Entrevista |
La frenética evolución de Palma a través de los ojos de la catedrática Maria Barceló Crespí: "Ha cambiado más en 50 años que en los últimos cinco siglos"
La Catedrática emérita de Historia Medieval de la UIB repasa su medio siglo de trayectoria docente y de investigación

LOCAL. MARIA BARCELO CRESPI, HISTORIADORA / GUILLEM BOSCH
Maria Barceló Crespí (Porreres, 1951) es Catedrática emérita de Historia Medieval de la Universitat de les Illes Balears. Todas las generaciones de historiadores formados en la UIB han pasado por sus clases. Después de 50 años de docencia e investigación, la medievalista pasa a ser investigadora colaboradora. Se doctoró en 1982, con Premio Extraordinario,, centrando su tesis en la Ciutat de Mallorca medieval. Ha sido la primera decana de Filosofía y Letras y hasta hoy única Hija Ilustre de Porreres. También fue reconocida con el Premi Ramon Llull (2005).
Muchos de sus alumnos recuerdan su lapidario «aprender Historia nos permite conocer el pasado y entender mejor el presente para no repetir errores en el futuro». ¿Todavía lo ha seguido pregonando en la clase inaugural del curso?
Cada vez es más complicado repetirlo porque, si uno está al día de la actualidad y lee la prensa, ve que las personas y el ser humano repiten muchos errores. Esta frase ya se ha convertido en un tópico, pero estaría muy bien que se cumpla porque el mundo que nos rodea no ha aprendido ninguna lección.
Cincuenta años de docencia e investigación, ¿qué ha tenido más peso en su trayectoria?
Al cincuenta por ciento. Me ha gustado mucho impartir clases, tanto en la enseñanza no universitaria como en la UIB, y también he aprendido mucho enseñando. Considero que la investigación no solamente debe quedarse en los círculos académicos, sino que este conocimiento debe transmitirse y divulgarse de forma rigurosa.
Ha sido la primera mujer decana de Filosofía y Letras en la UIB, primera presidenta de la Societat Arqueològica Lul·liana y primera Hija Ilustre de Porreres. ¿Se considera una pionera?
Probablemente sí. Y estos tres méritos podrían ser los más especiales para mí. Sobre todo ha sido un honor y un privilegio formar parte de la Societat Arqueològica Lul·liana. Empecé como secretaria y llegué a presidirla durante 18 años. Es una entidad cultural fundamental. Ya tiene 145 años de vida y, cuando todavía no existían instituciones autonómicas, insulares, municipales, ni universitarias; era la única que trabajaba, en la medida de sus posibilidades, por y para el patrimonio y las excavaciones arqueológicas en Mallorca.
¿Tiene la sensación que ha ido abriendo camino para otras mujeres de la isla en el mundo de la cultura?
En mi curso era la única niña de la clase, fui la primera mujer con un título de doctorado en Porreres y la primera doctora de Historia Medieval en Mallorca. Entonces no estaba tan normalizado como ahora vernos ostentando cargos de poder, decisión y responsabilidad. Si antes tampoco era común ver mujeres medievalistas, afortunadamente ahora la cosa ha cambiado mucho y para bien.
Es ley de vida que se marchen referentes del medievalismo, el último ejemplo ha sido el reciente fallecimiento de Antoni Riera Melis. ¿Existe un relevo generacional?
No ayuda que las Humanidades, y la Historia en particular, tengan menor acogida de la que nos gustaría. Supongo que, en general, el interés baja ante las salidas profesionales que puedan tener. Pero en positivo diré que, cada vez que asisto a un congreso, veo a gente joven interesada en el medievalismo.
¿Y en la UIB habrá sucesión a su legado académico?
Sigo ligada como investigadora colaboradora, pero la institución queda en las buenas manos del profesor Antoni Mas y es todo un honor que la doctora Victòria Burguera se haya incorporado al departamento con la prestigiosa beca Ramón y Cajal. También tenemos a otros jóvenes que trabajan bien dentro del campo de la Historia medieval.
