Los perros guía exhiben sus habilidades en Palma: “Son nuestros ojos y significan nuestra independencia”
Unas 300 personas han asistido a la demostración de perros guía de la ONCE en el Polideportivo Municipal Germans Escalas
«Mi perro y yo somos un equipo inseparable. Es difícil explicar la conexión y la magia que se crea entre ambos»

Manu Mielniezuk

«Poneos un antifaz y, ahora, imaginad lo difícil que sería ducharos, preparar la comida o hacer la cama». Con este ejercicio arrancaba la exhibición de perros guía de la ONCE en el Polideportivo Municipal Germans Escalas. Vivir en la oscuridad no es fácil para nadie, pero gracias al entrenamiento y a su carácter, el mejor amigo del hombre puede convertirse en la luz que guía a las personas ciegas.
El evento, organizado por la Fundación ONCE del Perro Guía, tenía como objetivo visibilizar el trabajo de acompañamiento y orientación que realizan estos animales con personas ciegas o con baja visión. Más de 300 personas, procedentes de distintos centros educativos de Palma y de la propia ONCE, asistieron a la demostración. En Baleares hay once perros guía, nueve en Mallorca y uno tanto en Menorca como en Eivissa.
Niza y Viena, dos perros labradores como el 80% de los guía, fueron los encargados de demostrar las habilidades que poseen estos caninos en entrenamiento. Niza llevaba apenas unos meses de adiestramiento y Viena estaba a punto de “graduarse”, pero ninguno de los dos defraudó a sus instructores: superaron todas las pruebas con soltura y maestría.

Los perros guía exhiben sus habilidades en Palma / Manu Mielniezuk
También participaron en la exhibición José Marcos Ruiz, junto a su perro Oruk, y Carmen Soler, acompañada de Quely, quienes explicaron cómo es la vida diaria de una persona ciega. «Es muy difícil transitar por la calle con patinetes, bicis… Las ciudades han mejorado y son más amigables, pero queda mucho por hacer», explicó Soler.
La mujer enfatizó la conexión casi mágica que se crea entre el dueño y su animal: «Mi perro y yo somos un equipo inseparable», y recalcó la importancia que tiene para ellos el pariente del lobo: «Son nuestros ojos y significan nuestra independencia».
Soler destacó que son perros como cualquier otro: «En casa es como un perro más, juegan un montón». Sin embargo, recordó que cuando les ponen el arnés «se ponen el ‘mono de trabajo’». Además, quiso hacer hincapié en los errores que cometen muchos ciudadanos al encontrarse con una persona ciega acompañada de su perro guía: «Muchas veces me despistan al perro: no preguntan para tocarlo y mi perro tiene responsabilidades; si lo distraen, pueden producirse accidentes».
También incidió en este tema la instructora Nuria García, responsable del entrenamiento de los perros guía desplazados a Palma: «Puedes hablar con la persona, pero no entrar en tromba a saludar ni distraer al perro. Siempre hay que preguntar al dueño».
García subrayó que el trabajo de estos animales es fruto de un proceso largo y muy cuidadoso que comienza incluso antes de su nacimiento: «Antes de nacer se seleccionan a los padres por su carácter y su salud. A los dos meses los cachorros se entregan a familias educadoras y, hacia los doce, empiezan un año de entrenamiento hasta graduarse». También recordó que esa primera familia suele mantener un fuerte vínculo con el animal y que, en muchos casos, lo adoptan cuando se jubilan a los 12 años.
La instructora aprovechó para denunciar algunos problemas cotidianos: «A veces no nos dejan entrar en lugares públicos; ayer mismo nos echaron de un restaurante. La ley nos ampara, pero aún ocurre». Otros obstáculos, añadió, provienen de la distracción de los viandantes: «La gente va mirando el móvil y no ve al perro. Cambian de trayectoria y pueden provocar un accidente».
Por su parte, José Manuel Macarro, también instructor de la Fundación ONCE del Perro Guía, destacó la importancia del acceso a más formación y más centros de adiestramiento: «Graduamos unos 100 perros al año, la mayoría labradores, aunque también pastores, golden y algunos cruces. Se entregan sobre todo en Andalucía y Cataluña».
Macarro recordó que estos animales trabajan hasta los doce años y luego suelen quedarse con la misma persona ciega que han acompañado, aunque existen familias voluntarias que los adoptan. También alertó sobre un problema cada vez más frecuente: los perros sueltos: «Muchos propietarios no controlan a sus perros. Vienen a saludar y pueden provocar accidentes porque desconcentran al perro guía».
El adiestrador señaló que la movilidad urbana es hoy más compleja que hace dos décadas: «Los coches silenciosos y la cantidad de obstáculos hacen que el perro guía sea más necesario que nunca. Por eso hay una lista de espera de hasta cinco años».
Para Macarro, la relación que se establece entre el perro guía y la persona ciega es única: «Conviven las 24 horas del día. A los pocos meses son uña y carne; parece que se adivinan el pensamiento. La adaptación es algo mágico».
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