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Jóvenes mallorquines con coche eléctrico: «Vamos muy atrasados, faltan puntos de carga por toda la isla»

Varios jóvenes mallorquines ya usan coches eléctricos y enfrentan el dilema entre la inversión a largo plazo y el temor a la falta de infraestructuras, que podría colapsar barrios y pueblos ante un posible boom de ventas

«Si el número de vehículos eléctricos se duplica en los municipios, tendremos un problema: no hay suficientes puntos de carga para todos»

Miquel Ballester tiene un coche eléctrico desde hace pocos meses.

Miquel Ballester tiene un coche eléctrico desde hace pocos meses. / Pere Morell

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Pensar a futuro es una tarea difícil en la era de la inmediatez en la que vivimos instalados. Las ollas que duraban décadas y los muebles centenarios ya forman parte del pasado: ahora todo lo tangible debe ser barato y rápido, para poder gastar en el placer inmediato.

Sin embargo, aún hay jóvenes que se privan de ciertos caprichos y deciden invertir sus salarios en una opción a largo plazo como son los coches eléctricos. Pagan más ahora, pero lo hacen con la idea de ganar en el futuro.

«Los coches eléctricos son nuestro futuro; queramos o no, estamos obligados a coexistir con ellos», explica Miquel Ballester.

El joven ingeniero bunyolí hace meses que conduce un coche eléctrico y asegura que, para adquirir un vehículo de estas características, hay que cambiar el chip: «En un coche de combustión pasas en un minuto de tener 10 kilómetros a 800. En uno eléctrico necesitas enchufarlo con tiempo; tienes que reeducarte y planificar». Ballester destaca que los precios son cada vez más competitivos y que, a largo plazo, se gana dinero: «Con todas las ayudas y subvenciones que hay, la diferencia con un coche de gasolina no es tan grande».

Falta de puntos de carga

Los jóvenes conductores se enfrentan al dilema entre fomentar la compra de coches eléctricos y el temor a la falta de infraestructuras, que podría colapsar barrios y pueblos ante un posible boom de ventas. «Llevo dos días sin poder enchufar el coche porque no hay sitio. Si el número de vehículos eléctricos se duplica en los municipios, tendremos un problema: no hay suficientes puntos de carga», comenta Ballester.

El joven explica que la mitad de los cargadores en Bunyola «no funcionan», un problema que se conoce desde hace meses. Según datos oficiales de la Conselleria de Empresa, Autónomos y Energía, en julio el 70 % de las 1.300 plazas de carga actuales estaban en funcionamiento. Esto implica que más de 350 permanecían inoperativas.

«Algunos puntos de carga aparecen como disponibles en el mapa interactivo del MELIB, la red de recarga coordinada por el Institut Balear de l’Energia (IBE), pero luego en realidad no funcionan», señala Lucía López. La joven, que vive en Santa Ponça, comenta que la falta de enchufes «no es un drama para ella» porque puede aparcar y cargar el vehículo en su trabajo.

Lucia López suele cargar el coche en el trabajo.

Lucia López suele cargar el coche en el trabajo. / Pere Morell

No obstante, López explica que Santa Ponça, al ser una localidad turística, sufre una avalancha de visitantes en verano que satura los puntos de carga. Por ello, aboga por incrementarlos «mucho» para paliar estos efectos durante la temporada alta y ante un posible aumento del número de coches eléctricos entre los residentes.

Aumento en las ventas

La tendencia confirma que el mercado de los coches eléctricos —incluidos los híbridos, los de mayor demanda— goza de buena salud. Representan ya casi seis de cada diez automóviles matriculados en Baleares, con 11.230 unidades vendidas entre enero y septiembre. Con la única excepción del País Valenciano, ninguna otra comunidad autónoma ha mostrado un crecimiento tan notable.