¿Qué papel juega el Grup de recerca d’Estudis Medievals (Gresmed) que usted impulsó?
Es el elemento que aglutina el medievalismo en Mallorca. Aunque ahora lo encabeza la profesora Tina Sabater, lo siento como un hijo propio. Hace un año, el Gresmed se ha consolidado como grupo de R+D+I en la universidad y aglutinamos de forma interdisciplinar Historia,Historia del Arte y Literatura en el campo del medievalismo. Estas son las tres principales ramas, pero también tienen cabida la Historia del Derecho, la Filosofía,la Música o Arqueología medieval. Anualmente celebramos los Seminaris d’Estudis Medievals, también publicamos y llevamos a cabos otras iniciativas lúdicas.
¿Cuánto ha cambiado el perfil del universitario en medio siglo?
No puedo concebir que haya alumnos que no se lean un libro en todo el curso. Tampoco puedo aceptar que se llegue a la universidad cometiendo faltas de ortografía. No se pueden cursar estudios superiores sin escribir ni expresarse correctamente. Hoy en día hay un mayor dominio de la tecnología, pero los conocimientos me gustaría que fuesen más sólidos. A pesar de todo hay alumnos muy buenos, pero son una minoría.
Ha visto nacer y crecer la UIB, ¿qué echa de menos de su espíritu y esencia fundacionales?
La familiaridad. Tengo mucho sentimiento de pertenencia, pero esta ya no es la universidad de los inicios en el Estudi General Lul•lià. Antes éramos menos profesores y alumnos, todo el mundo se conocía y suplíamos la escasez con esfuerzo, ganas y dedicación. Ahora no todo lo que ha evolucionado ha sido para bien, tanta informatización me desborda. Soy más de papel y lápiz.

LOCAL. MARIA BARCELO CRESPI, HISTORIADORA / GUILLEM BOSCH
Hizo la tesis doctoral sobre la Ciutat de Mallorca medieval. ¿La evolución de Palma se ha descontrolado en los tiempos recientes?
Defendí mi tesis en 1982 y Palma ha cambiado más en 50 años que en los últimos 500. La ciudad ha dado cien mil vueltas. Me refiero a nivel urbanístico y humano. A principios del siglo XX toda la gente de Ciutat se conocía, ahora es imposible ni siquiera planteárselo.
Actualmente en el centro histórico hay edificios catalogados reconvertidos en hoteles. ¿Las futuras generaciones podrán recuperar este patrimonio?
No sé que pasará, pero me duele muchísimo. Desde las ruinas romanas hasta el modernismo, Palma es una gran ciudad y no se han hecho los esfuerzos necesarios para, como mínimo, reconocerla como Patrimonio de la Humanididad. Solamente el estilo gótico lo merece. Tenemos monumentos como la Seu, la Almudaina, Bellver, la Llotja y cerca de aquí Santa Eulàlia o Sant Francesc. Importa más el turismo, ya sea de masas o el llamado de lujo, mientras que la cultura ha perdido mucho peso. No solamente hay que pensar en los edificios, sino también en los elementos arquitectónicos y artísticos que lo conforman, así como también la documentación que han generado y que se puede consultar en los archivos que tenemos en Palma como el Capitular de la Catedral, del Regne de Mallorca, el Diocesano del Obispado, además de los parroquiales, conventuales o particulares.
Precisamente también llama la atención la deslocalización de elementos como los que mencionaba. Por ejemplo a las escalinatas góticas originales de Palma y encontradas en Marratxí o incluso en puntos tan lejanos como Estados Unidos.
