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Análisis

Prohens desenfunda la bomba atómica

Las izquierdas «temblarían», como dice la presidenta, en unas elecciones anticipadas que no se atreverá a convocar

La presidenta del Govern balear, Marga Prohens

La presidenta del Govern balear, Marga Prohens / EP

Matías Vallés

Matías Vallés

El siempre anodino Parlament ha sufrido la mayor sacudida de la legislatura, y en esta ocasión sin necesidad de que Gabriel Le Senne rompiera nada. Marga Prohens ha desenfundado el arma atómica de las elecciones anticipadas en una intervención en la cámara, por primera vez en la historia.

Cuando Balears era apenas una provincia aderezada por un Estatut, sus presidentes no gozaban de la prerrogativa de una interrupción voluntaria de la legislatura. La reforma cocinada por Rosa Estarás y Félix Pons amplió la capacidad resolutiva y sobre todo ‘disolutiva’ del titular del Govern. En el artículo 52 de la carta magna regional, consagrada a las «Causas de extinción de la legislatura», se establece que «finalizará de manera anticipada por disolución acordada por el Presidente o la Presidenta de las Illes Balears».

Una vez determinada la capacidad de proceder a la muerte súbita, corresponde explorar qué sucedería si Prohens materializara su amenaza en el Parlament, siguiendo la pauta de María Guardiola en Extremadura tras fracasar en los Presupuestos. La presidenta de Balears desató una explosión nuclear en el fragor de una réplica al PSOE de Iago Negueruela, pero la excitación lógica del debate no autoriza a bromear con la decisión suprema de la legislatura, proceder a su liquidación precipitada.

Por una vez, Prohens andaba además perfectamente encaminada en su predicción de que las izquierdas «tremolarien», si se acelerara el calendario electoral. El resultado de unas elecciones anticipadas es tan previsible, que parecer rutinario desglosarlo. Se registraría una victoria casi abusiva de las derechas y ultraderechas, que hoy suman 34 escaños y desbordarían fácilmente esta cosecha. Los progresistas quedarían borrados del mapa, aunque Més subsistiría con la proporción residual que impide su renovación.

Ahora bien, el camino hacia los 40 diputados sobre los 59 que acoge el Parlament es un triunfo de los conservadores, no estrictamente del PP. El crecimiento garantizado de Vox, nunca tan determinante como desean los izquierdistas resentidos, podría lograr incluso que el ascenso de las derechas coincidiera con un retroceso aunque mínimo de la puntuación de Prohens.

En el mismo pleno en que amagó con derribar las columnas del templo de la legislatura, Prohens reconoció que se encuentra en «minoría». Se acabaron los cacareos de «gobernar en solitario». o de que «el PP suma más escaños que toda la izquierda junta», presunciones erróneas desaparecidas del discurso.

Las izquierdas «tremolarien» con el estallido de Prohens, pero Vox saldría beneficiada. Sin embargo, el argumento a favor del avance electoral reside en que se dispararía la cotización de la actual presidenta. Dejaría de ser una mera «sucesora de Armengol», la predecesora que nunca se atrevió a disolver, para adquirir brillo propio y consolidarse con todos los honores. En cambio, si reduce lo ocurrido a una vaga expansión anímica durante una escaramuza, queda empequeñecida por frivolizar. El pasado diciembre se escribió el artículo «Prohens no convoca ni con boca pequeña», bajo la misma firma que este. A todo líder le llega su Rubicón, aunque desconozca la palabra.

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