«No entiendo por qué no se extiende todavía más la compra de coches eléctricos. No son tan caros y te ahorras mucho a la larga», asegura Pere Font. El joven compró el suyo hace cuatro años: «He hecho unos 60.000 kilómetros desde 2021 y habré ahorrado unos 1.200 euros anuales, comparando el precio de la gasolina con el de la electricidad. Calculé que en seis años amortizaría la inversión, y a partir de ahí todo serían ganancias».

El arianyer también reclama más puntos de carga en los municipios de la isla: «Cualquier punto de luz es un potencial enchufe». Sin embargo, Font insiste en que la falta de enchufes no debe ser una excusa para no comprar un vehículo eléctrico: «¿Cada cuatro días no encuentras un cargador? No me lo creo».

Miquel Cabot no sufre los problemas de otros conductores, ya que cuenta con un garaje propio que le garantiza poder cargar el coche siempre que lo necesita, aunque eso implique un mayor gasto en electricidad. «Es cierto que no ahorras tanto, pero si combinas el coche eléctrico con una instalación de placas solares, la eficiencia es máxima», explica.

Cabot asegura que los precios son razonables: «A mí me costó 15.000 euros descontando las ayudas, aunque depende de tus necesidades. Yo no necesitaba un coche grande ni con mucha autonomía. Cuanta más autonomía quieras, más pagarás»

Evolución autonomía

Uno de los principales hándicaps de los vehículos eléctricos era su escasa autonomía. Sin embargo, los modelos más modernos alcanzan entre 500 y 600 kilómetros, lo que convierte a Mallorca en un territorio ideal por sus distancias cortas. «Antes eran muy diferentes. Los primeros coches eléctricos eran muy caros y apenas llegaban a 200 kilómetros de autonomía. Ir a Capdepera y volver era prácticamente imposible», recuerda Pau Carbonell.

El ingeniero industrial es natural de Son Sardina y su familia fue pionera en la compra de coches eléctricos: «Compramos un Smart en 2017 con poca autonomía, luego pasamos a un Golf de renting. Han evolucionado muchísimo; ahora la relación precio-autonomía es mucho mejor».

Motor silencioso

Uno de los puntos flacos para los amantes de la conducción en los coches eléctricos es que son todos automáticos y silenciosos. Sin embargo, para Carbonell esto no supone un problema: «Hay gente que prefiere que suene el motor; yo no. Lo encuentro mucho más cómodo: gas y freno, y ya está. Es suave y no hace ruido».

El ingeniero también destaca el alto ahorro: «Se ahorra mucho; es una inversión a largo plazo. Calculo que cada 100 km ahorras unos 8 euros. Si cargas en la calle, todavía es gratis. En ocho años habremos ganado unos 1.000 euros de ahorro anual. Un coche de gasolina puede costar 20.000 euros nuevo, y uno eléctrico 30.000, pero con ayudas puede salir mucho más barato. Además, el mantenimiento es menor».

Carbonell también cuenta con una instalación eléctrica en su casa que aumenta la eficiencia: «Con placas solares y coche eléctrico puedes cargar casi gratis con energía del sol. Todo son inversiones a largo plazo: hay que coordinar cuándo cargarlo. Si tienes que ir a Manacor, por ejemplo, debes preverlo antes».

El joven también apela a la problemática de los puntos de carga como un freno a la hora de comprar un vehículo eléctrico: «Vamos muy atrasados: faltan puntos de carga y más autonomía. Si lo tienes en casa, perfecto; si no, toca buscar por la calle». En Son Sardina solo hay puntos de carga en el metro, a más de 10 minutos a pie del pueblo: «Yo tengo garaje, pero si vives en un piso tienes un gran problema».

Aun con todo, el sardiner comparte con los otros jóvenes que el futuro depara una sustitución de la gasolina por la electricidad en los vehículos. «Es difícil pronosticar los caminos que nos depara el futuro, pero sí creo que los coches eléctricos lo son», sentencia Carbonell.

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