Sorprenden mucho estas noticias, pero no son los únicos elementos arquitectónicos que ya no están en su contexto original. Me planteo qué podemos hacer si son privados y sus propietarios no tienen sensibilidad ni estima por el patrimonio. La Diputación no quiso comprar en su día los Bous de Costitx por 90.000 pesetas de la época a pesar de que la Societat Arqueològica Lul•liana luchó por ello.
En los últimos años parece que gana terreno la tendencia de valorar el pasado con los ojos del presente. ¿Se abusa demasiado del revisionismo histórico?
Tal vez sí, pero todavía cometemos errores como el de vender o maltratar el patrimonio histórico. Siempre me ha preocupado que la divulgación rigurosa también trate de sensibilizar sobre la importancia del patrimonio cultural. Si lo conocemos desde pequeños, podemos llegar a quererlo y evidentemente protegerlo y preservarlo.
¿Qué armas tiene el historiador hoy en día ante el poder que pervierte el relato hacia su interés?
No tiene ninguna. El historiador está desprotegido ante el poder. El gigante Goliat se come al pequeño David. Siempre ha habido presiones, pero hoy en día solamente se piensa en turismo, levantar hoteles y destruir el paisaje.
La digitalización permite poder consultar cualquier documento sin tener que ir al archivo. ¿Qué se pierde por el camino?
No se puede ir contra el progreso. Facilita las cosas a la gente joven y también la conservación de la documentación. Pero yo he sido criada de otra manera. Me gusta ir al Arxiu del Regne de Mallorca y acudo desde 1971. Lo que me gusta es encontrarme con los compañeros investigadores para conversar o debatir, oler el papel antiguo e ir con cuidado a la hora de pasar las páginas. Esto desde casa no se puede percibir de la misma manera. Reivindico que el historiador debe ir a los archivos y tocar físicamente el papel.
Usted rompió el mito de que nadie es profeta en su tierra al recibir el Premi Ramon Llull y ser Hija Ilustre de Porreres.
En Mallorca se dice que ‘les marededeus d’enfora són més ben vistes que les de prop’, pero en mi caso estoy muy agradecida. Me emocionó mucho por mis padres ser la segunda persona de mi familia reconocida en Porreres y la primera mujer en el pueblo.
¿Cómo le gustaría que sea recordada su trayectoria?
Como la de una persona que ha querido mucho esta tierra y su lengua, y que ha querido conocer y divulgar la historia de Mallorca. Estoy muy agradecida de que, a pesar de haber tenido a centenares de alumnos durante 50 cursos, muchos de ellos todavía se acuerden de mí al verme años después de terminar la carrera.
¿Siente que se deja alguna tarea sin terminar?
Ahora mismo lo que más me llena son los cursos de Historia que organizo con la Agrupació Cultural de Porreres cada dos viernes desde hace tres años. Son ciclos de doce lecciones. Este año dedicaremos seis lecciones a Historia del Arte de Mallorca y las otras a la Historia de la Lengua y la Literatural local. El hecho de que venga más de medio centenar de personas de un pueblo con 5.000 habitantes, hace que me vaya a casa muy satisfecha. Espero que alguna de las explicaciones cale en la gente. La historia de la iglesia de Porreres interesa mucho y nunca me he cansado de hablar sobre ella.
¿Se puede decir que la Historia local está de moda?
EnMallorca tenemos la suerte de contar con mucha gente que estudia la Historia local. Algunos de ellos no son profesionales, pero siempre aportan aspectos interesantes. Este tipo de investigaciones no son un fenómeno exclusivo de la actualidad. Ya en el siglo XIX existían muchos eruditos locales, la mayoría formaban parte del clero, que aportaron documentación que luego hemos podido aprovechar. Eso sí, con el debido contraste y haciendo lecturas nuevas y diferentes. Tampoco quiero olvidarme de este fenómeno que se está produciendo en casi todos los municipios de la isla con la convocatoria de jornadas de estudios locales. Eso, con el paso de los años, ha producido un volumen de información que se agradece mucho y servirá para las futuras generaciones de investigadores.
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