Gabriel Jordá, investigador del Centro Oceanográfico de Baleares: «El agua de lluvia nunca se pierde»
El oceanógrafo participa esta tarde en un taller sobre pobreza hídrica junto a Luis Ferreirim de Greepeace y Aina Llauger del GOB, organizado por Attac Mallorca. La sesión será ewn el IES Llompart a partir de las 18 horas

El oceanógrafo Gabriel Jordà, ante la sede del COB-IEO. / P. E. M.
¿Cuál será la tesis que expondrá en el taller?
Vamos a evaluar si realmente tiene futuro y, si lo tiene, en qué condiciones, la disponibilidad de agua para el consumo en Mallorca. El agua es un derecho humano y vamos a plantear si tendremos la suficiente en un futuro próximo. En mi caso concreto, me centraré más en la situación desde el punto de vista del cambio climático y cómo éste afecta a la situación hídrica.
¿Debemos preocuparnos?
Mallorca va hacia un futuro en el que el agua disponible deberá controlarse, pues si bien podemos decir que hay existencias, lo que ocurre es que de cada vez se consume más. El gran problema son los grandes consumidores, no la familia particular, sino los hoteles y otros elementos que consumen en grandes cantidades.
Pero si tenemos el mar a dos pasos, con agua prácticamente infinita.
Cierto. Y las desaladoras hacen su trabajo, pero lo que pasa es que, en esa transformación, la energía que se consume es muy grande y además generan residuos, con lo cual el agua proveniente de las desaladoras es mucho más cara que la de los acuíferos.
Ha citado el cambio climático. Y pensar que muchos dicen no constatarlo.
Me cuesta mucho creer que los directivos de los partidos políticos negacionistas no conozcan los datos que hacen evidente su existencia. Decir no al cambio climático es más una cuestión de enfrentamiento político que sentimiento real. En el fondo, como pasa con la lengua, se ha convertido en una batalla ideológica y, no olvidemos, también económica, pues detrás de todo están los intereses económicos. Cualquier acción destinada a paliar el cambio climático tiene un coste para las empresas que presionan para que esas acciones no se legislen. Lo que no se dice es que no hacer nada es todavía más caro para la sociedad. Por tanto, no obligar a las empresas a invertir en reducir la contaminación es bueno para ellas, pero nefasto para los contribuyentes.
¿Llueve menos o llueve diferente?
Realmente no estamos viendo una reducción de litros de agua de lluvia de año en año que permita decir que llueve menos, ahora bien, la manera de llover, el clima, en definitiva, sí que está cambiando.
Y mucha de esta agua que cae del cielo, va a parar al mar.
El agua de lluvia nunca se pierde. Una enorme cantidad queda sobre el terreno, se filtra y alimenta los acuíferos, que son los que nos sostiene hídricamente. Piense que no son los embalses de la Serra los que nos proveen masivamente de agua, sino los acuíferos que tenemos bajo nuestros pies y que se regeneran con el agua de lluvia. Además, el agua que llega al mar a través de los ríos o torrentes también hace su trabajo, el de impedir que el mar entre e invada los terrenos colindantes. Existe un equilibrio.
En sus trabajos como oceanógrafo estudia los efectos del cambio climático sobre los entornos cerca de la costa. ¿Conclusiones?
Mire, las especies animales disponen de recursos para aclimatarse al cambio, el problema son las plantas y algas, esas sí padecen en sí mismas el cambio y de rebote lo transmiten a los peces que viven en su entorno.
¿Y dónde situamos la posidonia?
Pues que está en peligro. Esa planta, que no un alga, tiene un límite térmico de veintiocho grados y, a partir de esa temperatura, sufre y muere. Pues mire, si bien ese límite se daba cuando aparecían puntualmente temperaturas extremas, ahora se da prácticamente cada año.
¿Por qué es importante la posidonia?
Porque nos da muchos servicios; entre ellos, la transparencia del agua a través del hecho de atrapar sedimentos y, sobre todo, por ser refugio de multitud de especies. Y sin olvidar que forma praderas de captación de dióxido de carbono y que, además, actúan como protectoras de la costa, menguando el nivel de las olas, que llegan con menos fuerza; sin la posidonia, una tormenta normal ocasionaría el mismo impacto que el de la tristemente recordada tormenta Gloria de hace unos años.
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