Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La mayoría de personas mayores en residencias de Mallorca sufre desnutrición: «Comer solo triturado no es digno, se mueren de pena"

En Son Caulelles el 90% de los usuarios está desnutrido según un estudio realizado por el geriatra Oriol Miralles, que ve extrapolable este dato al resto de instituciones residenciales de la isla

Abuelo

Abuelo / Ingimage

Mar Ferragut Rámiz

Mar Ferragut Rámiz

Palma

La mayoría de personas mayores que viven en residencias sufren desnutrición. Según un estudio realizado en Son Caulelles, residencia del Institut Mallorquí d'Afers Socials en Portòl (Marratxí), el 90% de los usuarios están desnutridos. Así lo ha concluido Oriol Miralles, el médico geriatra autor de la investigación que sostiene que este dato es extrapolable al resto de centros residenciales de la isla y defiende implantar de forma generalizada un protocolo para atajar este problema que achaca a diferentes factores.

Así lo ha explica Miralles hoy durante la presentación del Anuari de l'Envelliment de la Universitat (UIB), volumen que este año llega a su edición número 18 bajo la dirección de la catedrática Carmen Orte. El artículo de Miralles es uno de los 27 que componen el anuario.

El especialista en geriatría ha recordado que vivimos inmersos en una epidemia de obesidad, pero que en paralelo existe también una epidemia de desnutrición, muchas veces invisible. En el ámbito residencial, ha recordado que el perfil ha cambiado profundamente y han dejado de ser un “llar d’avis” para personas relativamente autónomas para ser un recurso para personas con alta dependencia, pluripatología, cronicidad compleja, síndromes geriátricos, demencia, pérdida de visión... y, muy a menudo, desnutrición. Son personas muy difíciles de manejar en el domicilio y extremadamente frágiles.

En Son Caulelles, ha relatado, realizaron un estudio con 72 residentes, con una edad media de 84,3 años. Los resultados fueron contundentes: el 90,3% presentaba desnutrición, con un 67% de casos leves-moderados y un 32% de desnutrición grave, y el 97% cumplía criterios de sarcopenia, una enfermedad progresiva y generalizada que afecta al músculo en las personas mayores, con pérdida de masa, fuerza y funcionalidad. Las personas desnutridas mostraban menor fuerza manual, más dependencia funcional y mayor deterioro cognitivo, recoge el artículo, que precisa que solo el 25% de los casos leves recibía suplementación oral y que la mitad seguía dietas adaptadas en textura, algo asociado a un mayor riesgo nutricional. El artículo habla de "una situación crítica" que requiere medidas sistemáticas de cribado, adaptación dietética y asistencia personalizada.

En su exposición, Miralles ha insistido en aunque esos datos podían hacer pensar que se estaba actuando mal, la lectura positiva es que han sido "valientes" al poner números a un problema muy prevalente en nuestra sociedad, "el elefante en la habitación", y que no se da solo en las residencias (la mayoría de usuarios ya ingresan desnutridos al centro, ha indicado). El reto ahora consiste en crear y aplicar un protocolo de actuación desde el momento de la entrada de la persona en el recurso, especialmente en una población con riesgo de exclusión social y económica y una fragilidad extrema, con el objetivo de dignificar los últimos años de su vida.

En Son Caulelles ya aplican un protocolo para atajar este problema, que incluye medidas avaladas por la bibliografía, como la formación del personal asistencial para mejorar la manera de ayudar a comer, hacer del comedor un espacio más agradable, mejorar la presentación de los platos y en promover dietas más liberalizadas: "La prioridad es que la persona coma", ha indicado, "luego ya veremos si hay que corregir otros parámetros por otro lado". Además, en la residencia de Marratxí (que tiene un centenar de usuarios y se organiza en unidades de convivencia, lo que la hace más asequible y facilita la atención centrada en la persona) apuestan por una cocina al gusto real de los residentes, apostando por comida mallorquina casera con platos adaptados para aumentar las ganas de comer, en contraste con la tendencia a los cáterings industriales. ¿Es posible atajar este problema sin más personal? Miralles ha razonado que siempre hará falta más personal en las residencias, pero cree que con las plantillas actuales ya se podría mejorar mucho el tema de la desnutrición mejorando la formación, los espacios y las dietas que se ofrecen.

