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Antoni Vich, director de Convivèxit: "Casos como el de Sevilla son multifactoriales, hay que ser prudentes a la hora de señalar culpables"

(Palma, 1990) Combina su rol con su experiencia como orientador, poniendo el enfoque en la detección temprana y la responsabilidad compartida de la sociedad. Recuerda que «Baleares tiene un protocolo de acoso muy preventivo, de obligado cumplimiento» cuando existe la notificación de un posible caso, y destaca la importancia de que su puesta en marcha «no es una confirmación de acoso, sino solamente la apertura de una investigación»

Antoni Vich, esta semana en la Conselleria de Educación.

B. Ramon

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

El suicidio de una adolescente en Sevilla ha conmocionado al país. Como director de Convivèxit, organismo dedicado a apoyar la convivencia escolar, ¿cuál es el análisis inmediato que hace sobre la posible cadena de fallos que pudo llevar a esta situación tan dramática?

Lo que nosotros desde Convivèxit vemos en primer lugar es la mediatización que ha habido alrededor de este caso y creemos que se debe ir con mucha prudencia, sobre todo porque no tenemos toda la información, y sabemos que este tipo de casos son muy complejos y multifactoriales, y por lo tanto tenemos que ser muy prudentes a la hora de señalar a ciertas personas o a ciertos organismos o entidades como culpables de todo lo que ha pasado. Tenemos una perspectiva muy global en la que desde la distancia, ahora mismo, no podemos hacer un análisis objetivo y riguroso como se merece.

¿Hay diferencia entre los protocolos de acoso y las estructuras de apoyo a la convivencia implementados en los centros de Balears y los que han trascendido se utilizan en Andalucía? [Esta entrevista se realizó el pasado martes, antes de que trascendiera el capítulo del IES Ses Estacions, y sin posibilidad, después, de tratar el asunto aunque se intentara]

No conozco al 100% la realidad y los recursos de Andalucía, porque no solo hay que tratar el protocolo de acoso, sino también los recursos comunitarios disponibles. Sin embargo, creo que Balears tiene un protocolo de acoso muy preventivo y de obligado cumplimiento ante una notificación. Es muy importante destacar que un protocolo de acoso no es una confirmación de acoso, sino una investigación. Una fortaleza muy importante aquí en las islas es la valoración del sufrimiento que padece la supuesta víctima, un ítem que otros protocolos no contemplan, siendo entrevistas más cualitativas sin valoración cuantitativa. Además, disponemos de una serie de recursos comunitarios fuertes, como los Policías Tutores y un programa de tratamiento a víctimas de acoso.

¿Cómo influyen factores como el estigma social o la falta de formación específica del profesorado en la detección temprana de un alumno en situación de vulnerabilidad o acoso, más allá de los protocolos escritos?

Evidentemente, la formación es clave para la detección. Si el profesorado está formado y sensibilizado, tenemos mucho ganado. Para mí, como orientador, un éxito es cuando un docente me avisa y me dice ‘Toni, creo que este alumno no está bien’. Tener esta mirada, formación y sensibilización es básico y esencial. Respecto a los prejuicios, todos tenemos nuestros bagajes, pero hay que tener en cuenta que el acoso va mucho más allá de lo físico. Hay un componente psicológico y emocional que a menudo está invisibilizado, y es ahí donde deben centrarse la mirada y la sensibilización. Por eso, la formación que ofrecemos es vital.

Uno de los puntos críticos señalados en el caso de Sevilla es la no activación del protocolo de acoso a pesar de la denuncia familiar. ¿De qué manera garantiza Convivèxit que, una vez recibida una alerta, los centros de Balears activen sus protocolos de manera inmediata?

Una vez que cualquier miembro de la comunidad educativa o servicios externos, ya sea el docente, familia o servicios sociales, detecta una situación, se activa el protocolo mediante una notificación y se pone en marcha automáticamente a través de la plataforma educativa, el GestIB. Nosotros recibimos un aviso y el protocolo es muy concreto, exige seguir pasos como entrevista con el alumno y familia, cuantificación del riesgo y sufrimiento, y el análisis de la evidencia por una comisión de seguimiento. Es un protocolo de obligado cumplimiento. Si un centro no lo abre tras una notificación, se debe comunicar a los órganos de autoridad, pudiendo contactar con Inspección Educativa o con nosotros, ya que actuamos como órgano asesor para ver cómo ayudar o qué está ocurriendo.

