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Una jueza de Palma especializada en violencia machista: “Hay que poner el foco en la educación a niveles más tempranos; llegamos tarde”

Entre enero y junio de 2025 se registraron 3.440 denuncias por violencia de género en Balears y se acordaron 742 órdenes de protección. La violencia machista no cesa. Dos juezas de Palma especializadas en la materia analizan la situación y destacan que la carga de trabajo ha aumentado en el último mes

Clara Rodríguez Nieto, magistrada del juzgado de violencia sobre la mujer 1 de Palma, y Judit Casasampere Ferrer, del juzgado de violencia sobre la mujer 3 de Palma.

Clara Rodríguez Nieto, magistrada del juzgado de violencia sobre la mujer 1 de Palma, y Judit Casasampere Ferrer, del juzgado de violencia sobre la mujer 3 de Palma. / B.RAMON / DMA

B. Palau

B. Palau

Palma

Por sus juzgados han pasado decenas de víctimas de la violencia machista y también los presuntos maltratadores. Los casos de violencia de género no cesan ni un solo día en Palma. Clara Rodríguez Nieto, magistrada del juzgado de violencia sobre la mujer número 1 de Palma, apuesta por abordar esta problemática a una edad muy temprana. “Yo creo que se tiene que poner el foco en la educación a niveles muchísimo más tempranos. El problema por el que no mejoramos en esta materia, pese a toda la concienciación, anuncios en la tele y en los periódicos, es porque tu vas a los institutos y chicas de carácter entienden como normal que tu pareja te diga cómo te vistes, que no puedas tener amigos. Esto pasa en los colegios. Yo creo que llegamos tarde, muy tarde a que los niños entiendan que el tener novio no quiere decir que te tenga que dar acceso a mi teléfono, o tenerte geolocalizada o no poder tener otros amigos. Cuando se dan las charlas en los institutos, a lo mejor los alumnos ya tienen quince años y ya están en un momento en el que no hacen caso a nada de lo que viene del centro. Yo creo que a nivel educación se está llegando tarde porque no avanzamos. La realidad es que siguen viniendo al juzgado muchas víctimas que son chicas jóvenes y ven como normal una situación de control por parte de sus parejas. Creo que hay que adelantar la educación en esta materia”, asegura la jueza con rotundidad.

A nivel judicial, se podrían tener más recursos. Y en un mundo ideal haría falta más tiempo para que las víctimas pudieran pensar y reflexionar qué es lo que quieren, porque en poco tiempo tienen que tomar decisiones muy importantes. Son decisiones en un primer momento, pero que te cambian toda la vida”, añade Rodríguez.

Junto a ella, Judit Casasampere Ferrer, titular del juzgado de violencia sobre la mujer número 3 de Palma, asiente. Ambas son juezas especializadas en violencia de género en la capital balear. “Tenemos un componente de presión bastante grande. Tu eres consciente de que estás actuando con víctimas en una situación de vulnerabilidad bastante elevada. Es imposible no darle vueltas a los casos. Hay temas que te tocan más, por ejemplo si ves a un niño muy afectado o cuando ves a familiares desesperados porque ya no saben qué hacer, un padre preocupadísimo por su hija que en ese momento no ve realmente el riesgo que corre. Estos temas te afectan más porque piensas podría ser mi hermana, podría ser mi hijo. Las víctimas son personas que están psicológicamente muy tocadas y sabe mal ver a una persona así, que no puede salir de este bucle”, admite Casasampere, mostrando una empatía hacia las personas más vulnerables.

“Lo que más me afecta es que los casos más graves son los que están totalmente normalizados. Me sorprende ver a las víctimas que quitan hierro a que su pareja las haya golpeado y que el día que casi acaban con su vida dicen se le ha ido la mano y que van a denunciar. Pero hasta entonces llevan años y años en una situación de maltrato que han normalizado. Eso impacta, que con todo lo que se dice en televisión aún hay muchas mujeres que consideran que que tu pareja te pegue entra dentro de lo normal. Y muchísimas más de las que no tenemos conocimiento. Al final, los casos verdaderamente de una sumisión no se llegan a saber, salvo que denuncie un tercero. No se llega a saber nunca. En los casos que he instruido de asesinato, ninguna mujer había tenido un procedimiento, nunca había habido una denuncia previa”, detalla la magistrada Rodríguez, con quince años de experiencia en violencia de género.

El problema de la vivienda

La emergencia habitacional que padece Mallorca en los últimos años favorece los casos de violencia machista. “Hay muchos problemas de violencia de género de relaciones que han terminado, pero por cuestión de que no pueden asumir cada uno tener una vivienda continúan conviviendo. Y eso es un caldo de cultivo peligrosísimo”, alerta la jueza Judit Casasampere. “Sin duda, es un problema grave”, añade.

