Entrevista
Noemí Pereda: "Programas como 'La isla de las tentaciones' blanquean la prostitución y eso llega a los jóvenes"
Doctora en Psicología y Catedrática de Victimología, Pereda presidió la comisión de expertos sobre la explotación sexual de menores tuteladas cuando estalló el escándalo en 2020 y ve avances en la respuesta organizada en Mallorca aunque también carencias, como un centro específico para las víctimas. Denuncia "negiglencia social" por los referentes de sexualidad que llegan a los jóvenes

Noemí Pereda, doctora en Psicología y catedrática en Victimiología, presidió la comisión impulsada desde el IMAS para abordar la explotación sexual de menores tutelados / N.P.

Noemí Pereda ha impartido esta semana un curso para detectar y abordar la explotación sexual de menores en el sistema de protección. Echa en falta una respuesta firme desde el Gobierno a esta realidad, que teme que pueda aumentar en las islas debido al alza de migrantes no acompañados en el sistema de protección balear ya que han detectado que algunos de estos jóvenes a veces acceden a mantener relaciones sexuales para reducir su deuda con las mafias o para enviar dinero a sus familias.
Cinco años después de que estallara el escándalo de la explotación sexual de menores tuteladas en Mallorca a raíz de una publicación de este diario, ¿cómo se está afrontando esta realidad?
La respuesta en su momento fue muy positiva, y sigue siéndolo. Se continúa trabajando, haciendo cursos y formaciones, y diría que es la comunidad más preparada para afrontar el problema. En población general entre un 1 y un 2,5 % de los adolescentes españoles ha intercambiado sexo por alguna compensación, pero en el sistema de protección las cifras son mucho más altas: en Cantabria hicimos un estudio y salió un 17,8 %, casi el 20 %. Y Cantabria tiene centros pequeños, de ocho plazas. Imagínate los datos que podrían salir en Cataluña o Madrid, donde hay macrocentros. En general, podemos decir que afecta a 2 de cada diez menores tutelados, como mínimo.
¿Las redes saben dónde ir a captar, no?
Exacto. Los chicos y chicas del sistema de protección son más vulnerables, no tienen una figura adulta que les dé apoyo, que compense esa carencia de vínculos estables. Los educadores hacen una labor fantástica, pero con los recursos que tienen no pueden hacer frente a un problema tan grave y organizado. Los explotadores lo saben y se acercan.
¿Se siguen cumpliendo las recomendaciones de la comisión que dirigió?
Incluso cambiando el color político, se ha mantenido el interés en la prevención, entendiendo que era un problema social, no político. Ese enfoque ha sido muy acertado. Mallorca ahora es líder en medidas de prevención, se hace formación cada año, financiada por el propio IMAS. En otras comunidades no ocurre. Solo Baleares y Cantabria mantienen esa constancia y ofrecen formación subvencionada por la administración pública.
Pero este problema no es exclusivo de aquí.
No, no, esto pasa en todas partes. En 2016 ya se sabía de casos en Cataluña. En Mallorca estalló en 2020 porque estábamos más preparados como sociedad para afrontarlo, y eso generó interés. El problema ya existía, pero aquí se visibilizó. El Gobierno central mostró interés en en 2022 y el Ministerio de Igualdad nos pidió una guía sobre detección y prevención, pero ahí se acabó. No hay una directriz general que haga que todas las comunidades trabajen en esto. Y es grave. Mira el caso Incubus en Canarias, una red de explotación sexual con niñas del sistema de protección, con vídeos internacionales captados por Interpol. Es terrible. Y aun así, no veo interés real por parte de la administración pública, salvo en Baleares y Cantabria.
¿Qué hacen otros países?