Un móvil no puede ser un regalo, porque los regalos no tienen condiciones, y el teléfono debe tenerlas

La ley del silencio entre iguales a menudo protege al acosador. ¿Qué estrategias se desarrollan en las islas para fomentar la participación activa del alumnado promoviendo la figura del ‘testigo valiente’?

Hay varias cuestiones. Por una parte, se administra de manera preventiva un sociograma a todos los grupos de cada clase. Son cuestionarios individuales donde el alumnado responde anónimamente preguntas sobre compañeros que sufren o reciben amenazas, lo que forma un mapa del grupo. Es una herramienta potente para romper la barrera del silencio. Luego, los centros disponen en Secundaria de espacios de escucha donde se puede hablar con un profesor sensibilizado o con el psicólogo del centro. También hay buzones de notificaciones anónimos. Todas estas son herramientas que permiten notificar el sufrimiento de un compañero. Además, a través del plan de acción tutorial, se trabajan preventivamente escalas de prevención para empoderar al alumnado a hablar y mejorar la cohesión del grupo.

Gran parte del acoso se ha trasladado al ámbito digital, lo que se conoce como ciberbullying. ¿De qué manera adaptan sus programas de intervención para abordar las complejidades del ciberacoso, porque puede ocurrir fuera del horario escolar?

Hasta hace unos años el acoso escolar quedaba en el centro educativo, pero ahora esta cuestión se ha trasladado fuera de las aulas. Por eso, creo que es muy importante hablar de responsabilidad compartida y ser cautos en los análisis. Un centro educativo tiene al alumnado seis o siete horas y debe actuar cuando detecta algo, fomentando el respeto y los valores. Ahora bien, el resto del tiempo, a nivel social y familiar, no podemos controlar que se les regale un móvil en cuarto de primaria o el contenido al que acceden en casa, fines de semana o vacaciones. Es imposible. Lo que sí podemos hacer es promover espacios de sensibilización hacia las familias. Hemos detectado que desde que se prohibió el uso de teléfonos móviles en los centros, no ha habido ningún protocolo de acoso por mal uso del móvil dentro de ellos. En el centro educativo, este aspecto está cubierto, pero fuera no. Por eso, cada vez más, se están implantando charlas y talleres, y se manda un mensaje social a las familias sobre la importancia de no dar un teléfono móvil hasta cierta edad y, si se lo dan, realizar un acompañamiento. Me gusta decir en los talleres que un teléfono móvil no puede ser un regalo, porque los regalos no tienen condiciones, y un teléfono debe ir acompañado de reglas y conductas.

Se debate mucho sobre si el protocolo debe ser interno, investigado por el propio centro, o externo. ¿Cree que la participación de figuras externas, como psicólogos o inspectores, debería ser obligatoria desde el inicio de la investigación?

Creo que es difícil que una entidad completamente externa investigue los protocolos en un centro educativo debido a la protección de datos, la necesidad de que las familias sepan quién accede, y la falta de vínculo y conocimiento del funcionamiento del centro. Los centros aplican el protocolo. Cuando se requiere supervisión, está la figura de Inspección Educativa y la nuestra, que asesora. Ambos ofrecemos una visión externa y objetiva. Sin embargo, una entidad externa al 100% tiene muchas implicaciones. Como sociedad, debe haber confianza en la administración educativa de que se trabaja para que los centros sean entornos seguros.

El acoso es un factor de riesgo, pero la conducta, dice, es multifactorial. ¿Cómo se trabaja para integrar la prevención de la conducta suicida en el plan de convivencia, ¿se forma a los docentes para identificar las señales de alarma?

