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No se toman el turismo en serio

Turistas en Palma.

Turistas en Palma. / EFE

Matías Vallés

Matías Vallés

Hay una diferencia entre quienes se han hecho millonarios explotando una isla que no les pertenece, y quienes salen incluso a la calle para defender la dignidad de la Mallorca expoliada. Los primeros no se toman el turismo en serio, han ganado tanto dinero con una actividad inusitada que por fuerza han de pensar que se trata de una broma.

Como siempre se puede empeorar, la hipertrofia hotelera ha sido sucedida por el alquiler turístico ilegal, porque el legal es solo un apéndice ruidoso. En tiempos, cada casa mallorquina criaba a un cerdo como si fuera de la familia, para salvar la manutención anual. Ese papel lo juega ahora con idéntico mimo un turista, ojalá los puercos no se ofendan por una comparación también legalizada, porque las explotaciones agrícolas pueden albergar hasta a diez visitantes, que compartirán alojamiento con los gorrinos en estos hoteles boutique o rustique.

Las autoridades desbordadas por el turismo pirata han decidido dialogar en lugar de acudir a la fiscalía, esperemos que no se traslade esta opción a crímenes incluso más violentos que la destrucción de una isla. La propuesta pacificadora viene encabezada por Marcial Rodríguez, a quien cuesta imaginar dialogando con otro ser humano. Sobre todo cuando no se trata de persuadir, sino de tranquilizar.

El fraternal diálogo con los delincuentes va en contra de las víctimas, pero ahonda en la tradición de un sector autorregulado. Hasta el extremo de que cuando los hoteles contagiaron la covid a su clientela, el Pacto confinó a la fuerza a los turistas pero en ningún caso a los empleados o a los establecimientos. Y es curioso que la cautela insalvable de que «los piratas son nuestros votantes» no se traslade a las multas de la ORA.

El PP, que ha llegado a mantener que el cáncer de pulmón es una transacción aceptable a cambio de mantener el negocio de las terrazas ilegales, tampoco se enternecerá por el sufrimiento de los vecinos del turismo ilegal. El Consell no tiene la mínima intención de librar la batalla a los piratas. Su coartada debería ser que, de todas formas, la guerra ya está perdida.

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