Tots Sants
Tres expertos mallorquines ante el tabú de la muerte: "Un duelo bien llevado enriquece, humaniza"
El final de la vida sigue siendo el mayor «tabú que nos aísla en el dolor», así lo revelan expertos en duelo y cuidados paliativos, para quienes la clave es la aceptación activa de la pérdida, «el único camino hacia la sanación que exige romper el silencio y conversar abiertamente sobre el deceso integrando el recuerdo con gratitud»

Pere Ribot, Mar Carrero y Matteo Manucci / Guillem Bosch / DM

Con la llegada del Dia de Tots Sants y el Dia dels Difunts, las tradiciones nos invitan a visitar cementerios y recordar a quienes ya no están. Sin embargo, detrás de este ritual anual, subyace una realidad psicológica profunda y a menudo silenciada, y es que la muerte sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. Afrontar la pérdida se convierte en una travesía solitaria y compleja, dificultada por la falta de herramientas sociales y el miedo a nombrar el final. Este diario ha podido conversar con un religioso franciscano experto en duelo, una psicóloga sanitaria especializada en ello y un médico de paliativos a domicilio para desvelar cómo se vive el duelo hoy, qué nos impide afrontar la muerte con naturalidad y cómo, en días como estos, es posible transformarla en una celebración de agradecimiento.
Los profesionales consultados coinciden en un punto: el silencio social en torno a la muerte es uno de los mayores obstáculos para un duelo saludable. El franciscano Pere Ribot, con amplia experiencia en el trato con familiares de personas fallecidas, lo tiene claro: «De la muerte se huye». Relata que el proceso se acelera cada vez más, se evita la cercanía con el cadáver, y se fomenta un «venga, rápido» que no permite la asimilación. «Fallece una persona. Queremos hacerlo todo de una vez, el velatorio, cada vez se hacen menos funerales...», explica. Para él, es crucial vivir el momento, sentir y darse cuenta de la pérdida. «Es necesario tener el tiempo para ser conscientes de que aquella persona ha fallecido, no volverá, y hay que vivirlo», insiste.

El franciscano Pere Ribot / Guillem Bosch
La psicóloga Mar Carrero pone el foco en que el tabú de la muerte aísla. «Mucha gente se va apartando y se siente sola, porque nunca nos han enseñado a acompañar el malestar o la tristeza de los demás». El entorno a menudo no sabe cómo ayudar, y la persona en duelo, a su vez, no sabe «ni pedir ni expresar sus necesidades», profundiza.
Matteo Manucci, médico en el Equipo de Soporte de Atención Domiciliaria (ESAD), confirma esta dificultad. «La muerte sigue siendo todavía un tabú muy grande», manifiesta, además de desarrollar que especialmente en culturas mediterráneas, se genera un «pacto de silencio» en torno al enfermo, ocultando tanto la enfermedad como la inminencia del final, incluso cuando el propio paciente es consciente. «Es un tema que cuesta muchísimo, lo que deriva en que no nos permite poderlo hablar entre la familia, sobre todo los Mediterráneos tenemos este silencio cuando se acerca el momento de la muerte», afirma Manucci, subrayando que esto dificulta que el enfermo pueda tener una ‘buena muerte’ y que la familia pueda vivir un ‘buen duelo’.
"Un duelo biel llevado enriquece, humaniza"
Etapas del duelo
El duelo es un proceso activo y doloroso, y los expertos desmitifican la idea de que «se supera» o «se termina». Ribot describe las etapas clásicas que se recorren, empezando por la negación: «No te lo crees. Pasas tiempo en que tú no te crees que aquello te haya sucedido». Después llega la conciencia, lo que genera «rabia» y «muchas preguntas», detalla. Y posteriormente -explica el franciscano, autor de De la mort, què en penses?- «hay varias opciones». Así, distingue entre resignarse (cosa que rechaza), aceptar, y lo que considera la clave: asumir. «Como no puedo hacer nada, ni me resigno, ni lo acepto, simplemente lo asumo». La meta final de este trabajo -subraya- es «aprender a vivir con esta ausencia hasta sentir su presencia dentro de ti».