Ahora justo estamos a punto de publicar una actualización del nuevo protocolo de conducta suicida y hemos diferenciado entre lo que es ideación suicida de las autolesiones no suicidas. A raíz de estos años hemos visto que un 30% de los protocolos de riesgo autolítico que se abren son por autolesiones no suicidas. Esto indica que se realizan autolesiones como método de regulación emocional y que realmente no hay una ideación. Esto provocaba que se activaban toda una serie de mecanismos y circuitos que saturaban todos los sistemas y realmente dificultaban la atención de aquellos casos más graves. En este protocolo hay una parte pedagógica de señales de alarma, de qué detectar, qué ver y nosotros desde Convivèxit impulsamos formaciones en todo lo que son aspectos de riesgo autolítico, y ahora mismo tenemos en marcha una formación, hemos hecho ya dos, de autolesiones no suicidas para explicar al profesorado cómo atender este tipo de cuestiones.

Hay que confiar en que la administración educativa trabaja para que los centros sean entornos seguros

¿Qué recursos están a disposición del alumnado y las familias que se sientan desbordados por problemas de convivencia o salud mental?

Lo primero es notificar al centro educativo; la colaboración familiar es fundamental. En Secundaria, el centro dispone del psicólogo general sanitario, al que formamos en riesgo autolítico. También hemos establecido circuitos de coordinación con Sanidad. No solo está la parte sanitaria; en Orientación Educativa se encuentra el apoyo psicopedagógico, y la figura del PSC [Profesor de Servicios a la Comunidad] gestiona las ayudas y el asesoramiento social, conectando a las familias con servicios externos. El centro tiene muchos mecanismos para ayudar al menor, garantizando su bienestar, ya que sin salud mental el aprendizaje es muy difícil.

Hablemos de los acosadores. ¿Hay iniciativas para su reeducación y su gestión emocional, buscando una reparación que sea educativa y no solo punitiva?

El protocolo de acoso tiene una primera aplicación restaurativa; se recomienda evitar medidas punitivas si no están justificadas. El objetivo es proteger a la víctima, pero también atender a quien supuestamente ejerce la violencia, ya que un menor agresor a menudo lo hace por un padecimiento detrás. Se activan mecanismos restaurativos, como reuniones familiares y sistemas de seguimiento. Además, hemos abierto un circuito para que el alumnado supuestamente agresor que previamente fue víctima de acoso reciba sesiones terapéuticas con un servicio externo de la Conselleria de Familias, Bienestar Social y Atención a la Dependencia. Cada vez ponemos más foco en este tipo de alumnado, pues el que ejerce la violencia también padece.

¿Cuál es el principal reto de la convivencia escolar en Balears en la actualidad?

Creo que el principal reto es garantizar que los entornos educativos sean lo más seguros posible. Al final necesitamos que los profesionales estén formados, que los protocolos se activen cuando se tengan que activar y que la mirada esté puesta en la protección de la infancia. Creo que es el reto de cualquier centro educativo y en Balears necesitamos garantizar estos entornos seguros y sobre todo también la colaboración social. Creo que es el gran reto, la responsabilidad compartida de que el acoso, el suicidio, las violencias machistas, todas las problemáticas que pasan en un centro tienen una responsabilidad social.

¿Hay algo que considere subestimado y que, si se potenciara, tendría un impacto inmediato y significativo en la mejora del clima escolar?

¿Una carta a los Reyes? [Ríe].

Algo así.

Creo que necesitamos una mayor dotación de recursos a todos los niveles. Ojalá cada centro tuviera acceso 24 horas a policía tutor, sanidad y servicios sociales de referencia. A nivel social, debe haber confianza en la administración educativa. Los profesionales están muy formados, pero es necesario que a nivel social se impulse el acompañamiento. Además, sería crucial que las redes sociales dificultaran el acceso a contenido inapropiado para jóvenes. Si la sociedad estuviera más sensibilizada y los entornos fueran más seguros para la infancia, el impacto sería enorme. Decir solo ‘más recursos’ es insuficiente; tiene que haber un cambio de mirada social.

«La formación del profesorado es clave para la detección de casos de acoso escolar».

«La formación del profesorado es clave para la detección de casos de acoso escolar». / B.RAMON

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