Muchas de las denuncias empiezan con lo hemos dejado, pero seguimos viviendo juntos. Es un factor importantísmo. Lo acabas de dejar con tu pareja y sigues viviendo en la misma casa, ¿cómo no va a haber problemas? Afecta muchísimo no tener una casa adónde ir”, reconoce Rodríguez.

Además, las islas son uno de los territorios del país con una de las tasas más altas de mujeres que denuncian haber sufrido violencia machista. “Creo que Baleares es una comunidad más abierta, con una gran influencia internacional de extranjeros, alemanes, ingleses; es una comunidad más avanzada, con menos problemas a la hora de denunciar. También hay más casos de violencia debido a la población flotante que es muy elevada, por los trabajadores de temporada y turistas que hace que haya más gente en las islas”, señala Clara Rodríguez.

Un porcentaje significativo de víctimas que denuncian luego se retractan. “La víctima de violencia de género tiene un perfil muy específico y que está muy afectado psicológicamente. Es una persona que tiene un íntimo vínculo con su agresor y eso hace que la víctima en un momento dado se arma de valor y decide denunciar unos hechos pero luego vuelve a su casa, vuelve a hablar con su agresor pese a tener una orden que lo prohíbe y que no siempre se respeta; la familia también juega un papel importante o ellas mismas, por su estado psicológico en el que se encuentran debido a la violencia, ellas mismas se retractan y vienen a renunciar. Nosotros podemos dar la información, pero en ningún caso podemos obligar a una víctima a mantener su denuncia en contra de su voluntad. No la estás ayudando si la obligas”, indica Judit Casasampere.

Clara Rodríguez Nieto y Judit Casasampere Ferrer, las dos juezas de Palma especializadas en violencia de género.

Clara Rodríguez Nieto y Judit Casasampere Ferrer, las dos juezas de Palma especializadas en violencia de género. / B.RAMON / DMA

“Es una materia en la que se ha centrado mucho el apoyo en el momento de la denuncia, pero a veces al día siguiente se encuentran un poco desnudas, sin ese refuerzo positivo del primer día que vinieron a denunciar. No todo el mundo está preparado para el cambio radical de vida de un día para otro. Es muy complicado, sobre todo, cuando no solo es una pareja, sino que también hay niños. Es difícil este cambio de todo a nada de un día para otro. Entonces, a veces puede más el clásico le perdono, no va a volver a pasar, me ha prometido que va a cambiar… y vienen a renunciar. Es verdad que ahora se les explica mucho que si tu has declarado el día anterior y luego renuncias, lo que tu has declarado no se volatiliza, no se elimina, tiene unos efectos. Es decir, tu renuncia no va implicar automáticamente que el procedimiento termine”, añade Clara Rodríguez. “Es una materia más complicada que si fueras víctima de un robo o de una estafa”, confirman las dos magistradas a la vez.

Los menores también acaban siendo testigos y víctimas de los episodios de violencia de género que viven en casa. “A la hora de realizar la comparecencia de orden de protección, en la actualidad está vedado que el padre pueda tener visitas con sus hijos en caso de que los niños hayan presenciado, sufrido o convivido con la situación de violencia, que suele ser lo habitual. La mayoría de las veces no es un episodio aislado, desgraciadamente, es un continuado durante un periodo de tiempo. Los niños ya en ese momento no tienen visitas. Pero, una cosa es lo que adoptamos en el juzgado y la otra lo que pasa al día siguiente. Estas medidas solo valen 30 días, luego les vemos en el procedimiento civil y ves que en ocasiones esas visitas se han venido haciendo. Es muy complejo. Tu proteges al niño, la ley te lo dice, no se fijan visitas y ya está”, explica Clara Rodríguez.

“En la comparecencia de orden de protección, haces preguntas dirigidas a saber cómo están los menores, se les tiene muy en cuenta desde ese momento tan inicial”, reconoce Judit Casasampere.

Guardias por las tardes

A partir de enero, los juzgados de violencia de género de Palma empezarán a hacer guardias por las tardes y los fines de semana. “Una cosa positiva es que podremos hacer conformidades por las tardes, ganaremos en agilidad”, admite Casasampere. Así, en un mismo día la víctima ya se va con su sentencia y el procedimiento no se alarga. “Otra ventaja es ver el procedimiento desde el principio, conoces la causa desde el primer día que entra”, agrega Clara Rodríguez. “Nosotros estaremos tres días seguidos de guardia, desde por la mañana hasta las ocho de la tarde y luego, pasados nueve días, otra vez porque solo seremos cuatro juzgados para turnarnos a partir de enero. Entonces, claro, se hará más pesado, más intenso”, admite Rodríguez.

