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Xisco Quesada, el mallorquín de 28 años que se abre paso ante uno de los cánceres más letales: "No me asusta morirme"

El mallorquín de 28 años fue diagnosticado en junio con un cáncer de páncreas con metástasis. Desde entonces, comparte su experiencia en sus redes sociales, en las que acumula más de 200.000 seguidores entre Instagram y TikTok

Xisco Quesada posa junto a su camiseta homenaje de la Federació de Futbol de les llles Balears.

Xisco Quesada posa junto a su camiseta homenaje de la Federació de Futbol de les llles Balears. / Manu Mielniezuk

Palma

En España, el cáncer de páncreas representa solo el 3% de los tumores malignos, pero es uno de los más devastadores: apenas entre un 10% y un 12% de los pacientes sobreviven cinco años tras el diagnóstico. La mayoría de los casos se detectan tarde, cuando el tumor ya no es operable —solo un 15–20% lo son al inicio— y la enfermedad suele avanzar en silencio, con síntomas que se confunden con molestias digestivas comunes. Es, según los especialistas, uno de los cánceres más agresivos y con peor pronóstico.

Para Xisco Quesada (Palma, 1997), esas estadísticas se convirtieron en realidad el pasado 5 de junio. Tenía 28 años, dos hijos pequeños, un trabajo estable en la empresa familiar y una vida previsible, tranquila. Hasta que un dolor abdominal que llevaba meses arrastrando terminó llevándole a urgencias, donde una ecografía reveló múltiples lesiones en el páncreas y el hígado. El diagnóstico fue inmediato y demoledor: cáncer de páncreas en estadio 4, metastásico y sin posibilidad de cirugía.

Todo cambió en un día”, recuerda. Xisco abrió sus redes buscando respuestas, casi a la desesperada: “No entendía lo que estaba pasando”. Pero lo que empezó como una búsqueda de información se convirtió en una comunidad de más de 200.000 personas que siguen su día a día, su tratamiento y, sobre todo, su forma de mirar la vida desde un lugar nuevo.

“Me di cuenta de que al compartir lo que vivo también estaba ayudando a otros. Incluso a quienes no tienen cáncer pero empiezan a valorar más lo que tienen.” Su historia, contada sin filtros, ha conectado con miles de pacientes que se sienten acompañados en un cáncer especialmente solitario, donde los síntomas suelen llegar tarde y donde el impacto emocional es tan grande como el físico. El cáncer de páncreas es, para los oncólogos, una carrera a contrarreloj. La supervivencia es baja, el riesgo de recaída es altísimo —alrededor del 80% tras una operación— y los tratamientos, aunque mejoran con nuevas combinaciones farmacológicas, siguen ofreciendo resultados limitados.

Aun así, Xisco se aferra a las buenas noticias que llegan. Tras varias sesiones de quimioterapia, su tumor se ha reducido un 20%, pasando de 3,7 cm a 3. Su mutación genética, BRCA1, incrementa el riesgo de cáncer, pero paradójicamente hace que responda mejor a la quimio. Cuando recibió el diagnóstico, la sombra del tiempo se volvió inmensa: “Me dijeron que quizá me quedaban meses”.

Aquel fin de semana se convirtió en una sucesión de decisiones precipitadas; el sábado pidió matrimonio a su novia y el domingo se casaron. Media hora después firmó su testamento: “Pensé que me quedaban apenas semanas. Y cuatro días después, mi hijo pequeño dio sus primeros pasos. Sentí que la vida se estaba despidiendo de mí".

Pero no fue así. Xisco sigue aquí, aferrado al presente y dispuesto a contarlo: "No me asusta morirme. Lo único que me da miedo es que les pase algo a quienes quiero”.

Su manera de vivir ha cambiado por completo: ahora saborea un paseo, una comida, una conversación con sus hijos: "Antes iba en piloto automático; ahora lo disfruto todo el doble".

Entre sus denuncias en redes, también visibiliza las grietas del sistema sanitario y la carga económica del cáncer para trabajadores como él, autónomos que durante meses siguieron pagando cuotas y que reciben bajas por “enfermedad común”, a pesar de la gravedad: "No culpo a los sanitarios. Hacen lo que pueden. Critico que no haya medios".

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