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La consellera deja el tabaco

La consellera deja el tabaco

La consellera deja el tabaco / FREEPIK

Matías Vallés

Matías Vallés

Un policía puede consumir drogas libremente, como cualquier otro ciudadano, sin que este hábito debilite su compromiso contra el narcotráfico. También un médico puede fumar, o incluso mostrarse compasivo ante un fumador, pero en ningún caso comprensivo frente al tabaquismo. Si se trata de una consellera de Sanidad, el abandono del cargo es previo a cualquier vacilación o titubeo sobre la toxicidad de la nicotina, digan lo que digan Robert F. Kennedy Jr. y Donald Trump, que por cierto no fuma tabaco.

En su primera encarnación, Manuela García antepuso el negocio de las terrazas a la salud de sus ciudadanos, un comportamiento singular en una consellera de Sanidad. Ha costado convencerla de su papel oficial, fue más rápida perdonando cuatro millones de euros en mascarillas fraudulentas a Koldo. Su rectificación al dejar el tabaco debió ir acompañada de una petición de perdón a los enfermos castigados por la plaga. Nadie le ha preguntado si fuma, pero no puede consumir en nombre de sus ciudadanos.

Pasando a médicos de prestigio, el mallorquín Ferran Morell Brotad ha atendido a decenas de miles de víctimas del tabaco, con una precisión. «Yo fumaba, hasta que vi el efecto del tabaco en mis pacientes». La consellera no ha mostrado la misma sensibilidad.

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