Un joven sudanés se rompe tras ser condenado en Palma por patronear una patera: “He venido aquí para mejorar mi vida”
El acusado cruzó media África con su hermano de 17 años huyendo de la guerra hasta llegar a Argelia, donde se embarcaron rumbo a Mallorca
El tribunal le puso en libertad ayer, tras cinco meses preso, después de que aceptara una pena de dos años de cárcel que le fue suspendida

El joven sudanés de 26 años, ayer durante la vista oral en la Audiencia de Palma. / B. P.

El joven Pal salió de la sala de vistas de la Audiencia de Palma con lágrimas en los ojos. Se rompió ante el tribunal que le acababa de condenar por patronear una patera que arribó a las costas de Llucmajor el pasado junio. “He venido aquí para mejorar mi vida. Les doy las gracias y les prometo que no me volverán a ver por aquí”, indicó sin poder contener el llanto.
El acusado, de 26 años y originario de Sudán del Sur, cruzó media África con su hermano de 17 años huyendo de la guerra para llegar a Argelia, donde se embarcaron en una penosa travesía rumbo a Mallorca. Un periplo de más de 4.000 kilómetros. Dejaron atrás la zona de conflicto, a su madre y a sus cuatro hermanas que les ayudaron a costear el viaje, ya que su padre había fallecido, y cruzaron el desierto en busca de un futuro mejor. Una vez en Argelia, se dirigieron a la costa norte, desde donde partieron en una precaria embarcación de ocho metros de eslora y un solo motor de 85 caballos con una veintena de personas a bordo. El joven encausado, sin obtener ninguna contraprestación económica, se puso a los mandos de la patera, que se quedó sin combustible al cabo de un día y medio de iniciar la ruta. Después de tres días navegando, el 10 de junio de 2025 alcanzaron una playa de Llucmajor.
Ese día, fue detenido. Desde entonces ha permanecido preso hasta que ayer el tribunal de la Sección Primera le puso en libertad. El joven sudanés no pudo contener las lágrimas y rompió a llorar, tras dar las gracias a los magistrados.
El encausado, que se enfrentaba en un principio a una petición de pena de la fiscalía de seis años de cárcel, reconoció los hechos ante la Sala y se declaró responsable de un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros. Aceptó finalmente una condena de dos años de prisión, ya que el ministerio público tuvo en cuenta las especiales circunstancias del caso y que el joven migrante había colaborado en la investigación y por ello rebajó su solicitud de pena.
La Audiencia Provincial dictó sentencia ‘in voce’, le impuso dos años de cárcel y acordó el decomiso de la embarcación intervenida. Luego, la Sala, a petición del abogado defensor, le suspendió la pena de prisión con la condición de que no delinca durante cuatro años. Los magistrados le concedieron este beneficio al valorar que el joven carece de antecedentes penales, no hay responsabilidad civil en este caso y la pena no supera los dos años.
El acusado patroneó la pequeña embarcación de fibra de vidrio el pasado mes de junio en la que viajaban 22 personas. Se adentró en aguas españolas eludiendo cualquier tipo de puesto fronterizo autorizado e incumplió los requisitos de entrada en territorio español.
Barca interceptada
La travesía se inició la noche del 7 de junio de 2025 desde una playa en Argelia y tres días después, el 10 de junio, llegaron a tierra. La nave fue interceptada en la zona de Ses Olles de Son Granada de Baix, en Llucmajor.

Patera interceptada en la costa de Llucmajor donde viajaban 22 migrantes, cuyos patrones fueron detenidos. / POLICÍA NACIONAL
Según la fiscalía, la barca no cumplía con ningún estándar de seguridad marítima internacional, sobrepasaba con mucho su límite de capacidad de pasaje, carecía de radio, radar, compás, VHF marino, GPS, bengalas o sistemas de aviso, motor auxiliar y remos. Además, el combustible era insuficiente para el trayecto y una parte se derramó y causó quemaduras leves a nueve ocupantes.
Todo ello, unido a las insuficientes reservas de agua y comida para el viaje, determinó un riesgo grave para la vida e integridad de los pasajeros, quedando a expensas de cualquier eventualidad que pudiera ocurrir en alta mar. La patera podría haber desaparecido o los migrantes morir ahogados o con hipotermias severas.
El viaje fue organizado por terceras personas no identificadas asentadas en Argelia y que cobraban a cada adulto ocupante de la embarcación cantidades equivalentes entre los cuatro mil y los nueve mil dólares, según el ministerio público.
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