ¿podéis tener hijos?’ A veces es por desinformación, pero la gente se sorprende».
Esta percepción social también castiga en el ámbito laboral. La presidenta de Aspaym lo resume con crudeza. «Los empresarios siempre nos miran con desconfianza porque al ver que tenemos una discapacidad, piensan que no vamos a estar al mismo nivel para desarrollar nuestro trabajo».
El lenguaje, esa herramienta fundamental, también está en el centro de la batalla. Gabriel subraya la importancia de la precisión: «Hay que eliminar el término sordomudo. La persona puede ser sorda, pero no es muda, emite sonidos». Y lanza una advertencia a la esfera pública: «No es lenguaje de signos, es lengua de signos. Es una lengua, no es un lenguaje. Incluso políticos y periodistas lo llaman lenguaje de signos, y no es correcto», matiza. Por su parte, Juan Manuel Cánovas (Juanma), evaluador profesional en accesibilidad cognitiva, con discapacidad intelectual, expresa cómo el uso de términos como «minusválido» o «disminuido» afectan personalmente: «Escuchar palabras así me sienta mal, porque sé que ha habido progresos, pero hay gente que todavía no ha detectado estos cambios y no sabe cómo nos podemos sentir cuando nos llaman en esos términos. Somos personas, tenemos dignidad, somos iguales que los demás», espeta.

«No nos gusta que nos excluyan, queremos sentirnos libres de hacer lo que queramos». / Bernardo Arzayus
Derecho a la cultura
El acceso a la cultura, más allá del ocio, es un pilar de la socialización y la calidad de vida. Y aquí, las trabas se multiplican. Fabiola describe el desaire de tener que acceder a un teatro «por una puerta lateral, o por una puerta trasera, como si fuera una marginada. A mí me gustaría poder acceder por la misma puerta que accede todo el mundo», sostiene. Y lo peor llega en las salas, ya que -según explica- las plataformas reservadas para personas con movilidad reducida a menudo solo permiten un acompañante. «Claro, si yo voy con mi marido y con mi hija, mi marido se tiene que quedar abajo y yo estar sola con ella, o voy con ellos y no disfruto del espectáculo para que al menos podamos estar juntos», critica.
Para contrarrestar estas exclusiones, el movimiento asociativo se convierte en un refugio y un motor de cambio. Iniciativas como las de Apropa Cultura Balears [que facilita el acceso a eventos culturales a personas en situación de vulnerabilidad, conectando a programadores culturales con entidades sociale] son descritas por los protagonistas de este reportaje como «vitales». «Si a una persona con discapacidad ya le cuesta moverse, relacionarse, como es mi caso, por ejemplo, y salir de su casa, con las iniciativas de Apropa todos salimos ganando», enfatiza Juanma. Para Gabriel este tipo de iniciativas han ampliado la oferta de funciones accesibles, dándoles la «oportunidad de poder acceder a museos, teatros y conciertos con los que antes ni contábamos». Fabiola explica a este diario cómo el grupo de mujeres en Aspaym del que forma parte se organiza para ir a conciertos y espectáculos, compartiendo coches y brindándose apoyo mutuo, saliendo de la rutina y «socializando, conociendo a personas nuevas».
Hay que tener en cuenta que la inclusión no es solo física o sensorial; es también cognitiva. Cati Amer, directora del área social y federativa de la Coordinadora Balear de Personas con Discapacidad, detalla que la accesibilidad cognitiva «es la que se refiere a la comprensión de los entornos, los espacios, los productos y los servicios. Básicamente es la que nos permite entender todo, y a todo el mundo». El ejemplo más claro de su necesidad son los grandes hospitales o edificios con diseños confusos, como Son Espases: «Si se hubiese tenido en cuenta en su construcción, se habrían diferenciado mejor los edificios y no todos los pasillos serían iguales, por ejemplo», destaca.
Desde la Coordinadora, el equipo de Cati y Juanma evalúa y adapta textos y entornos. La herramienta más preciada es la Lectura Fácil, una norma internacional que simplifica la redacción y el diseño. «Utilizamos solo la negrita o la mayúscula para destacar. Nunca hay que escribir textos ni en cursiva, ni en negrita, ni en mayúscula. ¡Horror total!», dice con humor Cati. Juanma, como evaluador profesional en esta área, reivindica este trabajo: «Una persona que a lo mejor no ha salido de su casa en muchos años y no tiene ni idea de cómo llegar a un teatro o a un museo, tiene que tener toda la información y de forma clara para poder desplazarse y moverse de manera autónoma», explica.
Clamor por la empatía
El camino recorrido es innegable. Fabiola reconoce que, desde su accidente, hace ya dos décadas, se ha avanzado en rebajes de aceras en las grandes ciudades y en el acceso a edificios públicos y franquicias. Juanma celebra que, gracias a sus reivindicaciones, «las entidades culturales nos escuchan, adaptan sus espacios y proponen esos cambios para mejorar tanto su calidad como su servicio». En cuanto Gabriel, aplaude logros como el conseguido en la Universitat de les Illes Balears (UIB) «tras siete años de batalla», donde Aspas alcanzó su objetivo de que se lleve a cabo la instalación de bucles individuales en las aulas.
Pero la plena inclusión sigue siendo una asignatura pendiente. Gabriel considera importante «reivindicar empatía por parte de la sociedad hacia las personas sordas, que la gente conozca un poco las pautas de comunicación, reclamar la accesibilidad universal a los eventos culturales y a cualquier tipo de actividad, porque la gente con discapacidad somos gente normal».
Fabiola también lo pide de forma clara: «Empatía con las personas con discapacidad, que se pongan en nuestro lugar y que respeten nuestras necesidades. Queremos sentirnos ciudadanos con todos los derechos». En cuanto a Juanma, concluye con un reclamo que resuena como el lema del próximo miércoles, 3 de diciembre: «Que todo el mundo se ponga en nuestra piel y que nos incluya, no nos excluya, porque eso no nos gusta. Queremos sentirnos libres de hacer lo que queremos y como queremos».
En un contexto donde la vivienda accesible «brilla por su ausencia» —una preocupación central para Fabiola— y donde la información no llega de forma comprensible a todos, la labor de asociaciones como Aspaym, ASPAS y la Coordinadora se vuelve doblemente vital. No solo proporcionan servicios y apoyo emocional, sino que actúan como guardianes de los derechos, asegurando que las leyes de accesibilidad se cumplan y que la ciudadanía sea consciente de sus deberes.
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