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Al azar

A una década del Bataclan, (y de Charlie)

Homenaje a las víctimas de los atentados de Bataclan.

Homenaje a las víctimas de los atentados de Bataclan. / Emma Da Silva / AP

Matías Vallés

Matías Vallés

El mundo debería concederse un minuto de descanso, para celebrar el estancamiento del terrorismo islámico. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde el 11S, dos décadas del 11M, se llora el décimo aniversario del Bataclan y de Charlie. Las sucesivas matanzas se presentaron en todos los casos como una ignición que continuaría y crecería, cuando incluso la relación citada rinde un número decreciente de víctimas mortales. En el caso de París, la masacre servía de lección a quienes declaraban que Francia estaba exenta por no haber participado en la guerra de Irak. También Londres era elegida sede olímpica el seis de julio de 2005, por su excelente convivencia interracial. Al día siguiente, cuatro bombas islamistas mataban a 56 personas en la capital británica.

Ha habido más asesinatos al grito de «Alá es grande», pero sin llegar a los 80 tiroteados del Bataclan, más medio centenar en las terrazas parisinas. Nueva York, Bali, Casablanca, Madrid y Londres se encuadran en el primer lustro del siglo. Trump acaba de recibir en la Casa Blanca al líder sirio de Al Qaeda, disfrazado de traje con corbata. Secuelas como la maratón de Boston no ocultan que las policías han espabilado, para interceptar por anticipado las bombas en un concierto de Taylor Swift en Viena. Queda claro por qué no se pone coto al crimen organizado, cuando se dispone de la identidad de los centenares de bandas implicadas.

Por tanto, la digitalización ha favorecido antes al Estado controlador que a los movimientos revolucionarios, racionales o desquiciados. En cuanto al yihadismo asesino, fue sucedido por una crisis financiera también terrorista y provocada por las élites bancarias, por lo que no cumplieron ni un solo día de cárcel. La covid fue probablemente un subproducto de la investigación científica de alcurnia, con virus dopados y externalizada a China. La única esperanza de supervivencia de los aventureros con bomba consiste hoy en su detención lo antes posible. El enemigo vuelve a encarnarse en Rusia, relativamente fácil de situar en un mapa.

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