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Tres décadas de compromiso policial con las "supervivientes de violencia machista": 15.600 expedientes, 495 de ellos activos

La Policía Local de Palma conmemora 30 años de evolución, desde los inicios de la concienciación hasta el desarrollo de un modelo de atención integral centrado en la víctima, pionero a nivel europeo

María Mercedes Pérez, Guillem Mascaró, Jaume Pla, Catalina Sastre y Sebastià Lladó, este miércoles durante la mesa redonda.

María Mercedes Pérez, Guillem Mascaró, Jaume Pla, Catalina Sastre y Sebastià Lladó, este miércoles durante la mesa redonda. / Manu Mielniezuk

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

La Policía Local de Palma celebró este miércoles, en el marco del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una mesa redonda bajo el título Policia Local: 30 anys lluitant contra la violència sobre les dones. El acto sirvió para trazar la compleja pero crucial evolución del cuerpo municipal en la batalla contra la violencia machista, un camino que se remonta a 1995 y que ha culminado en un sistema de respuesta especializada y profesionalizada, con hasta 15.600 expedientes gestionados hasta la fecha.

El encuentro, que comenzó con un sentido minuto de silencio por las víctimas, contó con la participación de figuras esenciales en este recorrido: el coordinador general de Seguridad Ciudadana, Jaume Pla; el jefe de la Policía Local de Palma, Guillem Mascaró; la subinspectora Catalina Sastre; el psicólogo Sebastià Lladó; y la trabajadora social María Mercedes Pérez.

Del cuerpo municipal al servicio integral

Pla situó el año 1995 como el punto de inflexión fundacional. Aunque la labor de la policía judicial y la creación de la sala de atestados ya se habían iniciado en 1992, explicó que la Ley de Ayuda y Asistencia a Víctimas de Delitos (Ley 35/1995) impulsó la creación de la Oficina de Ayuda a Víctimas del Delito. Este hito fue transformador: supuso el inicio de un programa de asistencia que ofrecía, por primera vez, una atención no solo policial, sino también jurídica y psicológica.

Pla destacó que, desde entonces, el servicio ha cambiado radicalmente, especialmente con la llegada de la Ley Integral de 2004. "El gran cambio es llegar a la especialización, la profesionalización de los cuerpos policiales, en este caso el nuestro con una unidad específica," señaló. La respuesta policial actual es un proyecto "transversal" -detalló- que abarca desde la primera atención en el C-92 hasta el control posterior de los agresores. Esta visión se vertebra en la Carta de Servicios, que el coordinador calificó como un instrumento "vanguardista a nivel europeo" por su nivel de implicación.

Protección familiar

La consolidación estructural llegó en 2006 con la creación formal de la Unidad de Protección Familiar (UPFAM). La subinspectora Catalina Sastre, miembro de la unidad, detalló que la UPFA se dedica en exclusiva a la violencia doméstica y de género, actuando como el eslabón final de la cadena de conocimiento policial. Cada caso es asignado a un agente-tutor que se encarga del seguimiento.

El seguimiento -detalló- no solo implica la revisión del expediente y de las medidas cautelares, sino que se centra en el contacto directo y personal con la víctima, ofreciéndole información sobre el procedimiento y consejos de autoprotección. Sastre mencionó un aspecto crucial: la posibilidad de que los agentes realicen acompañamientos camuflados, lo que minimiza la "segunda victimización" y facilita las gestiones discretas para la mujer.

En su intervención, la subinspectora ofreció una panorámica de la intensidad del trabajo realizado, señalando que, desde 1995 hasta la fecha, se han gestionado un total de 15.600 expedientes por violencia de género y doméstica. La unidad, actualmente formada por siete agentes, mantiene activos 450 casos por violencia de género y 45 por violencia doméstica, lo que resulta en una media de 70 casos activos asignados para seguimiento a cada agente. Sastre hizo un reconocimiento explícito a las mujeres que "un día fueron víctimas, pero que hoy son supervivientes", reconociendo que el seguimiento a largo plazo marca la evolución no solo profesional, sino también personal de los agentes.

Sastre y Lladó, en un momento de la intervención.

Sastre y Lladó, en un momento de la intervención. / Manu Mielniezuk

De la vergüenza al control

El psicólogo Sebastià Lladó, quien formó parte de los inicios del servicio en 1991, ofreció una perspectiva sobre la asistencia psicológica que, en sus comienzos, era "algo novedoso" y se prestaba con la colaboración del Colegio de Psicólogos. Lladó explicó que la intervención psicológica en la Policía Local tenía como objetivo principal el apoyo emocional en crisis para la persona que acudía a denunciar.

El experto resaltó que el objetivo de su intervención es ayudar a la mujer a "recuperar la sensación de control" que le ha arrebatado el agresor. En las primeras entrevistas, donde la víctima "suele llegar con baja autoestima y vergüenza", el profesional busca la empatía y la acogida, haciéndole entender que la culpa del maltrato reside en el origen patriarcal y que ella ha hecho lo que ha podido, matizó Lladó. La intervención psicológica se diseñó para facilitar la recuperación, informando al juzgado sobre la sintomatología y haciendo entender a la víctima que, "si bien el perfil del maltratador es común, las mujeres maltratadas no tienen un perfil único", enfatizó.

El acto también contó con el visionado de un pequeño documental con diferentes testimonios de supervivientes describiendo "años de infierno". Su relato, que también cuenta con la voz de sus hijos, subraya la verdad central del encuentro: la lucha policial es fundamental, pero el dolor y la capacidad de supervivencia de las mujeres son el motor que exige la continuidad y el perfeccionamiento de estos servicios.

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