Mar Carrero / Guillem Bosch
Carrero destaca que el objetivo no es pasar página, sino aprender a vivir con la pérdida, transformando la herida abierta en una cicatriz. Este proceso requiere -según enumera- primero, aceptar la pérdida cognitiva y emocionalmente; segundo, permitirse sentir el dolor, «porque el duelo precisamente duele», incluyendo tristeza, rabia y culpa; tercero, intentar volver a reorganizar la vida sin esa persona, «cambiando rutinas y roles»; y finalmente, recolocar a la persona fallecida emocional o espiritualmente «para sentirla cerca y seguir queriéndola».
La psicóloga señala también que la forma en la que ocurre el deceso moldea el duelo, ya que, según dice, no es lo mismo una muerte natural que una accidental, un suicidio o un homicidio, pues cada una añade implicaciones emocionales específicas. Por ejemplo, el suicidio conlleva a menudo culpa «por no habernos dado cuenta», mientras que un asesinato implica una rabia y preguntas sin resolver, y un accidente genera dudas sobre si se pudo haber evitado.
"Mucha gente se va aislando y se siente sola, porque nunca nos han enseñado a acompañar el malestar"
El poder de la escucha
Ribot insiste en la importancia de la escucha individualizada en sus grupos. «Hay que estar callados, que hable la persona en cuestión... Tenemos un mundo emocional que en este caso es negativo y hay que sacarlo, porque si no se somatiza», apunta. El simple hecho de sentirse escuchado y tener sus sentimientos validados «es profundamente sanador y genera gente psicológicamente muy fuerte». Además, subraya la importancia de reintegrar a la persona en duelo a su mundo social, un ámbito que a menudo se pierde tras la pérdida. «Duele ver a la gente siendo feliz con su padre, su hermano, su pareja, mientras tú ya no lo tienes a tu lado, y eso lleva a encerrarse en uno mismo, a aislarse».
Manucci señala que el mayor miedo de los pacientes paliativos es el sufrimiento, que «piden morir sin dolor y acompañados», y este es parte del papel de su equipo, que a pesar de todo considera el acompañamiento como su función principal, buscando desmitificar la muerte al transmitir que es «parte de la vida». Así, explica que hablar del tema no aumenta el sufrimiento, sino que lo alivia, reduciendo incluso el riesgo de padecer síntomas. «Poder hablar sobre ello y establecer que en tal momento cuando aparezca el dolor hay un determinado tratamiento, alivia la preocupación y la ansiedad», explica. «Este apoyo psicológico es una herramienta esencial en la fase precoz del duelo», manifiesta.

Matteo Manucci / DM
Carrero pone énfasis en resaltar que para ayudar a alguien en duelo, la clave es la presencia y la disponibilidad, no las palabras. «Yo siempre digo que es importante preguntarle directamente a quien esté en esta situación qué necesita, qué puedo hacer yo... Simplemente un abrazo, estar allí, una presencia más allá de palabras que al final muchas veces no van a consolar». También pueden ser de gran ayuda determinadas acciones, según detalla, como hacer la compra o recoger a los niños, ya que la persona no solo necesita apoyo emocional, sino también asistencia práctica.
"Hablar de la muerte alivia y reduce el riesgo de padecer síntomas, incluso el dolor"
Días de agradecimiento
Según los expertos consultados, celebraciones como la de Tots Sants no son solo un recordatorio de la pérdida, sino que pueden convertirse en una ocasión terapéutica de agradecimiento y conexión.
Para Pere Ribot, por ejemplo, este fin de semana se produce un «momento de agradecimiento», por lo que aconseja a las personas en duelo centrarse en recordar las cosas buenas que aprendieron de sus seres queridos y que admiraban de ellos, para luego «integrarlo en su vida». En su visión, este recuerdo activo y agradecido «humaniza» y «enriquece» el duelo. Asimismo, destaca que la fe puede facilitar el proceso, ofreciendo un «anhelo de infinito» y un lugar donde «colocar» al ser querido. Finalmente, subraya que «el mejor psicólogo es uno mismo si se vive la vida como un aprendizaje».
Carrero, por su parte, señala que los rituales de estas fechas, como visitar el cementerio, pueden ser terapéuticos «si la persona los vive en paz y de forma voluntaria», ya que permiten canalizar emociones, sentir una mayor conexión simbólica y compartir el recuerdo con la familia. Es la forma en que «el amor sigue estando», de ahí, coincide con Ribot, la importancia de «recolocar a la persona», porque así -dice- «el vínculo se transforma». No obstante, advierte que ir al cementerio puede ser perjudicial si el duelo es muy reciente o si hay una obligación social, pues puede «remover demasiado» y generar ansiedad.
Según los expertos consultados, la muerte nos confronta con la finitud y la necesidad de sentido, y los días de Tots Sants, más allá de la tradición, nos ofrecen una pausa para mirarla de frente, no para huir, sino para agradecer y reintegrar a nuestros seres queridos, aceptando el dolor como un paso inevitable hacia la vida sin su presencia física.
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