Desde mediados de octubre, los juzgados de violencia sobre la mujer han asumido más competencias. Ahora, investigan todos los delitos sexuales sin que haya o hubiera existido antes relación de pareja entre la víctima y el supuesto autor. “Tenemos más carga de trabajo desde octubre que hemos asumido las nuevas competencias. Tenemos más carga y de momento somos los mismos tres juzgados de violencia sobre la mujer. Tenemos una jueza de refuerzo transversal, pero es algo puntual. Ella se dedica a los casos de agresiones sexuales en los que no hay relación de pareja”, detalla la magistrada Rodríguez, titular del juzgado número 1 de violencia sobre la mujer.

La carga de trabajo ha aumentado, sin duda”, confirma Judit Casasampere. “No solo son las agresiones sexuales, han entrado casos de trata que son asuntos difíciles que requieren muchas actuaciones”, informa Rodríguez. “Además son asuntos con componente internacional importante”, subraya Casasampere.

A partir de enero, empezará un cuarto juez de violencia de género en Palma, pero los funcionarios serán los mismos, divididos en cuatro equipos.

Pulseras antimaltrato

Los magistrados de Baleares no son muy partidarios de poner pulseras antimaltrato. En las islas, en la actualidad hay 81 dispositivos activos, según datos de la Delegación del Gobierno contra la violencia de género. “La pulsera es una medida muy útil, pero resulta útil en cuanto esté controlada. Si pusiéramos pulseras a todas las víctimas, perdería el sentido. La Policía no podría controlar tantísimas pulseras. Además, en un partido judicial como Palma en el que muchas víctimas y sus agresores viven en la misma ciudad, es muy fácil que estas pulseras estén continuamente saltando. Es muy fácil que se produzcan encuentros casuales en los que víctima y agresor pasen a menos de 500 metros sin darse ni cuenta. Para la víctima que esa pulsera esté constantemente sonando es un problema, son mujeres que viven con mucha ansiedad y esto más que hacerlas sentir protegidas, las hace sentir totalmente desprotegidas. Van recibiendo avisos y viven asustadas. En ocasiones te dicen que no quieren la pulsera, que no pueden más”, reconoce Casasampere.

“Creo que la pulsera tiene algunos inconvenientes, como que la víctima no se pueda olvidar de su agresor en ningún segundo. Te recuerda si el agresor ha pasado a menos de 500 metros por ejemplo si estás tranquilamente comprando. Entonces, no se puede adoptar esta medida sin el consentimiento de la víctima. Requiere una colaboración de ella. Tiene que estar dispuesta a participar en este sistema de protección porque si no, no va a funcionar. Por eso, aquí en Baleares somos prudentes y lo colocamos en casos en los que la víctima entienda que ese recordatorio constante merece la pena porque el peligro que corre es muy elevado”, destaca Clara Rodríguez.

En nuestro territorio yo creo que se está haciendo un uso prudente de las pulseras. En general, cuando la víctima lo pide, se suele adoptar. Pero no tantas lo piden, es una carga para ellas también. Y, claro, no se pone por defecto. Por ejemplo, si él se queda sin batería o sin cobertura, el sistema constantemente te avisa. Te genera mucha angustia y compensa si estamos protegiendo un riesgo muy elevado. Si no, a lo mejor no resulta necesario. Si se ponen menos pulseras, yo creo que es porque se está valorando bien”, explica la magistrada Rodríguez.

Entre enero y junio de 2025 se registraron 3.440 denuncias por violencia de género en el archipiélago y se acordaron 742 órdenes de protección. “Cuando acordamos una orden de protección también lo valoramos, tenemos que considerar que existe una situación objetiva de riesgo para esa persona, no solo que haya indicios de un delito. Se valoran todas las circunstancias”, informa la jueza Casasampere.

“Es una medida que sí que ayuda y debe hacer sentir protegida a la víctima. Ella puede avisar a las fuerzas y cuerpos de seguridad si él incumple la orden. Y el quebrantamiento ya implica unas penas de prisión. No es una tontería. Además, los policías tutores realizan un seguimiento muy exhaustivo y muchos procedimientos se inician por esta labor de los agentes”, recuerda Clara Rodríguez. “La mayor parte de presos preventivos que tenemos son por quebrantamientos”, remarca Casasampere.

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