Carmen Orte, en el centro, con algunos de los autores y colaboradores (del IMAS y de la Fundació Guillem Cifre de Colonya) del Anuari de l'Envelliment

Carmen Orte, en el centro, con algunos de los autores y colaboradores (del IMAS y de la Fundació Guillem Cifre de Colonya) del Anuari de l'Envelliment / M.F.R.

El geriatra ha recordado que la desnutrición siempre tiene una causa multifactorial: deterioro cognitivo que reduce la sensación de hambre; disfagia que obliga a dietas trituradas o texturas modificadas; depresión e hiporexia, una especie de anorexia ligada al estado de ánimo, además de otros factores anímicos y físicos (como la necesidad de usar prótesis dental) que afectan al apetito. Ha subrayado también la dimensión institucional del problema: la persona desnutrida a menudo habría querido estar en su casa, donde su entorno conocía qué le gustaba comer, mientras que en el ámbito residencial debía adaptarse a dinámicas ya establecidas. Afectan mucho los tiempos y horarios marcados y las dietas poco personalizadas, muchas veces reducidas a la dicotomía entre triturado o sólido. "La comida triturada no es digna, hay gente que se muere de pena" , ha indicado, recordando de nuevo el vínculo entre la comida y el bienestar emocional, subrayando la idea de que necesitamos disfrutar con la comida y no sólo nutrirnos y que ese disfrute también es salud.

Todas estas medidas se están aplicando en Son Caulelles, pero la intención era poder extrapolarlas al resto de residencias del IMAS y, en un futuro, lo ideal sería que el protocolo también se instaurara en centros privados. Para Oriol Miralles, el objetivo final era hacer visible la desnutrición, medirla de forma sistemática y actuar de manera estructurada para combatirla.

Personas mayores con dificultades económicas para comprar comida

Otro capítulo del Anuari de este año también se refiere a la alimentación de las personas mayores, pero desde el punto de vista social. Joan Martorell, portavoz de Mallorca sense Fam, que ha participado en el volumen explicando cómo están respondiendo a las dificultades para comprar comida que tienen cada vez más personas mayores. Antes del covid ya habían detectado que "había muchas personas mayores que, con sus pensiones, no llegaban a fin de mes". Gracias a un buen caso real de trabajo en red en el barrio de Son Espanyolet y alrededores, con la implicacion de la farmacia Planas, de los médicos del PAC de Santa Catalina y del grupo del GREC del Terreno, aprovecharon el circuito de atención social de la zona para localizar y atender a estas personas. Se organizaron cuatro grupos de reparto a domicilio para poder cubrir todos los casos. Además de repartir comida a los usuariosque se acercan a su sede calle Vinyet, cada miércoles se reparten bolsas de comida y productos de limpieza a personas mayores que no pueden desplazarse. En 2024 llegaron al domicilio de 54 personas mayores de 65 años, y un centenar recibió ayuda en la sede. El perfil mayoritario es el de mujeres solas de entre 65 y 74 años con pensiones bajas.

Martorell ve claro que el número de personas mayores que necesitarán ayuda para comer crecerá y por eso quieren expandir su programa pero, ha indicado, para eso necesitan más apoyo económico.

Durante la presentación de esta mañana, también han estado presentes Francesca Llodrà, profesora de Derecho de la UIB, que ha escrito un capítulo sobre las donaciones en vida, explicando los detalles de esta opción pactada de transmisión de bienes en vida y recalcando que ésta no puede ser entendida como una política de vivienda y que en ningún caso las personas mayores han de sentirse "presionadas" para ceder en vida su casa. Ferran Dídac Lluch i Dubon por su parte, otro autor habitual del anuario, ha trabajado este año en una revisión de lo avanzada que está la asistencia a personas mayores por parte de robots (especialmente avanzada en China y Japón) y ha esbozado las posibilidades futuras que la IA podría suponer en este ámbito.

Carmen Orte, directora del Anuari, ha recordado que el 17% de la población de Baleares tiene más de 65 años y ha insistido en que, como recogen muchos de los trabajos, es necesario "cambiar la mirada" sobre el envejecimiento y "replanteárselo todo".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents