Entidades y migrantes de Baleares dicen ‘basta’, acusan a la derecha de «manipulación perversa»
Carlos Martín Ciscar, de Les Balears Acollim; Mustafa Boulharrak, de la Asociación de Marroquís de las islas, y la hondureña Patricia Díaz critican que PP y Vox utilizan «el drama humano para ajustes políticos»

Mustafa Boulharrak, Carlos Martín Ciscar y Patricia Díaz. / DM

Alfombra roja para el turismo y puerta cerrada y con «discurso de odio» para quienes sostienen la economía. Colectivos de migrantes y organizaciones de apoyo social en Blaears han lanzado un grito de alarma contra el endurecimiento de la retórica política de PP y Vox, acusándolos de utilizar la llegada de pateras para «crear un chivo expiatorio» y desviar la atención de problemas sociales acuciantes como la crisis de la vivienda o la sanidad. Lo califican sin tapujos de «discurso de odio barato» y «manipulación perversa» diseñada para obtener réditos políticos a costa de la dignidad humana.
El portavoz de la Plataforma Les Balears Acollim, Carlos Martín Ciscar, denuncia sin paliativos una distorsión intencionada en el tratamiento mediático y político del tema migratorio. «Es evidente que la migración se está tratando así para poner el foco en ello, cuando temas como la vivienda, el acceso a la sanidad o la formación, son los que realmente no resuelven», asegura el activista, quien subraya la hipocresía de la situación al destacar que «en una comunidad como Balears, si no fuera por los migrantes, su industria principal no funcionaría», además de apuntar que el volumen de llegadas, que se quiere «magnificar», supone apenas unas 600 personas de las que se quedan en las islas, frente a «decenas de millones» de turistas anuales. En su opinión, el intento de «sacar rédito» de este drama «pone de manifiesto la talla de los políticos con los que estamos tratando». El portavoz de Les Balears Acollim detalla que la llegada de pateras tan «significativa» de este verano haya sido utilizada por quienes tienen el poder y profundiza que lo que verdaderamente ha sido importante ha sido la «respuesta ciudadana» que se organizó de manera espontánea desde el principio para ofrecer «un trato humano» a las personas abandonadas en el puerto, un acto que contrasta con la «lectura sesgada» inicial de las instituciones. Esta movilización fue clave -sostiene-para presionar a la Delegación del Gobierno y obligar a que se pusieran en marcha «diferentes mecanismos» para la atención digna. Cabe recordar que tras su actuación, la institución anunció la apertura de un nuevo espacio modular para la acogida temporal de migrantes en el puerto de Palma, además de la ampliación de los recursos de primera atención para estas personas.
Su discurso no es más que una estrategia política para ganar votos
En la misma línea, Mustafa Boulharrak, presidente de La Asociación de Marroquís de Balears (Al Magreb), califica la retórica de los partidos de derecha como un «discurso no aceptado» que «promueve el odio y la xenofobia, y no para resolver los problemas que tenemos aquí en Balears». Boulharrak considera que se está haciendo un uso «cínico y oportunista» de las situaciones humanitarias, por lo que reprocha que se utilice «este drama para ajustes políticos con el gobierno central o con otras partes». El líder asociativo insiste en que estas llegadas se deben tratar «a través de las normativas, de los programas que la comunidad europea e incluso España preparan para ello», y «no a través de un discurso político barato».
Ambos representantes coinciden en señalar que el clima social y político ha sufrido un retroceso significativo, que se traduce en un palpable cambio de enfoque institucional. Boulharrak apunta que se ha pasado de programas de acogida e integración a una línea de «segregación, separación y exclusión». Lamenta la falta de voluntad política al recordar que la sociedad civil no tiene ya foros para tratar el tema, pues el consejo donde solían reunirse para informarse y colaborar con las instituciones -alega- fue suspendido. Afirma tajantemente que, a pesar de la existencia de fondos europeos para la acogida, «falta voluntad política», y lo achaca a «ajustes entre partidos, entre instituciones» que están dejando la parte humanitaria en evidencia, afectando a toda la sociedad. Lo que se pide «es básico» -denuncia- «que se respeten las convenciones internacionales y las normativas que protegen a los menores».
También sobre los migrantes no acompañados de menos de 18 años derivados desde Canarias, cuya acogida es rechazada por el Govern balear, Martín Ciscar critica que «el PP quiere sacar la cuota a Vox y por eso está siguiendo esa pauta», citando como ejemplo «la decisión del Ayuntamiento de Calvià de prohibir la acogida de dos menores a un centro que posteriormente fue clausurado». Los movimientos sociales -apunta- están solicitando al Govern que «sea consciente de que estamos hablando de personas» y que «la opinión pública, aunque a veces no se escucha, es mayoritaria, y por mucho que se quiera manipular no acepta medidas que nos están deshumanizando». Recuerda que la postura política del Ejecutivo de Marga Prohens, «que siempre ha dicho que tiene que haber una medida, que decimos entre comillas, de securización, reclamando que Frontex frene a esta gente y no les permita llegar», es una manera de «captar votos frente a la ultraderecha». La preocupación de las plataformas es que «el racismo está calando y no sabemos quién va a ser el siguiente que va a pagar».
Se ha pasado de programas de acogida e integración a una línea de segregación y exclusión
«Discriminación selectiva»
La manifiesta preferencia de Vox por la migración latinoamericana, argumentando lazos lingüísticos y culturales, es vista por los colectivos como una maniobra calculada. Patricia Díaz, migrante de Honduras, expone que ella no percibe esta postura como una preferencia real, sino como una simple táctica: «Para mí es una estrategia política para ganar votos».
Díaz, que es cuidadora de personas mayores en Mallorca, afirma que hasta hace poco Vox se mostraba «muy reticente a toda la inmigración» y ve la actual diferenciación como una clara discriminación. Cree que esta política «puede generar divisiones internas» y «enfrentamientos» entre la migración, ya que se le está poniendo una «barrera» a los africanos, que «también buscan un mejor futuro», y teme que al final «termine afectando a todos en general». Reconoce que, si bien ella no se ha sentido rechazada personalmente, esta postura de la derecha es «claramente discriminatoria, son racistas» y que el uso de su comunidad como «ejemplo de buena migración» ejerce una «presión» sobre ellos. Finalmente, concluye resaltando que «hay que respetar las leyes de un país» y aplicar la norma a quienes «vienen a hacer daño», pero no utilizarlo para negar derechos.
Por su parte, Boulharrak rechaza de plano entrar en el debate con Vox por considerarlo «demagogia y política basura» cuyo objetivo es «sembrar el odio». Sin embargo, aprovecha la ocasión para recordar que «muchas familias del partido de ultraderecha emplean a mujeres u hombres marroquíes» en sus hogares, y que por ello su discurso no es más que «una falta de humanidad, de coherencia y de respeto». Además, pone el foco en la relación histórica entre Marruecos y Balears, concluyendo que «las religiones, aunque son diferentes, y cada uno reza a su Dios, el resto todo es común». Martín Ciscar secunda esta lectura al señalar que la preferencia por el colectivo latinoamericano es una excusa, un mensaje que «buscan blanquear», pero que en el fondo su «discurso es el de no aceptar migrantes».
Solo se quedan unos 600 migrantes de todos los que vienen, frente a decenas de millones de turistas anuales
La asociación de la migración, especialmente la irregular, con inseguridad y mafias, es señalada como el pilar de la campaña del miedo. El portavoz de la plataforma recalca que se está «manipulando la verdad» y que los ciudadanos son «víctimas» de un bombardeo de «mensajes de inteligencia artificial que refuerzan ese relato».
De hecho refuta esta vinculación con datos del Ministerio del Interior, que -explica- cuantifican el porcentaje de criminalidad de migrantes y autóctonos «y esa idea cae por su propio peso» -asegura-. Sin embargo, lamenta que una «campaña orquestada con los mejores medios» y con el apoyo de algoritmos consigue que, al final, la gente «se crea su mensaje». La solución, según él, pasa por que la sociedad «ponga en duda absolutamente todo», hasta lo que él mismo dice, porque el relato que se está reforzando es el de «una sociedad cada vez más inhumana». «¿Queremos eso para nuestro presente y futuro?», se pregunta.
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