La crisis habitacional dispara en Mallorca la figura del heredero okupa
El abogado Antonio Martínez explica el auge en la isla de coherederos que se atrincheran en la casa familiar, bloquean la herencia y fuerzan a sus hermanos a demandarle

Si el coheredero tiene un hijo, puede ser catalogada de vulnerable, complicando y «eternizando» el desalojo. / FREEPIK

El inalcanzable coste de la vivienda en Mallorca ha trascendido el mercado del alquiler y la compraventa, infiltrándose en el ámbito más íntimo y sensible: las herencias. Lo que debería ser un proceso de reparto de bienes ordenado se está convirtiendo, cada vez con mayor frecuencia, en un auténtico conflicto judicial y emocional. La figura del «heredero okupa» —aquel coheredero que, tras el fallecimiento de los padres, se atrinchera en la vivienda familiar sin intención de salir ni colaborar en el reparto— está experimentando un auge en la isla. Este fenómeno, «claramente impulsado por los elevados precios del alquiler y el déficit habitacional», está destruyendo la convivencia entre hermanos y llenando los despachos de abogados.
El letrado Antonio Martínez, socio del bufete Martínez Lafuente y experto en propiedad y sucesiones, ha sido testigo directo de esta escalada. En conversación con este diario, radiografía un problema que refleja unas de las caras más crudas de la crisis social en la isla.
Herencia bloqueada
El letrado detalla el mecanismo de esta okupación. No se trata de un procedimiento externo por terceros, sino de un bloqueo interno, amparado en el vínculo familiar. «El heredero okupa surge cuando los padres fallecen, entre sus bienes hay una casa y uno de los herederos, en lugar de irse de la propiedad y esperar a que se reparta la herencia y se distribuyan los bienes, lo que hace es quedarse en la casa sin pagar ningún tipo de alquiler y bloqueando la posible venta y, claro, perjudicando al resto», explica el abogado.
Es crucial actuar con rapidez, idealmente antes de seis meses tras el fallecimiento de los progenitores
Según señala, la raíz del problema es puramente financiera. «En Mallorca y en muchos sitios, donde los precios de las viviendas están por las nubes, lo que ocurre es que al hacer esto te ahorras el alquiler, porque no lo pagan, y el heredero se encuentra con una casa gratis», subraya Martínez. La situación se agrava al punto de que el ocupante puede llegar a tener otra casa alquilada, cobrando una renta mientras vive gratuitamente en el inmueble heredado.
La estrecha relación con la crisis habitacional dice ser «innegable». Con el precio medio del alquiler en Balears rondando los 19,04 euros el metro cuadrado en octubre (y los pisos en Palma superando los 19,29, según los últimos informes inmobiliarios), un alquiler mensual de una vivienda de 80 metros cuadrados se dispara por encima de los 1.500 euros. Para un perfil de bajos ingresos o inestabilidad laboral, la casa familiar se convierte en la única vía de escape viable.

El abogado Antonio Martínez, socio de Martínez Lafuente. / DM
El perfil
El patrón del heredero okupa es sorprendentemente consistente. No es un extraño que entra por la fuerza, sino a menudo la persona que ya estaba allí. «El perfil siempre es el mismo, es lo típico, el hijo o la hija que vive en casa de sus padres desde siempre, que hace su vida, que no se quiere ir, y que siempre dice, ‘no, yo es que estoy en casa de mis padres porque les estoy cuidando’», describe el socio de Martínez Lafuente.
Esta justificación, aunque pueda sonar altruista, carece de sustento legal: «Cuidar a tus padres, si es verdad, que muchas veces no es verdad que lo hagan, no hace que te puedas quedar con la casa. Es un acto altruista, fenomenal, pero eso no te da derecho a quedarte nada», sentencia el letrado.
El perfil de edad se sitúa mayoritariamente entre los 30 y 40 años, generalmente personas con una situación económica precaria o inestable a las que les resulta «muy costoso acceder al alquiler».
El conflicto se vuelve más complejo por el factor emocional, ya que, aunque para el resto de los hermanos, la vía legal es la única solución, implica demandar a un familiar. «El heredero okupa realiza un abuso psicológico con respecto a los demás», lamenta Martínez. Este abuso, y la demora que conlleva, puede tener graves consecuencias, pues si el ocupante tiene un hijo, la persona puede ser catalogada como vulnerable, complicando y «eternizando» el desalojo.
Actuar con celeridad
El experto legal es categórico respecto a los tiempos: la rapidez es clave. Tras el fallecimiento, el plazo fiscal para liquidar impuestos es de aproximadamente seis meses. Este es el tiempo que se considera razonable para que el proceso sucesorio avance con normalidad. Si en ese periodo o incluso antes, el ocupante muestra reticencias, es vital iniciar acciones.
«Yo le daría un mes con mucho. Si en ese plazo no mueve ficha, no quiere saber nada, ya iniciaría el proceso», la acción judicial, afirma Martínez.
El primer paso antes de la demanda -explica- es enviar una comunicación formal solicitando el pago de un alquiler de mercado al resto de los coherederos. Si el ocupante paga, se normaliza la situación. Si no lo hace, se inicia la vía judicial, un «procedimiento que acaba con la persona expulsada de la casa, es como una okupación», si bien puede dilatarse hasta año y medio.
El conflicto está marcado por el «abuso psicológico» del heredero okupa hacia sus hermanos
A pesar de la lentitud procesal, la ley es clara y los casos se ganan «casi en su totalidad, el 99%», apunta. El mayor peligro, según el abogado, es el consentimiento por parte del resto de la familia. Hay casos en los que los hermanos desisten por el factor emocional, sin embargo, el letrado advierte de los riesgos financieros a largo plazo: «Si tú consientes que una persona esté ahí de por vida, el día que quieras vender, no vas a poder hacerlo. Con lo cual, el resto de los hermanos tienen un problema financiero importante».
Martínez recuerda que la inacción o el consentimiento durante décadas pueden incluso abrir la puerta a que el ocupante intente adquirir la propiedad por usucapión (adquirir la casa por ejercer como dueño durante 30 años sin oposición), aunque reconoce que es un caso poco habitual.
En un contexto donde Baleares sufre un importante déficit de inmuebles y con un encarecimiento de la vivienda de venta de más de un 40% en la última década (el doble que la media nacional), según datos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, el problema del heredero okupa se revela como un subproducto de la asfixia inmobiliaria que sufre el archipiélago, obligando a las familias a dirimir en los tribunales las disputas que la falta de opciones habitacionales ha exacerbado.
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