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Carmen Ortiz, delegada de Igualdad de Satse en Baleares: "El acoso sexual condiciona la carrera profesional de las enfermeras y fisioterapeutas"

El sindicato ha puesto cifras a una realidad que muchas profesionales viven en silencio: "Ninguna de las afectadas lo ha denunciado en comisaría"

La delegada de Igualdad de Satse en Baleares, Carmen Ortiz.

La delegada de Igualdad de Satse en Baleares, Carmen Ortiz. / Satse

Irene R. Aguado

Irene R. Aguado

Palma

La última encuesta de Satse habla de que dos de cada tres enfermeras y fisioterapeutas han sufrido acoso sexual. ¿Qué fotografía hace de la realidad?

Ha sido un golpe de realidad muy duro. Es la primera vez que hacemos una encuesta específica sobre acoso sexual y ahora, por fin, tenemos datos para afirmar que es un problema muy grave. El 66,7% de las enfermeras y fisioterapeutas encuestadas en Baleares reconoce haber sufrido acoso sexual en los últimos tres años. Es una barbaridad. Y lo más grave es que la inmensa mayoría no lo denuncia, ni siquiera lo comunica a sus superiores. Sufren estas situaciones y las callan, la mayoría de veces por miedo.

¿Por qué ocurre?

En muchos casos, la gente ni siquiera sabe identificar qué es acoso sexual o por razón de sexo. Otros sí lo saben y lo hacen igualmente, pero hay una parte que reproduce lo que ha vivido toda la vida. Por ejemplo, históricamente ha sido gracioso hacer chistes sexistas sobre las enfermeras, que es una profesión muy estereotipada. Los trabajos relacionados con los cuidados, como la enfermería o la fisioterapia, se han sexualizado mucho. Eso no lo justifica en absoluto, nuestro objetivo es tolerancia cero, pero explica por qué a algunas personas dicen ciertas cosas o tienen determinadas actitudes que hoy son inaceptables y, además, pueden ser constitutivas de delito.

¿Qué tipo de conductas son?

En la encuesta hemos recogido muchas situaciones distintas, desde comentarios hasta conductas físicas, y estamos hablando de comportamientos que llegan a ser muy graves. Por ejemplo, casi un 30% de las enfermeras y fisioterapeutas de Baleares dice que ha sufrido tocamientos no deseados: desde una mano en la cintura, hasta tocar los glúteos u otras zonas íntimas sin su consentimiento. Hablamos de contacto físico que ni es solicitado ni es bienvenido y que hace sentir muy mal a quien lo sufre. También chistes sexistas, insinuaciones constantes, comentarios sobre el cuerpo o la vida sexual, miradas lascivas… Hay muchas formas de acoso sexual y a veces son sutiles, pero igual de dañinas.

¿La encuesta refleja la dimensión real del problema? ¿Cree que hay aún más casos?

Aunque la muestra es representativa, es probable que solo sea la punta del iceberg. La encuesta confirma que la mayoría de las profesionales que han sufrido acoso sexual no lo denuncian ni lo ponen en conocimiento de sus superiores. De esas dos de cada tres que han sufrido acoso, ninguna ha presentado denuncia en comisaría.

¿Por qué no se denuncia?

Por miedo a represalias, sobre todo. Muchas veces quien acosa es un superior o un compañero con el que tienes que coincidir todos los días. O miedo a que no te crean: un 21,18% dice que no denuncia por temor a que se ponga en duda su palabra. También pesa mucho la falta de pruebas, porque muchas de estas conductas ocurren cuando no hay testigos. Y un 35% habla de falta de confianza en la eficacia del propio protocolo. Todo eso hace que decidan callar, lo que tiene un coste altísimo para ellas.

¿Quiénes son los agresores?

Tanto compañeros de trabajo y superiores, como los propios pacientes. En la encuesta se podía marcar más de una opción, porque una misma mujer puede haber sufrido acoso de un paciente y también de un compañero o de un superior. El 54,3% señala haber sufrido acoso por parte de pacientes o usuarios: pacientes, familiares, acompañantes… Y, al mismo tiempo, los datos muestran que hay muchísimo acoso entre los trabajadores: un 22% por parte de superiores jerárquicos, un 29% en personas de la misma categoría y un 67,5% en personal de otra categoría laboral. Es decir, el problema no se limita a pacientes que cruzan una línea; hay mucho acoso entre compañeros y jefes.

¿A qué edades se sufre más acoso sexual?

Afecta a todas las edades. La encuesta tiene un abanico de edades muy amplio y todas las franjas están representadas, desde profesionales jóvenes hasta mujeres de 60 a 64 años, e incluso más. No es una cuestión de las generaciones jóvenes. Las enfermeras con más años de experiencia relatan haber sufrido acoso, y las más jóvenes también. Es un problema estructural.

¿Qué consecuencias tiene para ellas sufrir acoso sexual en el trabajo?

Las consecuencias están muy estudiadas y son muy importantes. A nivel personal, provoca secuelas físicas y psicológicas: ansiedad, insomnio, síntomas depresivos, sensación de culpa, miedo… Y a nivel laboral tiene un impacto enorme. Hay profesionales que renuncian a un ascenso para no coincidir con la persona que las acosa, que piden un cambio de servicio o que incluso acaban cambiando de empresa. El acoso sexual condiciona su carrera profesional y su vida entera, es algo inconmensurable para quien lo sufre.

¿Funciona el protocolo del Ib-Salut previsto para el acoso sexual?

Es cierto que algunos casos que nos llegan se están resolviendo de manera eficaz, pero el propio protocolo prevé plazos de revisión, y ahora mismo tanto el plan de igualdad del Ib-Salut como el protocolo de acoso sexual se están revisando porque tienen muchos puntos de mejora. Hay puntos obsoletos y, a la vista de los datos, un margen enorme para avanzar.

¿Qué hay que mejorar?

Para empezar, mucha gente ni siquiera sabe que el protocolo existe. Una de las mejoras urgentes es darle la máxima difusión para que cualquier profesional sepa que tiene una herramienta y cómo activarla. Luego hay que revisar los procedimientos, garantizar la confidencialidad, acortar plazos y reforzar la protección a la persona que denuncia. Y, sobre todo, necesitamos que el plan de igualdad y el protocolo no sean papeles en un cajón, sino instrumentos que se apliquen de verdad en los centros.

¿Qué medidas urgentes reclama Satse ?

Lo primero, campañas de sensibilización permanentes. Hay que implantar una cultura real de tolerancia cero frente al acoso sexual. En segundo lugar, formación obligatoria para todas las plantillas. No puede ser que solo se formen las personas que participan en el protocolo; cualquier trabajador tiene que saber qué es acoso sexual, por qué es tan grave y qué puede hacer si lo sufre o lo presencia. También pedimos que las evaluaciones de riesgos psicosociales incluyan el riesgo de acoso sexual. Igual que se mide el estrés o el acoso laboral, debe medirse también este riesgo en todos los centros. Y exigimos que las empresas promuevan condiciones laborales que lo prevengan, cumpliendo estrictamente los planes de igualdad y los protocolos.

¿Qué pueden hacer los compañeros cuando ven una situación de acoso?

No mirar hacia otro lado. Quien presencia una situación de acoso tiene que frenarla y apoyar a la persona que la está sufriendo. Si nadie dice nada, el mensaje para quien acosa es que puede seguir haciéndolo, y para la víctima, que está sola.

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