El Reino Unido lleva unos diez años de ventaja. Allí se descubrieron redes de explotación de niñas vinculadas al sistema de protección, y algunas se suicidaron o murieron tras abortos. Fue terrible y entonces se reaccionó. El problema, igual que aquí, era que eran las niñas menos protegidas. No había una figura adulta estable. Los educadores hacían lo que podían, pero no podían reparar tanto daño. Y cuando salían del sistema, estaban tan dañadas que apenas podían rehacerse. Hasta que no pasa algo así, parece que nadie reacciona.
¿Qué debería hacer España?
Tenemos que ser nosotros, la sociedad, quienes digamos “esto no es aceptable”. El sistema de protección no está protegiendo. No es solo una cuestión de dinero, sino de estructura. Los niños no pueden crecer en centros. Todos necesitan una figura adulta que actúe como tutor de resiliencia: alguien que crea en ellos, que les diga “el futuro será mejor, eres valioso”. Con los recursos actuales y con centros de veinticinco menores, es imposible.
Entre las recomendaciones de la comisión estaba crear un centro específico para las víctimas en Mallorca, ¿qué ocurrió con eso?
Era clave. Se intentó, pero duró muy poco. No se pudo poner en marcha con el planteamiento adecuado. Hacen falta profesionales con trayectoria, personal muy especializado para hacer frente al nivel de manipulación que presentan muchas de estas chicas .Ojalá se reabriera, pero en España es muy difícil. Habría que hacerlo mediante una empresa externa, porque las normas de la administración no permiten contratar así.
¿Por qué se implican los menores en estas situaciones?
Por necesidad afectiva. Lo vimos en el estudio de Mallorca y en Cantabria. Los adolescentes decían que la motivación era tener a alguien con el que establecer un vínculo. No buscan dinero, buscan afecto. Tienen techo, comida, escuela… pero el sistema se queda ahí. Si no cubres la parte emocional, ese vacío lo llenan otros. Muchas chicas no están secuestradas físicamente, sino emocionalmente. Están atadas al vínculo con la red de explotación, que para ellas es su familia. Por eso se escapan una y otra vez del centro para volver con ellos. Romper eso solo es posible si tienen otra figura de referencia sana: un tutor, un educador, un hermano mayor
¿Pero también hay compensaciones materiales, hay regalos, no?
Sí, en algunos casos hay regalos, alcohol o drogas. Muchos consumen porque quieren olvidar. Vienen muy dañados y esa es su forma de escapar. Cuando llega un menor con consumo, hay que atender ese problema primero. Si no, lo buscará fuera, y una de las formas es lo que llaman “intercambio”.
¿A qué se refiere con “intercambio”?
Mantener relaciones sexuales a cambio de algo. Algunos chicos migrantes no acompañados lo hacen para reducir deudas con mafias o ganar dinero. Es explotación, aunque lo llamen intercambio. Son los vulnerables entre los vulnerables: ya por ser adolescentes lo son, pero además cargan con el desarraigo y experiencias previas de violencia.
Baleares recibe cada vez más menores migrantes no acompañados, ¿el problema aumentará?
Eso lo complica más. Cada vez llegan más y son el perfil ideal para las redes. Muchos ya han sufrido violencia sexual en el trayecto. Pero socialmente generan poco interés. Creo que hasta que no ocurra algo muy escandaloso, no se reaccionará.
¿Qué otros factores sociales influyen en esta realidad?
La falta de una auténtica educación afectivo-sexual (necesitamos algo manualizado, no una charla o un taller), la influencia de la pornografía y el blanqueamiento de la prostitución. Los adolescentes aprenden sobre sexo en la pornografía y las redes. Y la pornografía tiene un impacto enorme en su cerebro: distorsiona el consentimiento y normaliza la violencia. También lo hemos blanqueado, igual que los “sugar daddies”, como si fuera algo divertido... pero es prostitución. Hemos normalizado programas como ‘La isla de las tentaciones’, que ven muchos jóvenes, donde se paga por mantener relaciones sexuales, y eso llega directamente a los adolescentes. Es una negligencia social.
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